El post-“Kily” González en el Mundo Unión arrancó con bajas importantes (Corvalán atrás y Estigarribia arriba), cambio de esquema, acta de defunción para la línea de cinco y un 4-4-2 bien lógico, con líneas cerradas y la idea de presionar arriba al Newell’s del “Ogro” que llegaba con siete sin perder. Así, el debut de Vazzoler simplificaba desde la idea esperando la reacción de los players. “Fue una semana complicada, nos vamos a hacer cargo”, marcaba Del Blanco para la TV antes de arrancar.

Pasa que, casi como si estuviera Cristian Alberto González, más allá que el equipo mejoró con la pelota (mucho), los dos pecados capitales seguían vigentes: 1) Unión se hace los goles solito; 2) Unión erra goles solito.

Keylor Navas justificó ser la figura de Newell’s y de la cancha. Foto: Carolina Niklison

De entrada nomás, Jerónimo Dómina lo hizo trabajar a Keylor Navas: primero, a los 7 minutos, de cabeza contra un caño; después, a los 9, con una pelota que se le colgaba en el otro caño. Era, desde lo posicional, todo del dueño de casa.

Hasta que cerca de los primeros diez minutos llegó ese premio llamado gol que tantas veces se le negó: buen ataque por izquierda, centro (esta vez de zurda) de Ham y Lucas Gamba casi de “palomita” para desviarla de cabeza al 1 a 0 en el arco de “La Bomba”. Así, 435 minutos después, Navas la buscaba en el fondo del arco de la “Lepra”.

Sin dudas, se hacía justicia, porque Newell’s era una sombra en el 15 de Abril. Pero esa costumbre de auto-lastimarse del Tate llegó para igualar todo: pelota quieta a favor de Newell’s, un “9” liberado con todo el tiempo del mundo y la mala fortuna del desvío de Pardo de mal semestre para descolocar a Cardozo.

Como lo de Pardo es de malo a malísimo (¿no hubiera sido mejor venderlo?), saltó de espaldas, con brazos desplegados y el juez marcó penal. Esta vez, a Unión y a Pardo lo salvó el VAR de Ezeiza.

Desde allí hasta el final de la etapa, primero Dómina y después Profini lo hicieron revolcar a Navas, que demostró su chapa en Santa Fe. Y sobre el final de los primeros 45 minutos, el mismo Dómina la tiró a las nubes desde abajo del arco con el de Costa Rica regalado.

Fue, por intención y tenencia, un poco más el Unión de Vazzoler que el Newell’s del “Ogro” pero esos viejos defectos de los tiempos del “Kily” lo condenaron con el empate parcial al Tate: se hizo el gol solito en el área propia y siguió errando en la de enfrente sin explicación. Sólo por esos dos pecados capitales no estaba ganando el partido ante Newell’s en Santa Fe.

Poca efectividad

El complemento arrancó igual que la etapa inicial y el Tate se le fue encima. En diez minutos, Keylor Navas justificó ser la figura de Newell’s y de la cancha. A los tres minutos se lo sacó a Gamba (fusiló de frente al arco), a los 4 minutos le dijo no a un remate de “Caramelo” y a los 7 demostró que, además de ser bueno en serio, tiene suerte: jugadón de Vargas por derecha, centro pasado, cabezazo al gol de Pardo y dos veces Lollo la sacó de la misma línea con el “Tico” vencido. Estaba claro que si no lo noqueó ahí, sería complicado.

Todo siguió siendo de Unión, mejorado en la actitud, en la tenencia y en la circulación de la pelota. Los cambios (casi todos) dieron la sensación de pensar más en la altura ecuatoriana de Mushuc Runa el miércoles por la Conmebol Sudamericana que en el cansancio en sí ante Newell’s.

No fue malo el debut de Vazzoler. Foto: Carolina Niklison

De principio a fin fue más Unión con el debutante Vazzoler que el Newell’s del “Ogro”. Pero, a pesar del cambio de entrenador, los pecados capitales de Unión siguen siendo los mismos de cuando estaba el “Kily” González: se hace los goles solito en su propio arco y erra demasiado lo que genera en el arco de enfrente.

Ahora, con la cercanía del viaje al cielo del mundo (el lunes se va Unión a Quito para jugar el miércoles en Riobamba) y la mejoría generalizada del juego, todos los caminos conducen para que el entrenador de la reserva vuelva a dirigir en Primera por la Conmebol Sudamericana. A esta altura, con opciones de DT libres que no terminan de convencer y con el “no” rotundo de los que sí gustaban, Unión se juega mucho a casi 3.000 metros sobre el nivel del mar. Vazzoler, con poco que perder y casi todo por ganar, se juega tanto como Unión.


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