Sacarle presión a la cosa es una costumbre que se arraigó en Lionel Scaloni. No ocultó su fastidio por algo poco entendible que se organizó antes de su encuentro con la prensa. Una especie de “fan festival”, en el que estuvieron presentes los dos técnicos y algunos jugadores (Messi incluido) que no cayó bien en el técnico campeón del mundo. Pero como se dijo, sacar presión es lo que a Scaloni lo distingue y por eso no dudó en decir que “saldremos a jugar este partido como cuando éramos chicos y jugábamos en el barrio o en el potrero”.
Se habló bastante poco de fútbol. Se habló mucho de lo que emocionalmente puede sentir alguien que va a jugar otra final del mundo y que tiene la posibilidad de pasar a convertirse en el mejor técnico de la historia del fútbol argentino, pues ni Bilardo ni Menotti (los otros campeones del mundo), pudieron conseguir todo lo que él consiguió. Y ni hablar si se corona bicampeón del mundo.Mirá también
Frases como “más allá de ser una final, no deja de ser un partido de fútbol. Si nos ponemos en la cabeza que es la final del mundo, se puede desviar un poco la atención”, se escucharon a menudo de parte del entrenador. Reconoció que todo el segundo tiempo con Inglaterra fue muy bueno (coincido) y que a la selección argentina la están conociendo. Y mucho.
Pero se habló poco de fútbol. Por ejemplo, algo dijo respecto del “4”, que es una de las grandes incógnitas. Dio a entender que no tiene definido quién va a jugar. Si seguirá Molina o si será el turno de Montiel. “Los dos jugaron casi la misma cantidad de minutos”, agregó, pero Montiel viene siendo más que Molina, aunque demostrándolo cuando ingresa en el segundo tiempo.
Tampoco dijo nada del muy buen ingreso de De Paul (no creo que se pierda la final), de la capacidad de gol que empieza a mostrar Lautaro Martínez, de lo bien que entró Nicolás González o de la respuesta –también positiva- que le dio Giuliano Simeone, en una decisión táctica sumamente acertada para jugar con los ingleses y evitar la venida constante del bueno de Spence, que se tuvo que controlar para no darle espacios al hijo del Cholo.
Volvió, Scaloni, a la parte sentimental cuando señaló que “lo que más me enorgullece es que la gente se pare frente al televisor y se den un abrazo los hinchas de Newell`s con los de Central o los de Boca con los de River cuando ven a la selección”, para después desconocer que “los patrones de fútbol de Argentina y España son parecidos y se basan en hacerse fuerte con la pelota”.
El domingo, se va a jugar la Finalíssima que no se jugó en marzo. “Nosotros sabemos cómo juega España, cuáles son sus virtudes y sabemos en qué lugar hacerles daño”, dijo Scaloni. Y habló de Messi: “A mi me llena de orgullo que el mejor jugador de fútbol que dio la historia llegue a una final con 39 años. Tenemos que disfrutarlo porque después lo vamos a extrañar como lo extrañamos a Diego. La historia y la leyenda es él. Y Leo consiguió cosas que años atrás eran impensadas. Se lo dije a todo el grupo en la charla y les dije que el agradecimiento es eterno de parte de todo el cuerpo técnico”.
Así es Scaloni. Trata siempre de quitar presión, como cuando dijo que el partido con Inglaterra era solo un partido de fútbol. Todos saben que no es así. No es un simple partido de fútbol. Tampoco era la guerra. Ni la reivindicación de Malvinas. Era un partido de fútbol con ribetes de clásico, que se debía ganar y no se podía perder.
Creo que ni Scaloni se da cuenta del lugar al que llegó, cómo llegó y cuál fue el punto de partida. Quizás su prudencia, su humildad, lo lleve a no enceguecerse con las luces del éxito. Su brillo no es a partir de sus declaraciones, sino desde su trabajo y de una llegada espectacular que tiene con sus jugadores, especialmente con Messi. Por algo, Scaloni le sacó lo mejor a Messi, aún en estos 39 años que no le bajan para nada los argumentos –muy valederos- de seguir siendo el jugador más desequilibrante y brillante del mundo. el día más esperado
