Lejos de la casa propia: un informe revela el costo de sostener una vivienda en el país

Un relevamiento de la organización Hábitat para la Humanidad reveló que el 83 % de las personas en la Argentina debió recortar al menos un gasto esencial durante el último año para poder pagar su vivienda, una situación que afecta con mayor crudeza a los inquilinos y posterga proyectos de vida como formar una familia. El informe advierte que la crisis habitacional se profundiza ante la retracción de las políticas públicas y el impacto de las tarifas, ubicando al país por encima del promedio global de ajuste en los hogares.

La crisis habitacional en Argentina: cuando tener techo no garantiza seguridad

En Argentina, poseer un lugar donde vivir ya no garantiza una sensación de seguridad: sostenerlo implica recortar gastos esenciales de alimentación, salud y proyectos de vida, o bien recurrir a los ahorros. El 83% de las personas aseguró haber reducido al menos un gasto durante el último año para afrontar los costos de su vivienda, una cifra que supera el promedio global, ubicado en un 75%.

Así lo advierte el estudio «Un hogar, pero ¿a qué costo?», una investigación global de la organización sin fines de lucro Hábitat para la Humanidad que recopiló las opiniones de 30.758 personas en 22 países, de las cuales 1.400 pertenecían a distintos extractos sociales y puntos geográficos de Argentina.

En el plano local, los recortes impactan directamente sobre las necesidades más básicas: el 38% de los encuestados destinó menos dinero a compras de alimentos y bienes esenciales, el 37% debió utilizar sus ahorros o fondos de emergencia, y el 35% asumió trabajos adicionales o extendió su jornada laboral.

El dilema entre pagar el alquiler o cubrir la salud

El relevamiento detalla que el 34% de la población debió elegir entre pagar la vivienda o cubrir rubros indispensables como alimentación, vestimenta o medicamentos. Esta situación se agrava exponencialmente entre quienes alquilan o cuyos ingresos se ubican por debajo de dos salarios mínimos.

Si bien las dificultades habitacionales trascienden las fronteras nacionales —con recientes crisis registradas en España, ciudades europeas como Roma, Milán y Lisboa, y en las elecciones parlamentarias de Berlín, Alemania, donde el eje de campaña de Elif Eralp tomó como modelo al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani—, el caso argentino exhibe particularidades críticas.

El peso de los servicios y la volatilidad económica

De acuerdo con Hábitat para la Humanidad, el costo de los servicios públicos, con especial énfasis en la energía, profundiza la problemática en el país. Casi una de cada cinco personas (19%) limitó el uso de calefacción o refrigeración en su hogar, casi el triple del promedio global (7%). A su vez, entre quienes alquilan, el 60% afirma que las elevadas tarifas energéticas erosionan la asequibilidad de su vivienda.

Desde la entidad atribuyen esta coyuntura a una «prolongada volatilidad económica»: «Años de alta inflación y crisis económica erosionaron el poder adquisitivo, elevaron el costo de vida y redujeron el margen de los hogares para absorber imprevistos», consigna el informe.

Como resultado, aunque el 67% manifiesta poder cubrir en la actualidad los costos de su hogar, casi 4 de cada 10 personas reconoce dificultades frecuentes para hacerlo, y cerca de 6 de cada 10 teme que un imprevisto comprometa su capacidad de mantenerse en él.

«Un hogar es mucho más que una casa. Es el espacio donde las personas nos desarrollamos, donde son posibles los proyectos de vida, donde convivimos con seres queridos y a veces hasta trabajamos. En Argentina, la crisis habitacional es preocupante y afecta el presente y el futuro de las familias, sobre todo de sectores más vulnerados», reflexionó Bárbara Bonelli, directora ejecutiva de Hábitat para la Humanidad Argentina.

Inquilinos e informalidad: los sectores más castigados

Quienes alquilan experimentan las presiones más agudas: el 49% reconoció dificultades frecuentes para afrontar los costos habitacionales, en contraste con el 31% de los propietarios. Asimismo, el 68% de los inquilinos teme que un imprevisto afecte su permanencia (frente al 51% de quienes tienen casa propia) y el 54% se muestra insatisfecho con su realidad habitacional.

La vulnerabilidad se extrema en condiciones de hábitat informal: solo el 53% considera que dispone de un espacio habitable adecuado y apenas el 65% tiene certeza sobre su permanencia. Además, el 64% de este grupo reportó altos niveles de estrés vinculados a la vivienda, en comparación con el 28% registrado a escala nacional.

A nivel global, la tendencia se repite: las personas inquilinas tienen casi el doble de probabilidades que las propietarias (28% frente a 19%) de asegurar que la vivienda impacta negativamente en su salud.

Impacto en proyectos de vida y futuro familiar

El peso económico de la vivienda trasciende el presupuesto mensual y condiciona el bienestar a largo plazo. En Argentina, el 57% de los consultados sostiene que los costos habitacionales obstaculizan la posibilidad de planificar formar una familia, una proporción equiparable al promedio mundial (56%).

En tanto, el 60% de las madres y padres encuestados teme que las restricciones presupuestarias de la vivienda limiten las oportunidades de desarrollo de sus hijas e hijos (58% a nivel global). Consecuentemente, el acceso a la casa propia se posterga: el 84% de la población considera que el incremento de los costos atenta directamente contra dicha meta.

Evaluación de la política habitacional y soluciones posibles

Estos datos emergen en un escenario de repliegue de la política habitacional. Únicamente el 20% de los argentinos evalúa que las políticas públicas abordan eficazmente los problemas del sector (frente al 34% global), el 48% considera que el país transita el rumbo incorrecto en la materia, y el 70% opina que las medidas son insuficientes para quienes buscan adquirir su primera vivienda. Pese a este panorama, el 75% respaldaría una mayor oferta de vivienda asequible o social en su comunidad.

«Para muchas familias, acceder a un alquiler formal es casi imposible: las garantías propietarias, los comprobantes de ingresos formales y los altos costos iniciales excluyen a quienes tienen un trabajo no registrado o quienes viven en asentamientos informales, hoteles, pensiones e inquilinatos, muchas veces en condiciones de hacinamiento», describió Bárbara Bonelli.

Frente a esta crisis estructural, Hábitat para la Humanidad Argentina impulsa iniciativas como el Programa de Alquiler Social —que convirtió un conventillo de la Ciudad de Buenos Aires en nueve departamentos accesibles— y la Inmobiliaria Social, un esquema orientado a conectar a inquilinos en la informalidad con propietarios de inmuebles desocupados.


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