Argentina, junto a Brasil y Uruguay, consolidó su rol protagónico en el mercado global de soja, incrementando sus exportaciones hacia China. Esta reconfiguración se da en un contexto de guerra comercial entre Beijing y Washington, que alteró los flujos tradicionales de abastecimiento del gigante asiático, gran demandante de más de 100 millones de toneladas anuales para su industria cárnica.
China, el gigante que mueve el mercado de la soja
Con más de 1.400 millones de habitantes, China se erige como un actor económico central y un demandante estructural de alimentos y materias primas. Su vasto territorio de 9,6 millones de km² y un poder adquisitivo en constante crecimiento la posicionan como la mayor industria porcina del mundo, concentrando en la última década el 55% del stock global de cerdos. Además, su producción de carne aviar supera a la de la Unión Europea y Brasil, aunque aún por debajo de Estados Unidos. Esta magnitud productiva explica su insaciable necesidad de insumos forrajeros, especialmente harina de soja, pilar en los sistemas intensivos de alimentación animal, vital para el crecimiento de sus feedlots.
La brecha entre consumo y producción nacional
El último informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) para la campaña 2024/25 revela la magnitud de este desequilibrio. China demandó 76 millones de toneladas de harina de soja, lo que representa el 74% del total de harinas proteicas destinadas al consumo animal global. Para abastecer esta cifra, el país procesó 103 millones de toneladas de poroto de soja. Sin embargo, su producción interna se limitó a apenas 20 millones de toneladas, una cifra que refleja su especialización agrícola en otros cultivos estratégicos. Esta diferencia, de gran magnitud, se salda con importaciones, consolidando a China como el principal comprador mundial de soja. En 2025, las compras externas alcanzaron un récord histórico de 112 millones de toneladas, un volumen que marca la tendencia en el mercado granario internacional y que, para la Bolsa de Comercio de Santa Fe y la BCR, es un dato clave a seguir para la formación de precios.
Sudamérica, el gran socio estratégico
Desde 2013, Brasil ha emergido como el proveedor dominante de soja para China. En 2025, los envíos brasileños al mercado asiático totalizaron 82 millones de toneladas, quintuplicando las ventas de Estados Unidos. Argentina también jugó un papel relevante, embarcando casi 8 millones de toneladas, mientras que Uruguay aportó 3,1 millones. En conjunto, el 83% de las importaciones chinas de soja en 2025 tuvieron origen sudamericano, marcando la mayor concentración regional registrada hasta el momento. Este fuerte sesgo hacia nuestra región estuvo directamente condicionado por las tensiones arancelarias entre China y Estados Unidos. A comienzos de 2025, Washington implementó aranceles de hasta 145% sobre bienes chinos, a lo que Beijing respondió con alícuotas del 125% a productos estadounidenses. La soja, por su peso estratégico en el comercio, fue uno de los productos más afectados, llevando a una alteración de la estacionalidad de compras. China adelantó sus adquisiciones, concentrándolas entre abril y septiembre, período en que la soja sudamericana ofrece una mayor competitividad por la cercanía de la trilla. Durante esos meses, las compras fueron 26% superiores a lo habitual. En contrapartida, las adquisiciones se redujeron significativamente hacia fin de año, cuando el poroto estadounidense suele dominar el mercado.
El escenario futuro: entre la geopolítica y las proyecciones de cosecha
En once de las últimas doce campañas, la producción estadounidense superó las 100 millones de toneladas, exportando en promedio el 46% de su cosecha, de la cual China solía absorber el 56%. No obstante, en 2025 los embarques de soja estadounidense hacia China cayeron a 17 millones de toneladas, un 38% por debajo del promedio quinquenal, y se interrumpieron completamente desde septiembre. Brasil, Argentina y Uruguay, con el acompañamiento de un clima favorable para el desarrollo de cultivos en nuestras principales zonas agrícolas, compensaron esa merma con volúmenes récord, e incluso modificaron la estacionalidad de sus ventas, con envíos sostenidos durante el segundo semestre, algo inusual especialmente en el caso argentino. A fines de octubre, China y Estados Unidos lograron un acuerdo que compromete al país asiático a comprar 12 millones de toneladas de soja estadounidense hasta febrero de 2026, un volumen que ya comenzó a embarcarse. El futuro inmediato estará fuertemente condicionado por la evolución de este conflicto comercial y por la oferta sudamericana. Brasil proyecta una cosecha récord de 178 millones de toneladas para el ciclo 2023/24, mientras que Argentina se encamina a una producción cercana a los 47 millones de toneladas, un dato que monitorean de cerca los productores de la zona núcleo. La combinación de tensiones geopolíticas, récords productivos y cambios en los flujos comerciales será determinante para la formación de precios internacionales en los próximos meses, en un mercado donde China, sin duda, continúa siendo el actor decisivo y la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) ya analiza su impacto.
