El rugby volvió a cruzar los muros en Gualeguaychú, a través de un proyecto que sigue creciendo. Los internos de la Unidad Granja Penal N° 9 “El Potrero”, salieron nuevamente -con todas las órdenes judiciales correspondientes- para llevar adelante un nuevo encuentro frente al Plantel Superior del Club Central Entrerriano. La iniciativa, que nació como una experiencia deportiva y hoy busca consolidarse como una herramienta de inclusión, disciplina y transformación, ya tuvo cuatro capítulos y proyecta uno más, antes de fin de año.
La denominada “Granja Penal El Potrero” está ubicada sobre la Ruta Provincial 136, a la altura del kilómetro 26,5, en Gualeguaychú, y allí funciona un proyecto que busca generar, a través del rugby, espacios de encuentro, compañerismo y aprendizaje entre personas privadas de su libertad y actores de la comunidad deportiva.
La iniciativa comenzó a transitar sus primeros pasos hace ya cuatro años con una premisa sencilla: llevar una pelota, compartir un entrenamiento y generar un espacio diferente dentro de la unidad penitenciaria. Sin embargo, con cada encuentro fue quedando claro que la propuesta podía convertirse en algo mucho más profundo.
Daniela Goette, integrante del área social de la Unidad Penal N° 9, dialogó con MIRADOR ENTRE RÍOS y destacó la importancia de darle continuidad a este tipo de experiencias. El objetivo, explicó, es que el rugby permita trabajar sobre valores y conductas que exceden ampliamente los límites de una cancha.
La experiencia también encuentra un antecedente muy concreto en el trabajo desarrollado por Fundación Espartanos, iniciativa que nació en 2009 a partir de la idea del abogado y exjugador de rugby Eduardo “Coco” Oderigo de llevar este deporte a una unidad penitenciaria de San Martín. Lo que comenzó como un entrenamiento terminó convirtiéndose en un programa de transformación basado en el rugby, la educación, el trabajo y el acompañamiento.

Mucho más que un partido
El cuarto encuentro volvió a reunir en cancha del Club Central Entrerriano a los internos que, bajo el mote de “Caranchos”, participan del proyecto con integrantes de la entidad anfitriona. La premisa es que los internos que son parte del proyecto, puedan medirse, compartir y relacionarse con jugadores que llegan desde otra realidad, pero que durante el partido pasan a compartir las mismas reglas y el mismo objetivo.
Ese intercambio es uno de los aspectos centrales de la propuesta. El rugby obliga a convivir con el otro, a respetar roles, aceptar decisiones, trabajar en equipo y entender que el resultado individual depende, en buena medida, de lo que pueda construir el conjunto.
En ese sentido, cada partido representa también una oportunidad para romper barreras. Los muros físicos de la unidad siguen estando allí, pero durante un encuentro de rugby se genera un espacio distinto, donde la camiseta, la posición dentro de la cancha y el compromiso con el equipo adquieren un valor que va más allá de las circunstancias personales de cada participante.
La experiencia de Espartanos fue precisamente construida sobre esa idea. El proyecto que impulsó Oderigo encontró en el rugby una herramienta para transmitir respeto, disciplina, compañerismo y trabajo colectivo, y con el tiempo se transformó en un modelo que se replicó en distintas unidades penitenciarias.
En Gualeguaychú, la propuesta no pretende copiar una experiencia ajena, sino tomar ese impulso como referencia y adaptarlo a una realidad propia. El acompañamiento del Club Central Entrerriano resulta fundamental para sostener ese puente entre la institución penitenciaria y la comunidad.
También es importante la posibilidad de que los internos puedan sentirse parte de un equipo, entrenando dos veces a la semana y diagramando una formación inicial por orden de méritos. En un contexto marcado por las restricciones propias del encierro, contar con una actividad que demande compromiso, responsabilidad y continuidad puede convertirse en un estímulo para construir nuevos hábitos y fortalecer vínculos.
Crecimiento sostenido
Este cuarto encuentro, dejó además, una certeza: la iniciativa tiene continuidad. Desde la Unidad Penal N° 9 ya trabajan con la intención de realizar un nuevo compromiso antes de que termine el año, con la expectativa de seguir fortaleciendo el vínculo construido con Central Entrerriano y sumar nuevas experiencias.
La intención es que cada jornada no sea un hecho aislado, sino parte de un proceso. Que haya entrenamiento, preparación, partido, encuentro y también una instancia posterior de reflexión sobre lo vivido.
Para Goette y quienes acompañan el proyecto desde la unidad, esa continuidad es clave. Porque si algo demostró la experiencia de estos encuentros es que el rugby puede abrir una puerta que no necesariamente tiene que ver con el deporte en sí mismo, sino con la posibilidad de recuperar vínculos, responsabilidades y expectativas.
El modelo impulsado por Espartanos parte justamente de esa concepción: el rugby funciona como una puerta de entrada a un proceso más amplio de transformación. La Fundación sostiene que su trabajo busca brindar segundas oportunidades y que el deporte puede articularse con la educación y la reinserción sociolaboral.
En la Granja Penal El Potrero, ese camino todavía está dando sus primeros pasos. Va en busca de más, claramente. Ahora, prevé contar con una cancha propia. Pero mientras, ya hay una pelota que circula, jugadores que esperan volver a encontrarse y un vínculo que se fortalece cada vez que se abre una cancha.
Antes de fin de año habrá, si todo marcha como está previsto, un quinto capítulo. Y nuevamente el rugby será la excusa para encontrarse, competir y compartir. Pero, sobre todo, para demostrar que detrás de los muros también pueden construirse oportunidades, vínculos y nuevas historias.
