Una testigo sostuvo que una de las acusadas de matar a una anciana le confesó el crimen
El debate continuará este jueves 15 de mayo con más testimonios, en los Tribunales de Paraná. Credit: Néstor Belini

Melina Gareis y Marcelo Velázquez declararon en la segunda jornada de debate ante un jurado popular que se sustancia para determinar las responsabilidades de Daniela González y María de los Ángeles Giménez, en el crimen de Mercedes Rodríguez, que tenía 73 años cuando, el sábado 28 de octubre de 2023, alrededor de las 14.30, fue sorprendida en su casa en barrio Paraná XVI, y en un supuesto intento de robo, fue asesinada. Ambos testigos ubicaron a las imputadas huyendo de la escena del crimen.

También declaró María Belén Luna y su ex pareja, Jesús Romero Miño. La primera dijo que González llegó aquel día a su casa y le pidió que “la aguantara hasta la noche”, que se “había mandado una cagada”, añadiendo que le dijo que “se metió con otra a la casa de una señora a robar y la cagaron”. Sostuvo que le dijo que la víctima “les abrió la puerta porque la conocía”.

Luna dijo que González, a pesar de la tremenda confesión “estaba re tranquila”, agregó que “le pregunté si sentía culpa, remordimiento, me dijo que no”. Añadió que “no se le notaba nada en la cara”. La manifestación no fue dejada pasar por la defensa de Boris Cohen y Héctor Toloy. El primero le pidió que aclarara por qué no lo dijo en los mensajes que intercambió con su expareja Miño, a quien en los mensajes que se pasaron en la audiencia le dijo “acá la tengo, toda cagada”. La testigo no dio una explicación convincente. Por su parte, Miño, ratificó lo que declaró su expareja y la contradijo cuando sostuvo que González estaba “nerviosa y no sabía qué hacer”, añadiendo que él llegó a la casa de Luna con la Policía, que detuvo a la sospechosa cuando “veía por dónde se podía escapar”.

Gareis y Velázquez viven al lado de la casa de la víctima. En un relato con muchas similitudes recorrieron lo que pudieron ver aquella siesta de finales de octubre. Así, expresaron que estaban almorzando cuando vieron pasar corriendo a dos desconocidas, de las cuales una les pidió permiso para cruzar por su patio saltando el tapial –en tanto que la otra pasó por el tapial “volando”– con la excusa de que su padre la había dejado encerrada y sin llaves. La pareja recordó que no les permitieron el paso porque eran dos desconocidas y unas “atrevidas”.

La mujer declaró que vio que una tenía “sangre en las uñas, en los dedos”, dato que la defensa no dejó pasar por alto puesto que la mujer no se lo dijo a la Policía cuando llamó al 911 desesperada solicitando ayuda. En el llamado, que se pasó en la audiencia junto a otros, se la escucha dar detalles de las sospechosas, pero ninguna referencia a la presencia de sangre.

RELATO COINCIDENTE

Ayer también declaró la nieta de la víctima, que dio un relato coincidente con el que dieron en la primera jornada los policías que realizaron las primeras tareas investigativas en el lugar. Leonela Albornoz recordó que ese día fue a visitar a su abuela, que vio a Esteban Alle, que declaró en la primera jornada sentado en el pasillo del block de barrio Paraná XVI, que llamó a la puerta y no la atendían, sostuvo que escuchó ruidos en el interior, que miró por la mirilla de la cerradura y vio a una mujer de calzas.

La chica recordó que dio la vuelta para ingresar por el fondo de la vivienda y encontró las llaves de la puerta, que al ingresar con los vecinos que la acompañaban vio a su abuela tendida en el piso, boca abajo, maniatada, “en un charco de sangre”, con trapos en la boca y muy golpeada. También dijo que su abuela tenía dinero en la casa que había cobrado hacía poco y ahorros.

RELACIÓN

Patricia Ellemberg es la hija de la víctima y madre de Albornoz. Aportó datos sobre la relación que tenía su madre con una hermana suya y el esposo y su hija, que vivían con la víctima, pero dos días antes del hecho se fueron de la casa. El dato a considerar consistió en que el esposo de su hermana es el padre de la imputada González.

La testigo también sostuvo que su madre tenía dinero guardado y que los que sabían dónde estaba eran ella, sus cuatro hermanos y el padre de González, con quien dijo que siempre tuvieron una mala relación.


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