El especialista en educación financiera Nicolás Passini expuso en el evento TEDIND-X la profunda influencia de las plataformas digitales en las decisiones de consumo de jóvenes santafesinos. Detalló cómo los sesgos psicológicos son estratégicamente utilizados para retener la atención y estimular el gasto, impactando directamente en la economía personal y generando un potencial riesgo de endeudamiento.
El impacto de los algoritmos en las finanzas personales
La cuarta edición del TEDIND-X en Santa Fe fue el escenario donde el especialista en educación financiera Nicolás Passini expuso cómo las plataformas digitales configuran la conducta económica de los jóvenes. Bajo la premisa «Somos irracionales con nuestra plata», Passini, quien cuenta con una década de trayectoria en la banca tradicional y una comunidad digital que supera los 850.000 seguidores, abordó la intrincada relación entre consumo, emociones, decisiones económicas y los riesgos inherentes al entorno digital. Su disertación, organizada por la Unión Industrial de Santa Fe en colaboración con el Gobierno de la provincia, profundizó en cómo las decisiones financieras se toman en un contexto económico de transición, afectado por fenómenos que alcanzan a adolescentes, familias, comercios y empresas.
Emociones y decisiones de consumo: más allá de la lógica
Passini destacó la sorpresa generada entre los asistentes al preguntar sobre el uso de aplicaciones de delivery, transporte o plataformas de apuestas, revelando una conexión directa con los patrones de consumo actuales. Explicó que las decisiones económicas, lejos de ser puramente lógicas, están fundamentalmente impulsadas por emociones, un concepto respaldado por el trabajo de dos premios Nobel de Economía. Estas plataformas, al comprender el funcionamiento psicológico del usuario, pueden influir en sus estados emocionales y, consecuentemente, en sus acciones. La inducción de sensaciones como urgencia o riesgo crea un entorno propicio para el consumo, ya sea en aplicaciones de servicios o en apuestas, donde se busca la satisfacción inmediata. Las empresas invierten significativamente en psicología y marketing para recolectar datos, refinar información y construir ecosistemas que promuevan un mayor gasto de dinero y tiempo.
El valor de la atención en la economía digital
El tiempo, según Passini, se ha convertido en una moneda de cambio fundamental en esta lógica de consumo. Permanecer tres horas deslizando la pantalla de TikTok o Instagram, en lugar de media hora, significa ceder el recurso más valioso: la atención, que se monetiza a través de la publicidad. Comprender el modelo de negocio es clave: cuando el usuario percibe que no está pagando por un servicio, en realidad lo hace con sus datos y su tiempo, que es bombardeado con estímulos para prolongar su permanencia. Los algoritmos no solo muestran contenido de interés, sino aquel que está optimizado para retener la atención y activar emociones, redefiniendo la interacción con el presente y las relaciones personales.
Apuestas online y la recompensa inmediata
El tema de las apuestas online generó un notable interés en el auditorio. Passini explicó que este sector explota al máximo el sesgo cognitivo que prioriza el presente sobre el futuro, buscando la recompensa inmediata. Publicidades directas e indirectas, a través de influencers, que muestran «cómo gano» o «cómo genero dinero», activan la percepción de que apostar podría ser una decisión lógica para obtener ganancias. Sin embargo, el especialista enfatizó que «no hay juegos que estén pagando», y que la «casa siempre gana», exponiendo la naturaleza ilusoria de estas promesas.
Billeteras virtuales: disponibilidad inmediata y riesgos
La disponibilidad inmediata de dinero, facilitada por las billeteras virtuales, se conjuga con estos mecanismos de consumo impulsivo. Passini citó estadísticas reveladoras: en 2022, el 51% de los jóvenes entre 7 y 19 años poseían billeteras virtuales, cifra que ascendió al 89% en 2024. Argentina se destaca en la región por la cantidad de estas aplicaciones financieras. Si bien ofrecen beneficios como practicidad, agilidad y seguridad, su principal desventaja radica en la disminución de la «sensación de pérdida» al gastar. A nivel psicológico, el uso de dinero digital activa menos áreas cerebrales vinculadas al dolor que el pago en efectivo, haciendo que las decisiones de consumo mediadas por estímulos y notificaciones sean más permeables.
Estrategias para una gestión financiera consciente
Para mitigar los efectos de esta facilidad de acceso al dinero, Passini sugirió estrategias prácticas. Una de ellas es la desactivación de notificaciones en aplicaciones que generan «fatiga sensorial» y pueden afectar la toma de decisiones. Ejemplos como Temu, que pueden enviar hasta 20 notificaciones diarias, ilustran la intensidad de estos estímulos. Otra recomendación es separar los fondos: utilizar cuentas y billeteras diferentes para gastos del día a día y para fondos de emergencia o tranquilidad, que deberían cubrir de tres a seis meses de gastos esenciales. Este manejo diferenciado emula el concepto de la «alcancía», herramienta tradicional que enseñaba a los niños a reservar dinero hasta el momento adecuado.
Morosidad y el legado de la inflación
En el plano macroeconómico, Passini analizó el incremento de la morosidad a nivel nacional, especialmente en préstamos a través de billeteras virtuales. Explicó que es una consecuencia post-recesión: los efectos de la recesión en las deudas personales no son inmediatos, sino que se manifiestan meses después. El mecanismo de «patear la situación» –endeudarse para pagar deudas anteriores, recurrir a tarjetas de crédito y pagar solo el mínimo– genera un «interés compuesto» en contra del deudor, con tasas crecientes. Este proceso lleva a la morosidad, que en familias ha crecido casi a un 14%.
Una causa central es la falta de educación financiera en un contexto de inflación creciente, donde el ahorro pierde valor y se fomenta el consumo rápido. En economías con inflación controlada o decreciente, el dinero mantiene su valor, incentivando el ahorro y la toma de decisiones más pausadas. La «gimnasia» de años de alta inflación ha modelado hábitos de consumo y la relación con el dinero, haciendo que las personas que solo han conocido la vida financiera bajo inflación tengan perfiles de consumo distintos. El consumo vía plataformas agrava esta dinámica, dificultando el ahorro y magnificando el efecto del interés compuesto en contra del individuo. Es crucial la educación financiera, con énfasis en los aspectos emocionales y psicológicos, para brindar herramientas que permitan a las personas reconocer y evitar caer en trampas de consumo, como las promociones de «comprá hoy, pagá mañana» o «últimas tres unidades».
Transición económica: nuevos incentivos para empresas y comercios
El cambio de una economía inflacionaria a una con dinámicas más aplacadas también redefine el comportamiento de empresas, comercios e industrias. En una economía de alta inflación, el incentivo principal es retener capital, ya que la mercadería aumenta de valor con los saltos de precios, y los salarios se actualizan tardíamente. Esto desalienta la rotación de stock. Sin embargo, en un entorno de inflación constante o decreciente, los estímulos cambian radicalmente: las empresas tienen incentivos a vender más, mejorar sus servicios, optimizar estrategias de marketing, rotar mercadería, diferenciarse de la competencia, mejorar la calidad y los procesos productivos, buscando una mayor rentabilidad. Esta nueva lógica permite a los consumidores predecir mejor el futuro financiero y tomar decisiones con mayor tiempo y planificación.
Passini ejemplificó con la falta de inversión en maquinarias durante años en el país. El reciente Régimen de Incentivo a Medianas Empresas (RIMI) busca precisamente fomentar la inversión en bienes de capital, evidenciando que muchas empresas quedaron desactualizadas tecnológicamente, en rentabilidad y en procesos productivos. Para estar a la altura a nivel internacional, se necesitarán varios años de modernización.
Desafíos y oportunidades en el cambio de paradigma
La transición hacia este nuevo modelo económico no es «amigable», según Passini. Requiere una revisión profunda de costos, la toma de decisiones difíciles y un análisis constante de la información del negocio. No «dormirse en los laureles» es clave, ya que la competencia se intensifica. Los incentivos actuales impulsan a las empresas a ser más eficientes: quien haga mejor las cosas, ganará porción de mercado y clientes potenciales. A pesar de la dificultad del proceso, Passini percibe, por sus consultas con clientes y en redes sociales, que existe margen para que este cambio de hábito se concrete, marcando una reconfiguración profunda en la manera en que individuos y empresas se relacionan con el dinero y el mercado.
