Maximiliano Pullaro, gobernador de Santa Fe, afianza su liderazgo provincial mediante reformas concretadas y una gestión basada en acciones. Esta solidez busca proyectarse en el resbaladizo escenario nacional, donde impulsa la construcción de una alternativa de gobierno.
El gobernador Maximiliano Pullaro inicia el 2026 con el objetivo de consolidar su posición a nivel provincial y nacional. Su gestión se cimienta en una serie de principios rectores expuestos en reiteradas ocasiones, cuya solidez se pondrá a prueba en la antesala de un nuevo recambio de autoridades gubernamentales. Esta observación no es forzada: el calendario electoral bianual impone hitos institucionales que condicionan y limitan el accionar político. Sin embargo, si bien estos hitos sirven de referencia constante, los períodos intermedios permiten el desarrollo de políticas ajenas al influjo directo de las campañas.
En 2025, Pullaro supo conjugar ambas dimensiones, ajustando sus estrategias en función de los resultados de sucesivos comicios. Estos resultados tuvieron implicancias tanto a nivel provincial como nacional, marcando el rumbo del futuro inmediato.
Consolidación provincial
En primer lugar, los guarismos de las elecciones provinciales y para convencionales constituyentes brindaron un sólido respaldo al proyecto liderado por el gobernador (a pesar del innegable ausentismo). Más allá de ello, estas elecciones habilitaron reformas institucionales profundas con efectos políticos concretos y perceptibles.
La victoria en las elecciones de convencionales constituyentes otorgó al frente Unidos la mayoría necesaria para avanzar con las reformas propuestas en la Carta Magna. Esta situación se vio fortalecida por una gestión de consensos que proveyó de amplio respaldo a la mayor parte del articulado, incluyendo la posibilidad de reelección.
Esta cláusula, en consonancia con el sistema de representación predominante en el país, convierte a Pullaro en el primer gobernador de Santa Fe con la posibilidad de renovar su mandato. Dicha potencialidad, por sí misma, tiene un efecto sustancial en la gestión. A diferencia de sus antecesores, el actual titular del Poder Ejecutivo conservará intacto su poder político al menos hasta la fecha de la elección, liberándose del denominado «síndrome del pato rengo», que implica la pérdida de influencia de un dirigente sin oportunidad de mantenerse en el poder.
De concretar su postulación a la reelección, Pullaro no solo contaría con buenas posibilidades (según el panorama actual), sino que también dispondría de una herramienta de cohesión y amalgama para el frente Unidos, capaz de evitar un previsible proceso de fricciones internas y un eventual resquebrajamiento. Además, un eventual segundo mandato representaría el cenit de la carrera política de Pullaro. El mandatario santafesino ha confirmado su intención de no postularse a la presidencia de la Nación, anunciando su retorno a la actividad privada tras su gestión (extendida o no) en la Casa Gris.
Estrategia nacional y sesafíos
No obstante, Pullaro ha enfocado sus expectativas y esfuerzos en posicionar el espacio Provincias Unidas (conocido también como la «Liga de Gobernadores») en la primera línea nacional, con el objetivo de disputar un balotaje a Javier Milei en caso de una eventual reelección presidencial.
Para ello, el traspié sufrido en la otra instancia electoral del año pasado, en la que se disputaron cargos para el Congreso de la Nación y donde La Libertad Avanza se impuso categóricamente en casi todo el país, no constituye un obstáculo insuperable. Atribuyendo el resultado tanto a la nacionalización de la contienda y al efecto «balsámico» del control inflacionario, como al escaso tiempo de que dispuso Provincias Unidas para consolidarse como opción electoral, Pullaro vaticinó un escenario diferente para 2027. Esto no sería producto de un «rejunte» ocasional, sino el resultado de un proyecto genuinamente alternativo, productivo y federal, contrapuesto al modelo liberal de Javier Milei y a la concepción «porteño-centrista» que le atribuye.
Pullaro no se sustrae de impulsar este proyecto, aunque no desde una hipotética postulación presidencial. Su empeño se evidencia en su activa participación en la configuración del bloque de la Cámara de Diputados, y en su intervención para posicionar a Leonel Chiarella como presidente de la UCR nacional, en contraposición a opciones más proclives a la simbiosis con el sector libertario. Lo que en un esquema genuinamente republicano debería ser parte de las reglas de juego básicas, en un sistema político dominado por la lógica de «amigos y enemigos» y regido más por la incondicionalidad de las adhesiones que por el debate de ideas y la administración equitativa de intereses, se convierte en un desafío mayúsculo y de resultado incierto.
Postulados de gestión
En este contexto, Pullaro basa su accionar en una serie de postulados que, si bien son compatibles entre sí, no siempre lo son con las expectativas o el nivel de tolerancia del oficialismo nacional:
- Apoyar políticas y medidas consideradas necesarias o provechosas, como las destinadas al control inflacionario, el déficit cero y la previsibilidad en la gestión de gastos y recursos (presupuesto). Esto incluye programas de reformas (laboral, impositiva, previsional, penal), con la posibilidad de discutir su contenido específico.
- Cuestionar los aspectos del modelo que no contribuyen al desarrollo productivo, como la desatención a la industria nacional, las pymes y la infraestructura vial y energética.
- Reclamar los fondos, programas y obras que, según su interpretación, corresponden a la provincia, incluyendo compensaciones y la deuda de origen previsional.
- Formular, como única concesión ideológica-partidista, el compromiso de que el Kirchnerismo (sobre el cual se permite la crítica y los cuestionamientos) nunca regrese al poder.
- Enmarcar cada una de estas pautas en la defensa de los intereses provinciales y en una gestión que se materialice en cambios o realizaciones que mejoren directamente la calidad de vida de los santafesinos.
Decisiones clave y perspectivas
Este «credo operativo», sistematizado a partir de declaraciones textuales o parafraseadas de Pullaro, fundamenta conceptualmente cada decisión. Esto incluye desde la negativa a liquidar de inmediato los 800 millones de dólares gestionados para obra pública (exigencia del gobierno nacional), hasta el rechazo del acuerdo sobre la deuda previsional por un monto considerado muy inferior al correspondiente.
También se explica la demora en conceder al ministro del Interior, Diego Santilli, la «foto» que, como muestra de buena voluntad, sí se tomó con otros referentes provinciales. Pullaro no busca un desplante al funcionario nacional, con quien mantiene buena relación y diálogo efectivo, sino evitar a los santafesinos la exhibición de una imagen posada y vacía de contenido. Al menos, hasta que dicho contenido se materialice. En este punto cobran fuerza propuestas como la cesión de inmuebles en desuso o desatendidos, terrenos o viviendas sin terminar, o el reclamo por el alarmante estado de las rutas, sobre el que no deja de advertir.
En el plano interno, objetivos como la reducción del déficit de la Caja de Jubilaciones o la garantía del cumplimiento del período lectivo han generado más costos políticos que reconocimiento. La renovación de la Corte Suprema de Justicia, aunque con fricciones y cuestionamientos, avanza hacia su concreción en el marco de una reformulación integral del Poder Judicial. El combate a la inseguridad y la disputa con las organizaciones criminales también ha conllevado fuertes costos y generado críticas y tensiones con el gobierno nacional, pero exhibe indicadores indiscutibles de un cambio de situación.
Este es el panorama que configura el escenario de 2026. En un calendario que por momentos parece interminable y por otros frenético, este año representa el punto de inflexión de la mitad del mandato, y se erige como la oportunidad para completar y apuntalar procesos en marcha, así como el ineludible prólogo de otros aún incipientes.
