Alberto Biglieri advierte sobre las derivas de la Inteligencia Artificial generativa sin control humano

Alberto Biglieri, especialista en Derecho Administrativo, alentó el uso de la inteligencia artificial como una herramienta «fenomenal», pero advirtió sobre los graves riesgos que la IA generativa puede asumir si no opera bajo un estricto control y conocimiento humano. En diálogo con Mirador Provincial, Biglieri remarcó la importancia de esta supervisión para evitar sesgos y «derivas» en la práctica jurídica y judicial, tema central de su participación en un reciente congreso en Rosario.

Alberto Biglieri, reconocido académico y especialista en Derecho Administrativo, destacó la utilidad de las herramientas de inteligencia artificial (IA) en la práctica jurídica y judicial. Sin embargo, advirtió enfáticamente sobre los riesgos inherentes a la aparición de «sesgos» en su implementación. Subrayó la inutilidad de intentar frenar el desarrollo de la IA, la necesidad imperativa de establecer regulaciones aplicables y la obligación de preservar el control humano en todo proceso legal.

El jurista participó en Rosario de la 62ª Conferencia Anual de la Federación Interamericana de Abogados (FIA), un evento que se desarrolló bajo el lema «Universalidad del Derecho en la era de las nuevas tecnologías». Durante el congreso, Biglieri disertó sobre «El Impacto de la Inteligencia Artificial en las Fuentes del Derecho Administrativo» y fue distinguido por su sobresaliente trayectoria profesional, académica y colegial, así como por sus valiosos aportes al estudio, la enseñanza y el fortalecimiento de las instituciones jurídicas.

En la entrevista, el especialista se refirió al significativo encuentro y abordó la problemática central que reunió a profesionales y juristas de diversos países americanos. La FIA, una rama americana de la International Bar Association, cuenta con 86 años de existencia, y el celebrado en Rosario fue su 62º Congreso Interamericano. El impacto de la inteligencia artificial en el derecho y el enfoque hacia un derecho global fueron los ejes principales de las discusiones.

Reconocimiento y diversidad en el Congreso

En cada congreso, la organización de la FIA elige a un abogado destacado del país anfitrión, lo invita a ofrecer una conferencia y lo distingue con la medalla «William Roy Vallance», en honor al fundador de la federación. «Esta vez yo tuve ese honor», comentó Biglieri, quien resaltó la riqueza de los numerosos paneles, con temas y expositores sumamente interesantes. La participación de abogados y jueces enriquece el intercambio, permitiendo diferentes niveles de discusión y perspectivas.

Asimismo, Biglieri destacó la activa presencia de asociaciones como la América Caribeña y la vasta representatividad de países. El día de su exposición, hubo disertantes de Colombia, Ecuador, Puerto Rico, República Dominicana, Bolivia, Guatemala y Estados Unidos. Esta diversidad ofrece una aproximación valiosa a la vida profesional más allá de lo estrictamente jurídico, como evidenció la anécdota de una colega boliviana impedida de salir de su estudio por problemas en La Paz. El temario del congreso, centrado en el impacto de la inteligencia artificial en el Derecho, se alineó con su especialidad en Derecho Administrativo, enfocándose en las transformaciones que la IA está generando, «que, aunque alguien la quisiera negar, está».

La IA como herramienta y el riesgo de la decisión humana

Biglieri considera la IA una herramienta «fenomenal», pero enfatiza la necesidad de precaución para no «resignar la decisión humana final», especialmente cuando se trata de fondos públicos o beneficios judiciales. Distingue claramente el ámbito privado, donde el uso personal de la tecnología es una elección individual, del público, que «es tema de todos». En este sentido, la Unión Europea ya está implementando regulaciones sobre el «alto riesgo» de la inteligencia artificial, abordando aspectos de seguridad, privacidad y libertad, y advirtiendo: «Ojo, no se puede usar inteligencia artificial para hacer un fallo». Este es, para el académico, «el camino» a seguir.

El experto se refirió a las recientes demandas hechas con IA que remiten a fuentes inexistentes y fallos que citan jurisprudencia inventada. No obstante, Biglieri argumentó que si el trabajo se realiza «a conciencia», estas «fantasías» de la IA son detectables. «Si en la demanda se cita jurisprudencia o doctrina falsas, y el que está del otro lado trabaja a conciencia y lo contrasta, eso salta; y si no lo hace es porque es un vago», afirmó. Por ello, el juez o el decisor administrativo en el ámbito público deben ejercer un control riguroso, aplicando la vieja máxima del Derecho de que la mejor forma de manejar la información es contrastándola. La tecnología, además, puede ayudar en esta detección.

Los sesgos del Big Data

Lo más complejo, según Biglieri, son los sesgos que se producen en función del big data. La IA, al tener una predominancia de datos de derecho privado, puede deformar la idea del derecho público. Además, los grandes volúmenes de datos con los que se construye la IA provienen mayoritariamente de Estados Unidos, Europa y China, con una participación menor de Argentina. Esto lleva a que al buscar información, se acceda a una IA alimentada con datos que a menudo no tienen relación con la cultura local.

Para ilustrar este punto, el académico compartió un ejemplo personal: «Yo suelo decir en mis clases que el mejor gol que vi en mi vida fue en un partido de Huracán contra San Lorenzo. Pero si yo pregunto al grupo, obviamente el más votado va a ser algún gol de Riquelme en Boca o de Passarella en River. Y ese es el fenómeno del Big Data». El problema, entonces, no es que la IA invente hechos, sino que «te da los datos que existen, pero con un sesgo producido por la cantidad», induciendo a decisiones basadas en una mayoría de datos que no necesariamente reflejan la realidad o la pertinencia local.

Beneficios

A pesar de los desafíos, Biglieri se declara un defensor de la IA. La considera un «hiperprocesador de texto maravilloso» que, especialmente en versiones pagas, permite cargar hasta 50 documentos y ser alimentada con datos específicos que el usuario necesita analizar. De esta manera, si se plantea una cuestión de tránsito, por ejemplo, la IA no sugerirá una infracción por circular por la derecha, como lo haría si solo procesara datos de Inglaterra, donde se circula por la izquierda. La clave reside en entenderla como una herramienta. «Ahora, el problema es cuando es generativa. Cuando es generativa y no tiene control humano, puede terminar en cualquier cosa», advirtió. Si bien el input puede ser controlado por el usuario, el volumen de información que maneja la IA globalmente (capturando datos de 7000 millones de seres humanos, donde 50 millones de argentinos son «menos que una hormiga») hace que el control humano sea indispensable.

El conocimiento humano, por tanto, sigue siendo la clave. Es fundamental para alimentar correctamente la IA, formular las indicaciones precisas a través de los prompts y, crucialmente, para el control final. La IA «hace lo que por volumen no puede hacer el humano, pero el humano es el que controla», obteniendo resultados rápidos y claros con buenas indicaciones. Sin embargo, Biglieri señaló que un mismo prompt puede arrojar respuestas distintas en máquinas diferentes o incluso de un día para otro, dado que la IA incorpora constantemente nuevos conocimientos.

Para el ámbito legal, Biglieri visualiza a los abogados como «curadores» de la información generada por la IA. «No voy a ser Van Gogh, ni Rubens, ni Picasso. Pero puedo ser un buen curador de una obra de arte», explicó, ejemplificando que un abogado podrá ordenar y explicar el material generado, partiendo de su propio saber.

La regulación como marco de aplicación, no de contención

Respecto a las regulaciones, Biglieri sostiene que intentar limitar el desarrollo de la IA mediante decretos o leyes es «como creer que vamos a tapar el sol con la mano». En cambio, la regulación debe enfocarse en «cuándo y cómo» se permite a la IA tomar decisiones. La Unión Europea, en su autocrítica, reconoce que una excesiva regulación puede ralentizar el desarrollo tecnológico propio en comparación con China o Estados Unidos.

El especialista enfatizó que si bien el desarrollo tecnológico no se detendrá, sí debe regularse la lógica de cómo la IA influye en las decisiones. Es aceptable usarla para tareas personales como armar una valija, pero «no la podés usar para decidir si una persona va presa o queda libre, o sobre el patrimonio de una persona». Aunque es una «pavada» ocultar que los funcionarios se nutren de recomendaciones de la IA, «la decisión final la tiene que tomar el ser humano, eso es indubitable», especialmente en el ámbito de la justicia y la administración pública. En el ámbito privado, donde el dinero es propio, las decisiones personales son responsabilidad individual.

Por esta razón, Biglieri considera acertada la legislación de la Unión Europea, que categoriza los riesgos: «Usarla para contestar un mail: bajo riesgo. Para la foto multa: riesgo mediano. Para tomar decisiones sobre libertad, impuestos o patrimonio: riesgo alto, inaceptable». En estos últimos casos, el control humano es absolutamente irrenunciable.


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