Súper RIGI: las claves del Régimen de Grandes Inversiones para atraer capital y potenciar la economía

El economista Germán Rollandi analizó el impacto del Súper RIGI, el nuevo Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones propuesto por el Gobierno nacional para atraer capitales. Advirtió que, si bien el esquema ofrece importantes ventajas fiscales, la reactivación económica y la generación de empleo dependerán crucialmente de otros factores. Entre ellos, destacó la mejora de infraestructura, la disponibilidad de mano de obra calificada y un flujo sostenido de inversión privada.

El «Súper RIGI» y la paradoja económica: entre el superávit y la reactivación incierta

Frente a la necesidad de revertir una economía estancada y superar la marcada caída en indicadores clave, el Gobierno nacional ha redoblado su estrategia de fomento a la inversión privada. El eje central de esta iniciativa es el denominado «Súper RIGI», una versión ampliada del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones, que busca atraer capitales hacia sectores estratégicos mediante una agresiva desgravación impositiva y la simplificación de operaciones. No obstante, economistas y analistas advierten que los beneficios fiscales, por sí solos, podrían no ser suficientes para garantizar una reactivación económica inmediata o el motor de empleo que el país demanda.

Detalles del nuevo esquema de incentivos

El «Súper RIGI» está diseñado para captar inversiones en áreas fundamentales como la minería, el sector agroindustrial, la energía limpia y la petroquímica, ofreciendo condiciones excepcionales para atraer tanto capitales extranjeros como locales. El economista Germán Rollandi detalló la magnitud de estos cambios impositivos, explicando que «en este Súper RIGI las ganancias que habían bajado en el RIGI del 35% al 25%, ahora baja al 15%». A esto se suma una amortización acelerada en ganancias, lo que permite que «toda la plata que yo invierta la puedo descontar en los primeros 3 años».

Además de las ventajas en el Impuesto a las Ganancias, el nuevo esquema elimina los derechos de exportación desde el primer día y facilita la importación de insumos y bienes de capital sin alícuotas impositivas. Esta medida busca erradicar las «zonas grises» que previamente dificultaron la implementación del régimen original, aspirando a dotar de mayor previsibilidad a los inversores.

Las limitaciones de un modelo a largo plazo

A pesar de la envergadura de los anuncios, con proyectos proyectados por hasta 95.000 millones de dólares, persiste un escepticismo sobre la velocidad de su impacto en la economía real. Rollandi destacó que la naturaleza de estas inversiones es estructuralmente lenta. «Si yo digo, voy a invertir en una mina 15.000 millones de dólares, el problema es que eso lo voy a invertir durante su vida útil. El primer año probablemente entren 300, 400 millones de dólares, que para el volumen que uno compara y lo que necesita Argentina no parece un movimiento demasiado grande», argumentó el especialista.

Asimismo, el economista subrayó que la inversión no depende únicamente de incentivos impositivos. Comparando la situación argentina con la brasileña, Rollandi sostuvo que «la reconversión es muy ambiciosa y no va a depender solo de los incentivos. Podés prometer que no van a pagar nada, pero el tema infraestructura y la mano de obra son fundamentales», señalando la necesidad de condiciones macroeconómicas y estructurales que acompañen la política fiscal.

Superávit fiscal versus estancamiento económico

El Gobierno se enfrenta a una paradoja económica: mientras sostiene el superávit fiscal y logra una reducción de la inflación, la economía real muestra signos preocupantes de contracción. Los indicadores del primer trimestre revelan que, pese a los esfuerzos, la inversión en bienes de capital sufrió una caída del 7,8%. Los sectores tradicionalmente generadores de empleo, como la industria y la construcción, atraviesan una profunda crisis. «La industria en marzo quebró 8 meses consecutivos de caídas interanuales. Ahora, cuando uno ve el acumulado del primer trimestre, está 12,3% abajo la industria», alertó Rollandi.

El mercado exige al Poder Ejecutivo una señal clara de crecimiento, bajo la premisa de que un superávit sin desarrollo económico carece de sostenibilidad. En este contexto, el Gobierno debió recurrir a medidas que inicialmente había descartado, como la reducción de tasas de interés y el otorgamiento de créditos subsidiados, reconociendo que «los números cuando no cierran hay que llamar a lo que se venía haciendo, lo más barato posible».

De cara al cierre del año, las expectativas de crecimiento, según el especialista, fueron recortadas de proyecciones optimistas iniciales a un modesto 2%. Esto deja en claro que la recuperación económica será un proceso gradual y, por el momento, de intensidad limitada.


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