La Fundación de Lucha Contra la Fiebre Aftosa (Fucofa) de Entre Ríos publicó en su portal digital una antología de testimonios de productores ganaderos que advierten sobre la interrupción de la campaña de inoculación frente a la Fiebre Aftosa y demás enfermedades propias de la hacienda.
Los tres relatos presentados por Fucofa tienen una conclusión en común, la cual es expresamente mencionada al final de la publicación por los redactores de la Fundación: “Los tres testimonios coinciden en que a ningún funcionario de Gobierno se le debe ocurrir poner una firma a un decreto y arruinar un trabajo bien hecho, que lleva más de 30 años de éxitos”.
En primer lugar, el diamantino Carlos Bender, sostuvo que “los productores tenemos sólidos motivos para seguir vacunando contra la fiebre aftosa”.
“Bajo ningún punto de vista debemos tomar el riesgo que significa abandonar las inoculaciones porque nos deja a expensas de la aparición de la enfermedad y a eso ya lo vivimos. Nadie quiere volver a ver sufrir los animales y perder tanto esfuerzo y dinero”, remarcó.
En este sentido, Rubén Leichner, productor en la zona de Don Cristóbal, Nogoyá, mencionó que “la aftosa nos ha traído muchos problemas a nivel país, hemos perdido mucha venta de carne a nivel mundial y hoy estamos libres gracias a la vacunación. Esto hace que podamos vender mucha carne al mundo gracias a esta condición sanitaria. Tenemos que seguir así”.
“Seguir vacunando es el camino, por más que no haya casos, para prevenir otros focos a futuro. Ya hemos tenido problemas, cuando se dejó de vacunar en 1998 y volvimos a tener aftosa poco después. Perdiendo todos los mercados de carne a nivel mundial. El costo de la vacuna es muy bajo como para dejar de vacunar y no podemos correr un riesgo semejante”, recordó Leichner.
MEMORIA FAMILIAR
Por su parte, Raúl Eichman, ganadero de Isletas, Diamante, subrayó que “un ganado sano mejora la productividad y nos garantiza cumplir con los estándares de los mercados internacionales a donde va nuestra carne”.
“Nosotros sufrimos a la aftosa en carne propia en el año 2001. Exactamente el 6 de abril fuimos con mi padre al campo, y papá me dice: ‘acá hay llaga’, y siguió. Yo no conocía la aftosa. Vino el veterinario a verlas y nos dice ‘hay que denunciar ya’, y sin dudarlo denunciamos en Senasa y Fucofa”, relató Eichman.
“De ahí después fue todo un trajinar de volver a curar todos los animales, ya que se le aflojan las pezuñas y aparecen bicheras en cantidades. Así que cada dos o tres días había que llevarlas todas a la manga y curarlas”, continuó el isleño.
En este sentido, Eichman detalló las graves consecuencias que implicó el tratamiento. “Los animales perdían un montón de peso. Por eso digo, el que no sufrió la aftosa, no sabe lo que es. Dejar de vacunar es mucho riesgo”, puntualizó.
“Hoy tenemos estatus sanitario de libre con vacunación. Me parece que hay que seguir, después se verá con qué modalidad: si una vez por año, si todo el año o el animal menor. Lo importante es mantener la vacunación. Hay que seguir vacunando, porque si llegamos a tener aftosa de vuelta… bueno, Dios no permita que pase eso”, concluyó Eichman.
Por otro lado, Bender vivió el impacto de la aftosa en el campo de su familia cuando era niño. “Cuando tenía siete u ocho años, viniendo de familia ganadera, un día encerraron la hacienda de mi abuelo y el veterinario descubrió que las vacas tenían las lenguas destruidas y los dientes cayéndose. Ese es el recuerdo que tengo de mi niñez: que los campos de la familia Bender en departamento Diamante tenían aftosa. Definitivamente no quiero ver una cosa así nunca más”, remarcó.
Por su parte, Leichner también tiene recuerdos sobre la enfermedad muy severos: “vi a la aftosa de cerca”, relató en referencia a un brote sucedido en un tambo instalado en cercanías del campo de su familia. “Para empezar, las vacas no daban leche. Luego perdieron peso y se murieron, las pérdidas resultaron indescontables”, remarcó.
HISTORIA, COMPROMISO Y UNIÓN
Continuando con la narración, Bender recordó cuando participó del plan sanitario desde su génesis en Diamante. Asimismo, se definió como “un defensor de la ruralidad y de los productores en general”.
“Fui incluso vacunador cuando se inició la campaña, a principios de la década de 1990. Desde entonces nos fue muy bien en todo sentido. Desde lo sanitario seguro, pero también porque nos permitió a los productores protegernos entre todos”, reflexionó.
Bender también recordó cómo salieron adelante, luego de que se dejó de vacunar a finales del siglo pasado, situación que derivó en la reaparición de la aftosa: “Se nos cerraron las fronteras, no pudimos exportar más. Fue un desastre, las vacas no valían nada porque nadie nos quiso comprar”.
“Hoy la ganadería argentina está pasando por un muy buen momento, hay exportaciones récord de hacienda, sumado a que vacunar contra la fiebre aftosa no representa un obstáculo ni en la operatoria ni en el financiamiento. Es prácticamente un costo mínimo que hoy tiene el productor controlando su estatus sanitario, y encima viene el vacunador al campo a realizar la tarea”, subrayó Bender.
“Siempre hay quienes hablan muchas veces sin conocimiento, y hay un 1% o 2% que opina sin saber y hacen daño. La verdad es que la lucha contra la fiebre aftosa está muy instalada y aceitada desde hace más de 30 años. No tenemos ningún motivo para dejar de vacunar, más aún con el riesgo que significa”, concluyó el producto diamantino.
Por su parte, Leichner respaldó estos dichos, y agregó que “la lucha nos mantiene unidos. Si llegamos a tener aftosa de vuelta, perderemos todos los mercados que recuperamos después de 10 años de puertas cerradas. Y cualquiera con un pensamiento lógico evitará volver a vivir aquello”.
SOBRAN LAS RAZONES
Leichner, el productor de Nogoyá amplió su mirada al definir que “veo lo que sucede en el mundo, con focos de aftosa por toda Europa y leo que aparentemente en Brasil quieren dejar de vacunar. Mi conclusión es que sobran las razones para seguir vacunando en la Argentina, para cuidarnos de cualquier problema que tenga Brasil que termine contagiando a la hacienda en la región. La aftosa no reconoce fronteras, como cualquier enfermedad”, sentenció.
