Alumnos de la Escuela de Canotaje limpiaron el río
Los chicos de la Escuela de Canotaje municipal de Paraná en plena acción de limpieza del río. Encontraron de todo, hasta una cocina. Credit: Gentileza Escuela de Canotaje Municipal de Paraná

Tienen entre 12 y 17 años y decidieron sumar a su agenda semanal la práctica del canotaje, la disciplina deportiva que posibilita una inmersión al ámbito acuático a través de embarcaciones impulsadas por palas.

Más allá de sus objetivos previos, desde el inicio del curso fueron descubriendo un reino real superior en encanto al de fantasía de los cuentos de hadas y, sin proponérselo, desarrollaron la idea de explorarlo y de cuidarlo.

Así que cuando el instructor de la Escuela Municipal de Canotaje de Paraná propuso la actividad, los novatos palistas encararon con gusto la cura de un sector del Paraná afectado por desechos que la población arroja al río y arroyos.

Ya diestros en el manejo de las palas, los alumnos abordaron piraguas –provistas por la Escuela de Canotaje, Expedición y Natación en Aguas Abiertas (Ecenaa)– y pusieron proa hacia el lugar elegido para la misión. No importaron los salpicones de agua fría durante el cruce en bote, ni enterrarse hasta las rodillas en el barro de las costas del islote Curupí y de la isla Puente. Responder al pedido de ayuda de este sistema acuático bien lo valía.

Sin más herramientas que sus manos y con el fundamento de una conciencia ecológica arraigándose, colocaron los residuos en sus botes hasta un volumen seguro y volvieron a tierra firme con sensaciones encontradas.

EN PRIMERA PERSONA

Orgullosos por haber mejorado una pequeña porción de la ecorregión del Delta del Paraná, pero intranquilos por constatar que la conducta de autoagresión de buena parte de la sociedad no se detiene, tres de los protagonistas dieron testimonio a Mirador Entre Ríos sobre su experiencia.

“Me genera tristeza ver tanta cantidad de residuos en la costa, como en el balneario Thompson, y también en el río, como en el islote Curupí y la isla Puente. Por eso quisimos hacer la limpieza”, expresó, movilizado, Albertino Vega, de 17 años.

Intentando encontrarle explicación al egoísmo de muchos ciudadanos, Ian Berón (de 15 años) observó: “Me preocupa que haya personas que no entienden que la basura que no se tira en los contenedores termina perjudicándonos a todos”.

Sin tanto rodeo, Ramiro Martínez (16) agregó: “En Paraná hay un contenedor de basura por cuadra. Es una inconsciencia tirar basura al río”.

EL RÍO Y SUS NUEVAS VOCES

Los tres adolescentes expresan el pensamiento de la decena de alumnos que intercalan las tareas extra-áulicas de la educación formal con las de formación como palistas, mientras la interrelación con el entorno ribereño va moldeando una conciencia defensora del único espacio que contiene a todas las especies.

“Quienes tiran basura a los arroyos o al río tienen que darse cuenta que lastiman a nuestro ambiente y que esa basura luego les vuelve, porque es ingerida por los peces que ellos pescan y comen. Sería un gran alivio que busquen los lugares disponibles para residuos”, continuó aportando Albertino.

En tanto, sus compañeros se dirigieron a los encargados de controlar la limpieza en espacios públicos. “Creo que las autoridades tendrían que asignar a vigilantes con poder de aplicar multas. Además, periódicamente, organizar limpiezas del río”, propuso Ian.

“Sí, las advertencias y multas pueden funcionar, y podrían ser progresivas si no se toman en cuenta”, intervino Ramiro.

Aunque en el horizonte de los integrantes del grupo hay diversos objetivos, como convertirse en palistas de competencia, sus voceros asumen su actual rol de testigos de lo que encuentran en sus salidas al río. “Además de canotaje, en la Escuelita aprendemos muchas cosas, como dejar limpios los lugares que visitamos. Y hablamos con amigos y familiares sobre lo que hacemos”, resaltó Berón, cursista desde el último verano.

“En cada clase aprendemos algo nuevo sobre el cuidado del ambiente. Hablo bastante sobre el cuidado del río, sobre todo con amigos, que son quienes podrían dejarse llevar por la mala conducta de otros”, reconoció Martínez, quien se sumó en el inicio del ciclo lectivo.

Con dos años de práctica, Vega dio la palada final: “Hablo mucho con mis amigos y familiares sobre la forma de convertir la basura en energía aprovechable o que se descomponga más rápidamente. El suelo no soporta más contaminación”.

PASAJE A UN VIAJE ÚNICO

La Escuelita de Canotaje municipal es fruto del convenio sostenido en el tiempo entre la Subsecretaría de Deportes y la Ecenaa, que brinda infraestructura y materiales de seguridad.

Las clases se desarrollan en días laborables, de 14 a 17, y están a cargo de Pablo Taulada, con gran experiencia en formación de palistas juveniles, adultos y personas con discapacidad (paracanotaje).

Las inscripciones para adolescentes continúan abiertas hasta el final del ciclo lectivo. En tanto que las clases aranceladas para adultos –que comenzarán en septiembre y son brindadas por la Ecenaa– se están recibiendo en estos días, en el galpón más próximo a la Sala Mayo, en el Puerto Nuevo, en horario vespertino.

Se acostumbraron a navegar entre desperdicios, por eso los nóveles palistas se embarraron hasta las rodillas y concretaron otra acción ejemplar.

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