Las cifras presentadas por María Cecilia Vranicich, Fiscal General del Ministerio Público de la Acusación (MPA), ante el Senado Provincial el jueves último, generaron un impacto significativo, aunque no sorpresivo. Durante el año 2025, se registraron 448 suicidios en la provincia de Santa Fe. Este número supera las víctimas por siniestros viales (306) y los homicidios dolosos (210), convirtiéndose en la principal causa de muertes violentas en el territorio.
Este dato, extraído del informe anual del organismo, subraya la urgencia de una lectura profunda y un abordaje integral de la problemática. Cristina Gentile, coordinadora del Programa de Abordaje del Suicidio del Ministerio de Salud de la provincia, enfatizó en diálogo con El Litoral que esta temática es prioritaria para el actual Gobierno Santafesino.
«Notamos un aumento de situaciones de salud mental», explicó Gentile, destacando la complejidad del fenómeno. El Ministerio de Salud provincial prevé publicar a mediados de año su propio registro, que consolidará la información del MPA, el Registro Civil y la policía. Este nuevo informe permitirá desglosar los casos de suicidio por edades y localidades, buscando obtener «números de buena calidad» para un análisis regional más preciso.

La relevancia de datos precisos
Gentile subrayó que el suicidio es una problemática global y multicausal, influenciada por factores individuales, históricos, culturales, económicos y sociales. En este sentido, los datos estadísticos son herramientas fundamentales para la formulación de políticas públicas, permitiendo una «lectura territorial» que evite visiones «sesgadas o limitadas a una cuestión individual».
Al ser consultada sobre la coincidencia de las cifras preliminares del Ministerio de Salud con las del MPA, Gentile afirmó: «Para nosotros es una fuente, y claro que la consideramos». Sin embargo, hizo una importante distinción: «es necesario aclarar que el suicidio no es un delito: matar a alguien es un delito, pero matarse no lo es».
La coordinadora enfatizó que el suicidio no debe reducirse a una patología mental, sino que es «un tema de salud pública que atañe a la integralidad de la persona y tiene impacto en toda la comunidad». El sufrimiento se extiende más allá del entorno cercano, afectando a toda la comunidad, especialmente en localidades pequeñas.

Hacia un enfoque integral en políticas públicas
Ante la contundencia de las estadísticas, surge la pregunta sobre la focalización de las políticas públicas. Gentile afirmó que «obviamente el esfuerzo hay que ponerlo en esta temática», aunque desaconsejó compararlo directamente con los asesinatos, a pesar de que «puede ser entendida como violencia dirigida a la propia persona».
La especialista señaló un ejemplo revelador del informe del MPA: los traumatismos por accidentes de tránsito. Al observar que hay personas que se accidentan de manera reiterada o conducen con temeridad, se puede inferir una conexión con tendencias autodestructivas. «Por eso la lectura tiene que ser cuidadosa cuando hablamos de suicidio: todos tenemos un empuje hacia la vida y la producción y, también, un empuje hacia la muerte y la autodestrucción», concluyó.
La importancia de la comunicación y la escucha
Sobre cómo comunicar eficazmente esta problemática, Gentile destacó el rol de los medios en la prevención: «Los medios tienen que trabajar en la prevención que es hablar de suicidio». Desmintió el mito de que hablar del tema induce al suicidio; por el contrario, para quien considera la decisión, poder expresarlo y ser escuchado puede aliviar la «tensión psíquica».
La ideación suicida, es decir, el acto de hablar sobre la muerte, nunca debe ser minimizada. Si una persona lo hace de forma recurrente, es crucial escuchar atentamente, sin ofrecer consejos superficiales como «Tenés que pensar en tu familia» o «Tenés toda la vida por delante». La clave es «escuchar, entender por lo que está pasando esa persona y acompañarla en lo que le está pasando».

Dónde acudir y la articulación intersectorial
Frente a la pregunta sobre los recursos disponibles, Gentile orientó: «Podemos acompañar a un centro de salud, a un hospital y, si se trata de una situación urgente, llamar al 107». En el ámbito escolar, se promueve la vinculación con equipos especializados, articulando con el Ministerio de Educación y el Ministerio de Igualdad y Desarrollo Humano a través del programa Nueva Oportunidad, para capacitar a quienes escuchan y acompañan.
El abordaje post-suicidio («posvención») es un trabajo intersectorial que trasciende el ámbito de la salud, involucrando a educación, talleres e instituciones comunitarias. El Ministerio de Salud ha desarrollado una guía de cuidados para el abordaje de autolesiones, intentos de suicidio y suicidio consumado, con un marco normativo específico para niños, niñas y adolescentes. Además, cuentan con el SICAP (Sistema de Atención Primaria), que permite diferenciar con claridad la ideación suicida, la autolesión y el intento de suicidio para obtener datos de calidad.
Señales de alarma y grupos de atención prioritaria
Gentile no se mostró sorprendida por el actual escenario de visibilidad de los casos de suicidio, señalando que «siempre estamos dentro de la media provincial y sabíamos que después de la pandemia todo lo relacionado con salud mental iba a estar en aumento».
Respecto a las señales de alarma, la especialista indicó que «hay que estar atentos cuando la persona se aísla, que es lo que llamamos retraimiento, se encierra en sí misma o en su habitación, no quiere hablar, responde con monosílabos, hay desinterés, falta de motivación». También son indicadores de riesgo la persistencia de ideas negativas («no me quiero levantar a la mañana», «estoy pensando de qué manera irme de este mundo»), cambios repentinos de conducta, dificultades para trabajar, estudiar y dormir, sentimientos de fracaso, y expresiones de autodesprecio como «No sirvo para nada» o «Yo soy el problema».
El programa provincial focaliza en dos grupos etarios: niños y adolescentes, y adultos mayores. Este último grupo, a menudo «invisibilizado», requiere atención especial, ya que muchas veces viven solos, padecen enfermedades crónicas y carecen de apoyo familiar.
Finalmente, Gentile concluyó con un llamado a la acción: «Hay que volver a escuchar atentamente y a mirar al otro porque la indiferencia frente al malestar del otro también es una forma de violencia. Y porque todos podemos hacer algo». Además, reiteró la necesidad de derribar mitos: hablar del suicidio no lo induce, no es cierto que quien lo anuncia no lo cumple, ni que esté siempre ligado a una depresión diagnosticada por profesionales de salud mental.
