Pasan los años, las décadas y la leyenda continúa. Y hasta se agiganta. Es la que habla de un magnetismo único entre todo un pueblo y un deporte que no es considerado popular: el triatlón.
Se desarrolló la 41ª edición del Internacional de La Paz, uno de los pioneros a escala país y con trayectoria desde 1985, solo interrumpida en 2021 por las restricciones por pandemia. Sin incentivos de otrora, como ser puntuable para el sistema de clasificación a los juegos olímpicos o los juegos panamericanos, extrañamente mantiene una convocatoria masiva.
La evidencia es clara: mientras en distintas competencias oficiales a escala país la concurrencia no supera los 200 inscriptos, en La Paz se presentaron 1.046 triatletas. Llegaron desde todo Entre Ríos y Argentina, de países de la región, como Uruguay y Paraguay, y de latitudes lejanas, como Panamá, Estados Unidos o Grecia.
Sin fecha en los calendarios de los entes rectores, la Capital Nacional del Triatlón –declarada así por el Congreso de la Nación a finales de 2021– sigue resultando tan atractiva para los nostálgicos de los inicios de esta disciplina y para las nuevas generaciones.
SUS ATRIBUTOS
Más allá de que solo un estudio a escala social podría explicar por qué esta conexión permanece incólume al paso del tiempo, algunos factores otorgan pistas claras: su organización de excelencia, su renombre y el respaldo de toda su población.
Así ha captado a la nueva camada de triatletas –de distintas edades y hasta con pasado en otras disciplinas–, que conformó casi el 50% de los enlistados de la edición 2026.
Ellos afrontaron una prueba de carácter nadando en el Paraná –el quinto río más caudaloso del planeta– y exponiéndose abrasador asfalto en la ruta y las calles. Pero, sobre todo, experimentaron el torrente fogoso de afecto intenso que los fundió con los fanáticos del triatlón.
BUSCANDO UNA EXPLICACIÓN
Por estos días intentan expresar con palabras esa huella psíquica que los ha marcado; unos pocos lo logran. Para tener una dimensión más aproximada, vale remitirse a quienes llevan varios años disfrutando de esa sensación mística, como los ganadores.
“Al triatlón de La Paz hay que vivirlo, es difícil explicarlo. Al pasar por los barrios no hay un solo segundo en el que no recibas aliento”, expresó el vencedor por segunda vez en el historial, Tadeo Baruffato, a la transmisión vía streaming del equipo Locos por el Tria.
“Gracias infinitas a La Paz, a mi gente. Fue un fin de semana, junto a personas de oro, que no voy a olvidar”, prometió el santafesino (nacido en Garay), que conoció esta carrera cuando era infantil y actualmente apuesta a desarrollarse en España.
“Estoy muy contenta de volver a llevarme un triunfo en este maravilloso triatlón, el mejor del mundo”, replicó, sin rodeos, María Victoria Rivero al mismo medio.
“Lo disfruté al máximo, al pasar por el barrio Congo casi me quedo a bailar, porque en los altoparlantes sonaba un tema musical que me encanta. Esta fiesta no se vive en otro lugar, no hay comparación con este tria”, agregó la victoriense que viaja hace 28 años a La Paz y cosechó triunfos en Juveniles y Mayores y varias participaciones en Elite, logrando clasificar a los Juegos Panamericanos Toronto 2015.
Aunque la lejanía con otras urbes y la carencia de infraestructura desafíen a la organización en cada edición, el calor popular y la visita en masa de contingentes del cono Sur americano siguen anunciando que el triatlón de La Paz continúa bien vital.
CARRERA AL CIELO
Un par de días después de la realización de la 41ª edición del Triatlón Internacional de La Paz, la comunidad se conmovió por el fallecimiento de Ignacio Vivas, el gurí con distrofia muscular de Duchenne que en los últimos años había conmovido por su espíritu resiliente. Con solo 13 años, Nachito emprendió varias campañas para visibilizar esta enfermedad, que lo llevaron a superar dificultades y límites. Por ejemplo, su constancia para asistir a la Escuela de Educación Técnica Nº 1 España motivó que las autoridades de la empresa de transporte incorporaran unidades con rampa para discapacitados; también fue el ícono de cuatro ediciones de carreras pedestres para concientizar sobre Duchenne.
El sábado anterior había disfrutado de cumplir su sueño al recorrer el tramo pedestre del tria paceño en un triciclo especial, empujado por los triatletas Marcos Gómez y Álvaro Yanelli. Fue su carrera al infinito.

