Un adolescente protagonizó el pasado lunes un grave ataque armado en la Escuela N° 40 “Mariano Moreno” de San Cristóbal, matando a un alumno de 13 años e hiriendo a otros tres con una escopeta. Mientras la defensa del menor, a cargo del abogado Sebastián Oroño, descarta indicios de bullying o participación de terceros, la investigación aún no ha determinado cómo el agresor accedió al arma utilizada en el hecho.
La estrategia de la defensa en el ataque de San Cristóbal
La defensa del menor que este lunes protagonizó un ataque armado en la Escuela N° 40 Mariano Moreno, en la ciudad de San Cristóbal, centra su argumentación en el estado de salud mental del adolescente. La parte legal sostiene que el joven posee antecedentes de autolesiones e incluso intentos de suicidio, en el marco de una situación personal compleja.
Así lo confirmó a El Litoral el abogado Sebastián Oroño, quien además enfatizó que el chico es no punible. Según la defensa, no existen indicios que sugieran situaciones de acoso escolar (bullying) ni que el ataque haya sido dirigido específicamente a una víctima. Asimismo, el origen del arma utilizada, una escopeta con la que dio muerte a un alumno de 13 años e hirió a otros tres, aún es desconocido.
Antecedentes personales y familiares del adolescente
De acuerdo con la exposición del letrado, el adolescente no mostraba conductas violentas o conflictivas en el ámbito escolar. Por el contrario, fue descripto como «un chico totalmente tranquilo», lo que profundiza el desconcierto en la comunidad educativa y en su entorno familiar.
Sin embargo, en paralelo a esa imagen pública, el menor atravesaba un delicado cuadro de salud mental. «Venía con tratamiento psicológico previo, con problemas personales y familiares que lo afectaban», explicó Oroño. En este contexto, el abogado confirmó la existencia de antecedentes de autolesiones e incluso intentos de suicidio, aspectos que serán fundamentales en la estrategia defensiva.
Oroño aclaró que estos elementos deberán ser corroborados mediante informes profesionales, en caso de que se releve el secreto médico, pero insistió en que el joven ya se encontraba bajo seguimiento antes del suceso.
El origen del arma: un interrogante clave
Uno de los puntos centrales de la investigación continúa siendo el origen del arma empleada en el ataque. Hasta el momento, no se han obtenido precisiones sobre cómo el menor accedió a la escopeta.
«La familia asegura que no tenía armas y que al chico no le gustaban», indicó Oroño, quien añadió que el padre del adolescente se mostró «sumamente sorprendido» por lo ocurrido. Incluso, relató que en una oportunidad lo llevó a cazar y que el joven rechazó dicha experiencia.
Tampoco hay elementos concretos que señalen la participación de terceros. Si bien circularon versiones sobre un posible cómplice, desde la defensa se descartó esa hipótesis, considerándola sin sustento hasta ahora. «El único apuntado es el menor», afirmó el abogado.
Un ataque al azar y sin móvil preestablecido
Otro aspecto que surge de los primeros testimonios es que el ataque no habría estado dirigido contra una víctima específica. Según la reconstrucción preliminar, el menor habría disparado «contra el que se cruzaba», sin un blanco predeterminado.
En esa línea, Oroño descartó, «al menos por el momento», que haya existido una situación de bullying o acoso escolar como detonante. «No surge ni del ámbito familiar ni del escolar», precisó.
Frente a este escenario, la principal hipótesis manejada por la defensa es la de un episodio aislado vinculado a un cuadro psicológico. «Podría tratarse de un brote psicótico o de algo muy personal», señaló el abogado, quien aún no pudo entrevistarse directamente con el adolescente, actualmente alojado en un centro de atención para menores en la ciudad de Santa Fe.
