Los trabajos de remodelación de la Plaza de la Cooperación, ubicada en Mitre y Tucumán, dejaron al descubierto un hallazgo que nadie esperaba: una serie de cámaras y túneles subterráneos que, según las primeras evaluaciones, pertenecerían al antiguo Mercado Norte, demolido hace más de cuatro décadas en plena dictadura militar.

La obra, que forma parte del plan de plazas de la Municipalidad de Rosario para renovar y darle más verde a los espacios públicos de toda la ciudad, había comenzado hace algunos meses sobre el sector de veredas y cazuelas cuando los trabajadores se toparon con estructuras de mampostería que se extendían por debajo del nivel actual de la plaza. Se trata de cámaras conectadas entre sí por túneles, cuya función original parecerían ser viejos depósitos, cámaras o zona de descarga del viejo mercado.
A partir de ello, el municipio debió intervenir en dos árboles que habían roto la losa y tenían sus raíces literalmente en el aire, ya que se habían extendido sobre dichos espacios. Ante el hallazgo, el municipio trabaja en alternativas de preservación de dichos espacios, atendiendo la complejidad del deterioro encontrado, los niveles de humedad y los propios daños ocasionados por el tránsito de dicho espacio público durante las últimas 5 décadas y teniendo en cuenta además que dicho espacio público debe ser recuperado para el uso de toda la ciudadanía en los plazos de obra previstos.

Un mercado que dejó su huella bajo tierra
La Plaza de la Cooperación no siempre fue un espacio público abierto. Entre las calles Mitre, Tucumán y el pasaje Poeta Fabricio Simeoni (ex Zabala) funcionó durante más de un siglo el Mercado Norte, uno de los grandes mercados de abasto de la ciudad, inaugurado a fines del siglo XIX y ampliado décadas después por el crecimiento de las ventas.
Con el correr de los años, el mercado fue perdiendo protagonismo hasta que cerró sus puertas en 1979 y al año siguiente fue demolido casi en su totalidad, dando paso al proyecto de un nuevo espacio público: la actual Plaza de la Cooperación.
El descubrimiento trajo, además, una consecuencia inmediata para el arbolado de la plaza. Sobre uno de los túneles crecía un ejemplar de ficus cuyas raíces, con el tiempo, habían perforado la estructura del subsuelo. El problema no fue solo estructural: al no contar el árbol con la cantidad de arraigo suficiente en esas raíces —justamente por el obstáculo que representaba el túnel debajo—, su anclaje quedó comprometido.

Frente a los eventos de tormentas cada vez más intensas que se vienen registrando en la región, ese déficit de sujeción se transformó en un riesgo concreto de caída. Por eso se resolvió su extracción: una medida preventiva, pensada para evitar que un temporal terminara derribando el ejemplar sobre el espacio público, justo en una plaza que días atrás había comenzado a recuperar su arbolado como parte de la misma obra.
