Aída Ortega Castelán y su primer poemario: Volaba el pez
¿Volaba el pez? /Yo lo vi /en un cielo de colores /lo vi /¿Qué decís? /Que lo vi /¿Qué hiciste? /Lo /puse en el agua/ ¿Y? /Se ahogó. Credit: Gentileza.

Aída Ortega Castelán es docente y bibliotecaria. También es especialista en literatura infantil y juvenil. Es poeta y narradora, pero por sobre todas las cosas, es una mujer obstinadamente soñadora, y en sus sueños comenzaron a escribirse estos poemas que hacen volar a un pez y salpican al lector con su lírica, interpelando los puntos sensibles de la condición humana. El amor, la ausencia, la fragilidad de lo cotidiano, la búsqueda, el sueño. Temas explorados por la autora, que da a conocer su primera recopilación de poemas. Un diálogo a cielo abierto.

Aída Ortega Castelán en primera persona

-¿En qué momento de la vida de Aída llega la poesía?

-La poesía llega de la mano de mi madre cuando yo era muy chica. Recién empezaba a leer, habré estado en primer grado y me recuerdo sentada en la alfombra del living, delante de mamá y ella, entusiasmada, enseñándome a recitar. La recuerdo ayudándome a “ver” y mostrar con mi voz y mi cuerpo lo que veía en esa poesía. Una vez, ya en séptimo, la maestra me pide que le muestre a la Directora del colegio mi recitado para un acto escolar. La respuesta fue “Muy lindo, pero sin las manos”. Volví llorando a casa y mamá me alentó “Tranquila, lo que tus manos no muestren, lo dirán tus ojos” y así fue. No pudieron quitarme la mirada.

Hoy miro el mundo con ojo de poeta, como diría nuestra querida Laura Devetach y no estoy siendo soberbia, es así. Cuando veo un arcoíris, enseguida imagino el dragón que lo soñó. Soy narradora oral, además de docente y bibliotecaria, convivo con la poesía todos los días. Con amigas narradoras o susurrantes (susurramos poesía a través de un mediador que es un tubo intervenido artísticamente) salimos a la calle a regalar poesía, participamos en eventos culturales, en espacios elegidos por supuesto. Eso me mantiene siempre en “modo poesía”. En la biblioteca donde trabajo la poesía está presente hasta en las paredes, de la mano de las infancias y los/las docentes. Cuando preparo espectáculos para adultos/as o infancias, además de los cuentos, siempre hay alguna poesía. Creo que no podría vivir de otro modo.

-¿Recordás los primeros poetas que leíste?

-Los que mi madre me leía: Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni. De ellas tengo presentes dos desde mi infancia: La higuera y Hombre pequeñito. Vas a decir que era muy chica para leerlas y lo era, sin embargo, disfrutaba muchísimo esas lecturas. Recuerdo también el Romance de la niña negra de Gabriela Mistral y un poema que ahora mismo podría recitarlo como lo hacía a mis siete años, pero no puedo recordar su autor o autora, hablaba de un banco de escuela maltratado.

-¿Cuándo comenzaste a escribir tus propios poemas?

Imposible definirlo. Siempre escribí desde que escribo. Algunos cuadernos guardé durante un tiempo, después, no sé qué fue de ellos. No todo lo escrito fue poesía, la mayoría. Tengo algunos cuentos también, quizás alguna vez, me decida a publicarlos.

-Si tuvieras que nombrar a tus influencias literarias a la hora de escribir, ¿quiénes entran en la lista?

-Difícil respuesta… María Teresa Andruetto, Laura Devetach, Alfonsina… Incluso Cortázar debe haber influenciado en mí desde la lectura apasionada que le brindé siempre.

El pez que vuela

-¿Qué es un pez volador para Aída?

-En realidad, no existía hasta que lo soñé. Hoy te diría que es un ser libre.

-¿Cómo fue el proceso de escritura de los poemas que se abrazan en el libro?

-¡Qué linda palabra “abrazar”! Esos poemas fueron surgiendo en cualquier y en todo momento. No pensaba en un libro, simplemente escribía. Es más, todavía hoy no caigo en que los publiqué. A veces ocurre que ando por la calle y veo algo que me inquieta, me interpela, necesito escribir. Entonces, saco el celular y me grabo. Cuando tengo papel, birome, lápiz y la situación lo permite, escribo. Así se fueron sumando. Un día decidí ordenarlos, juntarlos. Alguno surgió en el taller de escritura con Iris Rivera, otros en el taller de biodanza con Paula Martín. Algunos en pandemia. Una amiga poeta los leyó, me ayudó a ordenarlos, pulirlos y me alentó, Elizabeth Molver. Eso fue hace tres años. El documento estaba armado y yo seguía teniéndolo ahí, guardado en la computadora. En ese tiempo cada tanto volvía, los retocaba, entendía qué era eso que Eli me había dicho que revisara. Lo he compartido con amigas que ya publicaron. Siempre la respuesta fue: “¿Qué esperás?” Incluso resguardé la obra en la Dirección Nacional de Derecho de Autor y seguía sin decidirme.

Una tarde, en sesión, mi psicóloga me dijo “Hacer arte y no compartirlo, es un acto egoísta”. Salí de sesión y empecé a buscar editoriales.

-¿Y la génesis del arte de tapa?

-Ahhh!! Esa es una creación de mi hijo del medio. Aín es dibujante, músico, un artista. Le mostré el libro en pdf, lo tuvo unos días con él y me envió el primer boceto. Voy a contarte algo, cuando vi el primer dibujo lo llamé y le dije “Hijo, ¿no te parece un poco oscura la imagen?” Me respondió: “¿Y tu poesía, ma?” Me mató. No la había mirado así. Unos días después nos sentamos a revisar juntos la ilustración y entonces descubrí que él había sintetizado en una imagen seis o siete poemas del libro. Esa era su obra a partir de la mía y me pareció una maravilla.

-¿Qué te llevó a elegir Halley Ediciones?

-Cuando comencé a buscar editoriales mi mayor preocupación era que leyeran la obra. No buscaba una editorial económica, buscaba que quisieran publicarme. En general te contactás, enviás tu libro en un archivo y en menos de una semana te responden: “es tanto”. No leen el texto, cuentan las páginas. No quería eso. Un día veo una convocatoria de Halley, había que enviarles el libro y aseguraban responder por sí o por no porque leerían el material. Lo envié. La devolución no fue inmediata y cuando llegó, la respuesta mostraba una lectura comprometida, interesada. Eso me gustó. Consulté algunas editoriales más, incluso otra que también se tomó el tiempo para leer mi material, pero seguía prefiriendo a Halley. Me convenció principalmente, el hecho de poder elegir a mi ilustrador porque eso me permitía sacar un libro con mi hijo y, por otro lado, me gustaba la idea de que fuera una editorial que solo publica poesía y microrelatos. Hay una estética en la editorial que hace que nos demos cuenta enseguida “esos son libros de Halley, es poesía”. Además, la editorial no etiqueta sus libros en cajitas “libros para…”, la poesía no sirve para nada, la literatura no sirve para nada y, sin embargo, como dice nuestra querida Andruetto, “abre puertas” y una puerta que se abre, busca respuestas. No quiero que mi libro sirva para nada, quiero que abra puertas.

-¿Cómo definís la lírica que atraviesan los distintos poemas del libro?

-¡Qué pregunta difícil! Andruetto dice que escribe desde la pregunta que se hace sobre algo que no tiene respuesta en ese momento, o que no la encuentra, o no la sabe, yo me di cuenta de que en general escribo desde lo que me interpela, lo que me enoja, lo que me angustia. El yo poético en mis poemas en esos casos, denuncia, interpela.

Escribo también desde esa emoción profunda que me atraviesa, los hijos adultos, por ejemplo, quizás porque su presencia también interpela, espeja, denuncia y ahí me veo, en cada acierto, en cada duda, me veo y no tiene explicación, es.

Escribe Aída

¿Volaba el pez? /Yo lo vi /en un cielo de colores /lo vi /¿Qué decís? /Que lo vi /¿Qué hiciste? /Lo /puse en el agua/ ¿Y? /Se ahogó

Yo sé que sí

Fue un instante / un momento /estabas ahí /estoy segura /pestañeé /y dejé de verte

Paisaje cotidiano

Un cartón en la vereda/ enorme/doblado en dos/ Refugio de quien ya no ve pasar el día/ Duerme/ Gente apurada/ Ritmos de quienes ya no ven al hombre/ No lo ven/ dentro del cartón/ enorme/ doblado en dos/ Duermen

BIO

Cuentan que desde que los primeros sonidos salieron de su boca, /las historias crecieron entre realidad y fantasía.

Docente, bibliotecaria, especialista en literatura infantil y juvenil. /¿Alcanzan esas palabras para definir a una persona?

Escritora, poeta, narradora/¿Alcanza?/ Madre, hermana, hija, amante

No alcanza. / Loca, intensa y libre, / obstinadamente soñadora

Ahora sí.


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