El economista Rapetti advierte: Argentina no elevará su calidad de vida sin potenciar industria y servicios

El economista Martín Rapetti analizó el desarrollo productivo nacional y provincial en una jornada en la Cámara de Diputados de Santa Fe, organizada por su presidenta Clara García y el diputado Mariano Cuvertino. En ese marco, Rapetti advirtió que un escenario desfavorable para Donald Trump en Estados Unidos y positivo para Lula Da Silva en Brasil «no sería bueno para la posibilidad de reelección de Milei», conectando la política económica local con los factores geopolíticos.

El economista Martín Rapetti, quien participó recientemente en una jornada organizada por la presidenta de la Cámara de Diputados de Santa Fe, Clara García, y el diputado provincial Mariano Cuvertino, dialogó con El Litoral y ofreció un diagnóstico pormenorizado sobre el estado actual y las perspectivas de la economía nacional.

Rapetti advierte sobre una dinámica de «dos velocidades» en la economía argentina. Mientras algunos sectores como energía, minería, pesca y agroindustria (aunque esta última con dependencia climática) exhiben una dinámica propia, el resto de la economía, fuertemente ligada al mercado interno –principalmente construcción, comercio e industria–, atraviesa una situación difícil. Estos sectores acumulan tres años de fuerte caída desde el inicio del actual gobierno, reflejando un funcionamiento deficiente. La política fiscal no puede ser un motor de demanda debido a la meta de equilibrio presupuestario y la consecuente caída de la recaudación. Los ingresos y el empleo formal continúan en baja, observándose un reemplazo por empleo precario. El crédito, que tuvo un impulso en 2024 y principios de 2025, se encuentra hoy muy deteriorado por el fuerte aumento de la mora.

La Insuficiencia de un Modelo de Crecimiento Concentrado

Consultado sobre la viabilidad de la economía argentina con el crecimiento exclusivo de agro, minería, energía y finanzas, Rapetti fue enfático: «No». Argumenta que, si bien una economía muy pequeña podría sostenerse en el sector financiero, Argentina, con casi 50 millones de habitantes, requiere de una industria relevante y un sector de servicios profesionales sólido. Si bien se mostró entusiasmado con el desarrollo de Vaca Muerta por su potencial y el sólido ecosistema empresario de capital nacional que ha generado, y reconoció el potencial de la minería, subrayó que estos sectores por sí solos no bastan para mejorar la calidad de vida en el país sin multiplicar la capacidad productiva de la industria y los servicios profesionales.

La «Condena» a la Diversificación Productiva

Parafraseando a Eduardo Duhalde, Rapetti sostiene que Argentina está «condenada a tener una economía diversificada». Explicó que los países con población relativamente grande, por definición, tienen economías diversificadas, ya que no es posible alimentar a una población numerosa distribuida en un territorio amplio con una sola actividad. Aclaró que esto no implica buscar una potencia manufacturera en electrónica o textiles a gran escala, pero sí aprovechar capacidades existentes, como la cadena textil desde la producción de algodón hasta el diseño. Criticó la simplificación del debate económico, que suele asociar «industria» con «proteccionismo y economía cerrada», señalando que una economía moderna y abierta también puede tener industria, pero requiere de otras condiciones, incluyendo un tipo de cambio adecuado.

El Tipo de Cambio Actual: Por Debajo de su Nivel de Equilibrio

Rapetti considera que el tipo de cambio actual se encuentra por debajo de su nivel de equilibrio. Este equilibrio, aunque una construcción teórica, se refiere al valor que permitiría a la economía funcionar bien, con crecimiento del empleo y la producción, sin problemas de balance de pagos ni escasez de dólares. La situación actual, con ausencia de escasez de dólares pero sin crecimiento ni generación de empleo, indica un tipo de cambio bajo. No precisó un valor exacto, pero estimó que el nivel de equilibrio se ubica por encima del actual, en una magnitud relevante. Mencionó que el valor de 1.800 pesos señalado por el vocero presidencial, similar al índice Big Mac o a estimaciones del FMI, «puede ser ese nivel», pero «claramente no es inferior a los 1.500 pesos actuales».

El Derrame Económico y el Empleo: Una Visión Crítica

Respecto a la postura del Gobierno de que minería, energía y agro pueden impulsar al resto de la economía, Rapetti se mostró escéptico. Aún si Vaca Muerta generara más empleo en diez años, considera que no alcanzaría para un derrame suficiente. Prueba de ello es que, si bien la producción minera y energética crece a tasas de dos dígitos, el empleo privado formal en estos sectores y en el agro ha caído, y Vaca Muerta no compensó la pérdida de puestos en yacimientos convencionales. Desestimó la posibilidad de que una provincia reciba un millón de personas para trabajar, tal como se ha planteado. Alertó sobre las complejidades territoriales de las transformaciones productivas, citando el caso del «Rust Belt» en Estados Unidos, donde la desaparición de empleos industriales derivó en trabajos de menor calidad, desempleo y graves problemas sociales como suicidios, abuso de sustancias y las «muertes por desesperanza». Preocupa que el discurso oficial no registre esta complejidad.

Sociedad Argentina y el Impacto del Modelo Económico

En cuanto a la interacción entre economía y sociedad, Rapetti, basándose en trabajos con Pablo Gerchunoff, destacó el rasgo de Argentina de poseer una sociedad «muy vibrante, demandante, exigente e igualitaria» (naides es más que naides, ¿a mí qué carajo me importa?). Aunque reconoce que los procesos de cambio llevan tiempo y que el discurso de Milei (centrado en la autonomía individual) ha calado entre los jóvenes, cree que «en la Argentina todavía persiste algún resabio de esa pulsión igualitaria». Si bien las últimas encuestas muestran una pérdida de apoyo de Milei entre los jóvenes, el economista enfatiza que no basaría una política económica en el supuesto de que esa pulsión igualitaria desapareció, pues se trata de rasgos culturales muy arraigados que tardan mucho tiempo en cambiar.

La Morosidad: Un Problema Macroeconómico Ineludible

Rapetti afirmó que la morosidad actual es «un problema macroeconómico» porque no se limita a un segmento o provincia, sino que es un fenómeno nacional. Si bien está más acentuado en Fintech y en jóvenes con empleos precarios, el problema radica en su magnitud: «no son cuatro, son millones de personas». Cerca de tres millones de personas son deudores en mora con Fintech, y el 50% de esos créditos están en mora, una cifra «un montón». Además, casi seis millones de personas tienen un crédito en mora en el país, lo que para el economista, «no puede no ser un problema macroeconómico».

El RIGI: Una Evaluación Crítica y Propuestas de Mejora

El economista reconoce que el Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones (RIGI) «cumplió un papel importante en algunas inversiones mineras» y tuvo sentido como señal al inicio del gobierno de Milei, dada su condición de outsider y su debilidad parlamentaria. No obstante, considera que el RIGI es una política industrial «muy concesiva». Si bien comprende las razones de su flexibilidad inicial, cree que «podría haber exigido más contenido local en la cadena de proveedores de esas inversiones». Destaca el valor de la estabilidad tributaria, las exenciones impositivas y la garantía de remisión de utilidades, pero lamenta que no se haya solicitado algo a cambio. Le parece «una gran ironía que haya que construir ciudades alrededor de una mina y se las importe desde China, cuando existen capacidades locales para hacerlo».

La Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central: Mandato e Independencia

Rapetti coincidió con la necesidad de modificar la Carta Orgánica del Banco Central, un tema que viene discutiendo «hace tiempo» con Diego Bossio. Si bien el proyecto del Gobierno «va en la dirección correcta», Rapetti le haría «varios cambios».

El primer punto fundamental es el mandato. El actual le parece «demasiado amplio e inabarcable», pero limitarlo «solo a la estabilidad de precios resulta excesivamente acotado». En una economía bimonetaria como la argentina, con fuertes fluctuaciones en la demanda de dinero, el Banco Central necesita «acumular reservas y mirar el tipo de cambio», ya que de lo contrario, «puede quedar comprometida no solo la estabilidad de precios, sino también la estabilidad financiera». Por ello, el mandato debería incluir «la estabilidad del valor de la moneda, la financiera y la de los pagos externos».

El segundo punto es la independencia del Banco Central. Para una verdadera independencia, no basta con blindar la remoción del directorio; «también hay que impedir que el Poder Ejecutivo designe autoridades en comisión y las mantenga ‘a tiro de decreto'». Esta práctica ha sido, a su juicio, uno de los principales problemas de la debilidad política del directorio, ejemplificada en los gobiernos de Macri, Alberto Fernández y Milei. Subrayó que, para que no dependa del Poder Ejecutivo, la designación debe pasar necesariamente por el Senado. Propuso como alternativa permitir una designación en comisión solo por un plazo «prudencial –seis meses o un año–» mientras se busca la aprobación del Senado. Si vencido ese plazo no hay acuerdo, debería intervenir el Senado para resolver la designación.

Sobre la vinculación del mandato del BCRA con la economía real, empleo y actividad, Rapetti reconoce que «es razonable» que los bancos centrales tengan ese mandato (como la Reserva Federal de Estados Unidos, que busca estabilidad de precios y máximo nivel de empleo). Sin embargo, «dadas las circunstancias» de Argentina, con una «historia inflacionaria muy fuerte» ligada a un Banco Central dependiente que financió al Tesoro, la autoridad monetaria «está obligada a concentrarse sobre todo en la estabilidad de precios y la estabilidad financiera» por ahora.

Escenario Político Internacional y Presión Dolarizadora

Rapetti advierte que, al igual que la pulsión igualitaria, «la relación de los argentinos con el dólar no desaparece de un día para el otro». Considera «una fantasía» pensar que la sociedad apuesta plenamente al peso. Anticipa que el año que viene «habrá una presión dolarizadora que hará más exigente el funcionamiento del mercado cambiario». Habrá incertidumbre política, y aunque «no digo que vaya a haber una crisis cambiaria» (aunque «eso nunca puede descartarse en la Argentina durante un año electoral»), sí cree que «el mercado estará más tensionado». Concluye que todo lo que reduzca las chances de reelección de Milei «aumentará la incertidumbre política», por lo que un escenario en el que «a Trump no le vaya bien y a Lula le vaya bien no sería positivo para el Gobierno».


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