El alto endeudamiento de santafesinos para consumo corriente frena la expansión y desafía al comercio provincial

Cuatro de cada diez santafesinos deben recurrir a préstamos personales o deudas con tarjeta de crédito para sostener sus necesidades básicas, según revela el último informe del Centro de Estudios DEMOS. Este panorama, que marca el piso del consumo masivo en la provincia, presenta una economía estable pero sin expansión, anticipando un segundo semestre con demanda contenida y un fuerte desafío para el comercio local.

La dependencia del crédito ante el deterioro del poder adquisitivo

Ante la persistente dificultad para repuntar las ventas y el continuo desplome del poder adquisitivo, un número creciente de ciudadanos se ve obligado a recurrir al endeudamiento como única vía para satisfacer sus necesidades básicas. Esta tendencia se manifiesta de manera elocuente en la provincia de Santa Fe, donde 4 de cada 10 personas mantienen préstamos personales o deudas con tarjeta de crédito.

Estos datos provienen del más reciente informe del Monitor de Consumo del Centro de Estudios DEMOS, titulado «Entre el ajuste de las familias y el crédito, el consumo masivo se ubica en su piso». El estudio fue elaborado por la economista Florencia Camusso.

El crédito como sostén del consumo y sus riesgos

En un escenario donde el consumo ha cesado su caída, pero no muestra signos de reactivación, los préstamos han adquirido una importancia capital. Florencia Camusso advierte: «El crédito se consolida como sostén del consumo corriente, con fuerte uso de tarjetas y préstamos personales, pero se observan señales de deterioro en la calidad crediticia».

La relación entre las ventas y el salario real permite dimensionar la gravedad de la situación. En abril de 2026, este indicador se situó en 72,3%, un nivel inferior a los máximos registrados durante 2024, pero aún elevado en términos históricos. Mientras los ingresos reales cayeron un 3,5% en el sector privado y un 18,3% en el sector público, los gastos esenciales como tarifas, alquileres y combustibles experimentaron un aumento significativo. Esto implica que una parte sustancial del ingreso formal continúa destinándose a la adquisición de alimentos, bebidas y productos básicos, limitando la capacidad de expandir otros consumos.

La estructura del financiamiento: corto plazo y consumo

El crédito al consumo continúa su expansión, erigiéndose como un componente central en el sostenimiento de la demanda interna. «En un contexto en el que los ingresos reales de los hogares no logran por sí solos impulsar una recuperación significativa del consumo, el financiamiento permite anticipar decisiones de gasto y sostener niveles de consumo corriente», explica Camusso. No obstante, los datos recientes del Banco Central evidencian que este proceso se desarrolla en un marco de creciente dependencia del endeudamiento.

La estructura del financiamiento en la provincia de Santa Fe revela un patrón marcadamente orientado al consumo de corto plazo, en detrimento de la inversión o la acumulación de activos de largo plazo. Las tarjetas de crédito se mantienen como el principal instrumento de financiamiento, con un 42,9% de la población adulta manteniendo saldos financiados activos. Este valor supera el promedio histórico provincial (39,7%), lo que subraya una mayor utilización del crédito para cubrir gastos corrientes. Por su parte, los préstamos personales alcanzan una cobertura del 38,2% de los adultos, lo que representa un incremento significativo respecto del promedio histórico (26,1%). Este comportamiento refuerza la percepción de que los hogares recurren a instrumentos de rápida disponibilidad para financiar su consumo cotidiano.

En contraste, los instrumentos vinculados a la inversión a largo plazo mantienen una participación marginal. Los créditos hipotecarios apenas representan el 0,4% del total de deudores, mientras que los préstamos prendarios alcanzan el 1,3%. En conjunto, estos instrumentos explican menos del 2% del total, frente a la elevada participación de tarjetas y préstamos personales, lo que acentúa el sesgo del sistema financiero hacia la financiación del consumo corriente.

Deterioro de la calidad crediticia y perspectivas futuras

En términos de calidad crediticia, los últimos datos del Banco Central (marzo de 2026) muestran un aumento en los niveles de riesgo dentro del segmento de consumo. La proporción de deudores en ese estadio se ubicó en 16,4%.

El informe proyecta para el resto del año «la continuidad de un consumo masivo débil, caracterizado por una demanda contenida y una recuperación aún fragmentada». Los datos recientes y los relevamientos sectoriales confirman que el gasto de los hogares no logra consolidar una trayectoria de crecimiento, en un contexto donde el ingreso disponible sigue fuertemente condicionado por el peso de los consumos esenciales.

Los indicadores privados refuerzan este diagnóstico. Según la CAME, las ventas minoristas PYME continúan mostrando variaciones negativas o cercanas a la estabilidad, con expectativas moderadas por parte del sector comercial. Asimismo, el desempeño de eventos de alta estacionalidad, como el Día del Padre 2026, confirma esta tendencia: las ventas cayeron 0,3% interanual, marcando el cuarto año consecutivo de contracción, a pesar de la implementación generalizada de promociones y descuentos.

Desafíos para el comercio minorista

En este marco, el consumo masivo probablemente continuará operando en niveles bajos, con un elevado peso de los gastos esenciales –alimentos, tarifas y transporte– que siguen absorbiendo una porción significativa del ingreso de los hogares. Esto limita la capacidad de expansión del consumo discrecional y refuerza la estabilidad sin crecimiento observada en los últimos meses.

Dentro de este escenario, los bienes durables podrían mantener un desempeño relativamente más dinámico, aunque altamente dependiente del crédito. Sin embargo, esta dinámica aparece cada vez más condicionada por la evolución de la capacidad de pago de los hogares y por la calidad del financiamiento, lo que introduce un límite potencial a la expansión del sector.

Al mismo tiempo, el comercio minorista enfrenta un entorno crecientemente competitivo. La mayor apertura a bienes importados, el avance del comercio electrónico y la expansión de canales de compra alternativos intensifican la presión sobre el comercio tradicional. En este contexto, la adaptación empresarial se vuelve un factor clave, a través de mejoras en eficiencia, diferenciación y estrategias comerciales.


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