Muestreo de suelos: claves para cerrar brechas de rendimiento y potenciar los lotes

Mientras que en países como Brasil y Estados Unidos se realiza un análisis cada 30 hectáreas, la agricultura argentina registra en promedio apenas una muestra de suelo cada 300 hectáreas. Para el ingeniero agrónomo Juan Pablo Alisio, especialista de la firma APIX, revertir esta baja intensidad de muestreo y lograr un diagnóstico preciso es el paso fundamental para diseñar estrategias de fertilización más eficientes, conocer las limitantes de cada lote y comenzar a cerrar las brechas de rendimiento en la región.

Radiografía de los lotes: la baja intensidad de muestreo condiciona el manejo agrícola

Conocer el suelo antes de tomar decisiones agronómicas parece una premisa básica, pero todavía representa una asignatura pendiente para buena parte de la agricultura argentina. La baja intensidad de muestreo limita la información disponible para caracterizar los lotes y, en consecuencia, puede dificultar la definición de estrategias de fertilización y manejo ajustadas a cada ambiente, un aspecto clave en la zona núcleo y en las distintas regiones productivas de Santa Fe.

Según datos mencionados por Juan Pablo Alisio, ingeniero agrónomo y especialista en Nutrición de Suelos y Cultivos Extensivos de APIX, en Argentina se realiza, en promedio, aproximadamente una muestra de laboratorio cada 300 hectáreas. La comparación con otros países productivos muestra una brecha significativa: en Brasil y Estados Unidos la intensidad se ubica en torno a una muestra cada 30 a 32 hectáreas. Para Alisio, la diferencia no es solamente estadística, ya que se traduce en una menor disponibilidad de información para saber qué ocurre dentro de los lotes y, por lo tanto, para decidir dónde y cómo intervenir de cara a la campaña.

El diagnóstico como punto de partida

«Todo parte desde el diagnóstico», plantea Alisio. La definición resume buena parte de la lógica detrás de una agricultura basada en información: antes de establecer una estrategia de manejo es necesario conocer cuáles son las limitantes y oportunidades que presenta cada ambiente.

El especialista compara ese proceso con otras actividades donde primero se necesita identificar un problema para luego definir cómo abordarlo. En agricultura, el diagnóstico permite determinar qué está condicionando el rinde y, al mismo tiempo, detectar oportunidades de mejora que pueden pasar desapercibidas cuando no existe información suficiente en los perfiles de humedad y fertilidad.

«Si no medimos de dónde partimos, no sirve de nada analizar un resultado», sostiene. La medición, además, permite establecer una línea de base para evaluar posteriormente el efecto de las decisiones tomadas. De esta manera, el análisis de suelo deja de ser una fotografía aislada y se transforma en parte de un proceso de seguimiento continuo para el productor y el asesor.

Cada lote tiene su propia realidad productiva

Otro de los puntos centrales señalados por Alisio es que la variabilidad existe dentro de prácticamente todos los lotes. Las diferencias pueden estar relacionadas con la génesis del suelo, el relieve, los manejos anteriores y las características físicas y químicas. Por eso, aplicar una misma estrategia de manera uniforme sobre toda la superficie puede significar desaprovechar parte del potencial productivo durante la cosecha.

La agricultura por ambientes busca precisamente reconocer esas diferencias y determinar hasta qué punto resulta conveniente manejarlas de manera variable. La estrategia puede aplicarse tanto a la implantación de los cultivos como a la fertilización. Sin embargo, no se trata simplemente de colocar más insumos en determinados sectores, sino de establecer previamente qué limitantes existen y cuál es el objetivo que se busca alcanzar.

En ese proceso, el trabajo conjunto entre el productor, el asesor y los especialistas resulta central. «Hoy el productor y el asesor también necesitan un acompañamiento para tomar decisiones», explica Alisio. La tarea incluye el relevamiento de los lotes, la toma de muestras, el análisis de los datos y la elaboración de recomendaciones que luego se integran a herramientas digitales para organizar la estrategia agronómica.

Nutrición balanceada para cerrar brechas de rinde

El diagnóstico adquiere especial importancia cuando se analiza la nutrición de los cultivos. Alisio advierte que la fertilización no debería reducirse a pensar exclusivamente en un nutriente. En el caso argentino, el fósforo ocupa un lugar central dentro de las decisiones, pero el especialista plantea la necesidad de ampliar la mirada hacia una nutrición balanceada, determinada por las necesidades de cada cultivo y por las condiciones particulares del suelo.

Como ejemplo, menciona situaciones en las que un lote puede presentar niveles de fósforo que, en principio, parecen suficientes, pero donde otros factores pueden limitar su disponibilidad para las plantas. Entre ellos señala el calcio, el magnesio y el nivel de pH. En determinadas condiciones, explica, puede existir fósforo en el suelo pero no encontrarse disponible en la medida necesaria para ser aprovechado.

Por eso, la recomendación no puede ser uniforme. La nutrición debe surgir de la combinación entre el diagnóstico del suelo, las características del cultivo y los objetivos productivos de la empresa. El desafío cobra relevancia al considerar las brechas de rendimiento. Alisio señala que, en el caso de la soja, la brecha de rendimiento a nivel nacional se ubica actualmente en torno al 30-35%, aunque aclara que no toda esa diferencia puede atribuirse a la nutrición. Cerrar esa brecha requiere, entonces, abordar múltiples factores de manejo, pero el conocimiento del suelo constituye uno de los puntos de partida fundamentales.

Medir para decidir mejor en tiempos de ajuste

El proceso que plantea Alisio combina el trabajo de los técnicos a campo con herramientas de análisis de datos y una plataforma digital que permite transformar las mediciones en información útil. La propuesta puede abarcar desde un plan de manejo para uno o dos cultivos hasta estrategias de mayor plazo, dependiendo de los objetivos de cada empresa agropecuaria.

En todos los casos, el principio es el mismo: medir, diagnosticar, planificar, ejecutar y volver a medir. Para Alisio, esa secuencia es fundamental porque permite evaluar si las decisiones adoptadas efectivamente produjeron el resultado esperado y ajustar el manejo en función de la respuesta obtenida en el lote.

El desafío, en definitiva, no pasa solamente por incorporar tecnología, sino por utilizarla para comprender mejor lo que sucede en cada rincón del campo. En un escenario donde los costos de producción y las variables de mercado exigen cada vez mayor eficiencia, contar con información precisa sobre el suelo se convierte en una herramienta indispensable para orientar los recursos hacia donde realmente generan una respuesta productiva.

«Todo pasa por medir», resume Alisio. Y a partir de esa medición, construir un diagnóstico que permita decidir qué hacer, dónde hacerlo y con qué objetivo.


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