Muchas personas conviven durante años con inflamaciones persistentes, anemias, infertilidad o trastornos óseos sin sospechar que detrás de esos cuadros se esconde una enfermedad celíaca. Estos casos no presentan diarreaceliaus, dolor abdominal severo ni los síntomas «tradicionales» históricamente asociados a la patología, pero la inflamación y el daño intestinal continúan.
En Argentina, datos difundidos por la Agencia Santafesina de Seguridad Alimentaria (Assal) indican una prevalencia aproximada de un caso cada 80 niños y uno cada 167 adultos, con mayor incidencia en mujeres. Fabián Pelusa, director del Laboratorio Mixto de Enfermedad Celíaca (LMEC) del Hospital Centenario de Rosario, explica que «este tipo de celiaquía es la más frecuente hoy a nivel poblacional. Es la extraintestinal, la que no tiene los cuadros digestivos evidentes». Y agrega: «Son personas que no tenían los síntomas intestinales más claros, pero sí las consecuencias de la enfermedad trabajando en sus cuerpos».
Una técnica rosarina para casos complejos
Frente a esta realidad, el equipo del LMEC, ubicado en el Hospital Centenario de Rosario, desarrolló durante más de 4 años una técnica innovadora. Este método permite diagnosticar con precisión los casos complejos de celiaquía, incluso en personas que ya iniciaron una dieta sin gluten y cuyos estudios tradicionales no arrojan resultados concluyentes. En solo dos años, el laboratorio ya completó 80 diagnósticos, inicialmente en adultos y posteriormente extendiéndose a infancias.
La importancia de un diagnóstico certero
El problema de las formas extraintestinales de la celiaquía radica en que muchas veces avanzan sin señales digestivas evidentes. La enfermedad permanece activa y genera un proceso inflamatorio sostenido que puede derivar en complicaciones severas. «Una persona puede sufrir infertilidad, trastornos del metabolismo óseo o anemias y no sospechar nunca que es celíaca», describe Pelusa.
El investigador enfatiza el riesgo de convivir con la enfermedad sin un diagnóstico: «El gran riesgo de sostener durante años un proceso inflamatorio constante es que puede derivar en enfermedades graves e incluso mortales». Por ello, la técnica rosarina apunta a esos perfiles dudosos, brindando al gastroenterólogo «una forma segura de llegar a diagnósticos complejos». Pelusa advierte sobre la decisión de dejar el gluten sin un diagnóstico: «A veces parece sencillo decirle a alguien que deje el gluten ante la duda, pero no es una decisión fácil ni rápida. Hacerlo sin un diagnóstico certero también es un problema».
Cómo funciona el linfograma intraepitelial
El procedimiento, denominado linfograma intraepitelial, comienza con una videoendoscopía digestiva alta convencional, durante la cual se obtiene una muestra del intestino delgado que debe ser tratada rápidamente. Esa pieza se aísla en un medio de cultivo para mantenerla activa durante unas dos horas. En ese lapso, se puede aislar un tipo específico de célula para determinar si corresponde o no a la enfermedad celíaca. El núcleo del trabajo reside en el análisis de células inmunológicas del intestino delgado, particularmente linfocitos vinculados a la respuesta inflamatoria al gluten. Fabián Pelusa aclara que «no inventamos la radio», sino que trabajaron «sobre investigaciones previas y sobre muchos años de ciencia básica desarrollada por distintos grupos».
El origen de la técnica se remonta a su doctorado en España, donde tomó contacto con equipos que investigaban el sistema inmune intestinal. A partir de allí, junto a otros investigadores, el grupo rosarino logró adaptar y profundizar esos desarrollos hasta convertirlos en una herramienta diagnóstica concreta. «Con mucho trabajo pudimos aislar grandes cantidades de células para que una sola muestra permita saber con certeza si una persona es o no celíaca», detalla el investigador.
Investigación pública, un pilar fundamental
El desarrollo de esta técnica se sostiene sobre una combinación propia de la salud pública: investigación básica acumulada durante años, trabajo clínico cotidiano y una estructura de articulación entre la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), el Hospital Provincial del Centenario y el Hospital de Niños Víctor J. Vilela. Pelusa lo califica como «un ejemplo muy concreto de por qué el apoyo sostenido del Estado a la ciencia termina mejorándole la vida a las personas». La complejidad técnica del proceso exige una coordinación minuciosa entre médicos endoscopistas, el hospital, el laboratorio y la facultad para que la muestra llegue rápidamente y se mantenga viable para el procesamiento celular.
«Necesita mucha articulación y eso lo podemos lograr justamente porque estamos en un contexto integrado de hospital escuela, universidad pública y laboratorio», explica. Aunque la técnica se aplica clínicamente desde hace casi dos años, detrás hubo más de seis años de investigación específica y décadas de acumulación científica previa. «Primero está la ciencia básica, que muchas veces parece lejana de la vida cotidiana. Después aparece la aplicación clínica. Sostener una idea durante tantos años requiere subsidios, carreras de investigación y financiamiento constante», afirma Pelusa.
El director del LMEC subraya la importancia de este modelo en el contexto político actual: «En este contexto político, donde pareciera que todo lo privado va a reemplazar lo que hace el Estado, es importante mostrar experiencias como esta. En ciencia y salud, muchas veces el sector privado aparece al final del proceso, cuando ya existe un desarrollo consolidado». Y concluye: «Todo el trabajo previo, el riesgo de sostener investigaciones durante años sin resultados inmediatos, lo hace históricamente el Estado. Desfinanciar eso significa perder herramientas concretas que después terminan mejorando la vida de las personas».
Gracias a esta estructura, hoy reciben tanto pacientes adultos que llegan al Hospital Centenario como derivaciones pediátricas del Hospital Vilela y de otros centros médicos. «Hace treinta años una herramienta así era impensada. Hoy podemos darle al profesional una respuesta concreta para casos que antes quedaban en zonas grises», finaliza Pelusa.
Mayor gluten, más diagnósticos
Adicionalmente, Pelusa menciona otro fenómeno que diversos estudios vienen observando: los cambios en la producción industrial de harinas. «La industrialización generó requerimientos vinculados a mejorar la calidad del panificado y eso hizo que las harinas tengan más gluten que a comienzos del siglo XX», explica, en referencia a investigaciones publicadas años atrás por el INTA. Si bien la enfermedad tiene una base genética, el aumento de la exposición y las modificaciones alimentarias aparecen como parte del contexto que vuelve cada vez más frecuente el diagnóstico de celiaquía.
Contacto para consultas
El laboratorio recibe consultas y derivaciones médicas para evaluación diagnóstica. Quienes deseen contactarse pueden escribir al correo [email protected] o llamar al (0341) 448-2600 interno 2235. Para más información sobre el laboratorio o la enfermedad, se sugiere explorar el sitio web institucional.
