A un año del fallecimiento del papa Francisco, monseñor Sergio Fenoy, arzobispo de Santa Fe, rememora la partida de Jorge Mario Bergoglio, ocurrida, según sus palabras, en un día cargado de significado: «fue un hermoso día para morir. Creo que ha sido un regalo de Dios para él, porque era el día de Pascua».
Este aniversario invita a revisitar la figura del primer Papa latinoamericano, con un matiz especial para los santafesinos, quienes lo tuvieron como joven jesuita en formación en las aulas y pasillos del Colegio de la Inmaculada, mucho antes de su ascenso a líder espiritual global.
La huella santafesina de Bergoglio
Nacido el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires, hijo de inmigrantes italianos y técnico químico antes que sacerdote, Bergoglio ingresó a la Compañía de Jesús en 1958 y fue ordenado en 1969. Si bien su biografía es ampliamente conocida, hay aspectos menos visibles que ayudan a entender su estilo: su vida en barrios populares, su dedicación a la enseñanza y una marcada austeridad cotidiana. En Santa Fe, dejó una marca silenciosa que, aun hoy, emerge en la memoria colectiva.
Monseñor Fenoy sintetiza la esencia de Bergoglio con una palabra: «cercanía». Una cualidad que, según el arzobispo, no era un gesto superficial sino una forma de estar en el mundo, trabajada incluso sobre su propia personalidad.
«Ha sabido manejar mucho su afectividad. Por momentos podía ser distante, duro, pero supo moldearse según los lugares y responsabilidades. Y al mismo tiempo, ser muy tierno con los ancianos, con los niños, con los pobres», explica Fenoy.
Los santafesinos vivieron esa cercanía de primera mano, ya que Bergoglio fue sacerdote en la ciudad durante su juventud y etapa de formación. Fenoy destaca cómo la comunidad siempre recordó ese paso, incluso antes de que fuera Papa, aludiendo a «el cardenal Bergoglio que había estado aquí».
El recuerdo se traduce en anécdotas concretas, como cuando el Papa preguntaba por personas o recordaba «algún prócer santafesino que ya no estaba». Esta persistencia en la memoria, según el arzobispo, es señal de una personalidad que «no dejó a nadie indiferente».
Gestos personales y un pontificado transformador
La cercanía de Bergoglio también se manifestaba en gestos mínimos, pero constantes. Fenoy recuerda detalles como las llamadas personales del Papa para saludarlo en su cumpleaños, incluso ya en el pontificado. «No era amistad, pero sí afecto, educación», precisa.
En ámbitos más formales, Fenoy lo conoció en la Conferencia Episcopal, donde Bergoglio demostraba una rigurosa ética de trabajo: «seguía cada tema personalmente, me corregía los textos, no firmaba nada sin leerlo tres veces. Me hacía rehacer los documentos. A la cercanía hay que sumarle la laboriosidad y la responsabilidad». Un ejemplo temprano de esta atención fue cuando un joven Sergio Fenoy, seminarista de 18 años con dudas vocacionales, escribió a la Compañía de Jesús y recibió una respuesta personal del entonces Bergoglio, quien «se tomó el tiempo de atender a alguien que no conocía».
Elegido Papa el 13 de marzo de 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI, Francisco trasladó este modo de ser ?personal, directo, atento? a su pontificado. Inauguró una etapa marcada por reformas, gestos simbólicos y una insistente apelación a las periferias. Documentos como Laudato si’ y Fratelli tutti ampliaron su voz, mientras su estilo «vivir en Santa Marta, simplificar ceremonias, priorizar el contacto directo» redefinió el rol papal en el siglo XXI.
Un camino de escucha, discernimiento y encuentro
Para monseñor Fenoy, el legado de Francisco aún no se puede medir en su totalidad, ya que «está todo muy fresco». Sin embargo, considera que dejó «un camino, un método», resumido en tres palabras: escucha, discernimiento y encuentro.
La escucha, como primer paso, implica «escuchar de verdad, con atención, con empatía, poniéndonos en el lugar del otro. Él insistía mucho en mirar la realidad desde las periferias». Luego viene el discernimiento, «no decidir desde un escritorio, sino después de haber escuchado, comprendido, incorporado la realidad».
Y finalmente, el encuentro, donde Francisco fue «un maestro», sin miedo al diálogo ni a ceder, incluso ante el conflicto. Este esquema, subraya Fenoy, no es exclusivo del ámbito religioso, sino que «la sociedad política, las instituciones, todos podrían recorrerlo».
En Argentina, la figura de Francisco mantiene una singularidad: nunca regresó como Papa. Aunque siempre hay rumores, no hay confirmación oficial sobre una posible visita de un futuro pontífice.
«Se habla de una posible visita del Papa León XIV. ¿Qué se sabe?», le preguntaron a Fenoy. «No tenemos ninguna confirmación oficial. Siempre está el rumor, pero un viaje se prepara. No es algo inmediato. Yo no descarto la posibilidad, pero hoy no hay nada concreto», respondió el arzobispo.
Cómo recordar a Francisco en el día a día
El aniversario de su muerte se convierte en una oportunidad íntima para los santafesinos. «Tomando alguna de sus palabras. Una frase que llegue al corazón, escribirla, tenerla cerca», propone Fenoy, comparándolo con el recuerdo de algo que decían los padres.
En esa práctica mínima, casi doméstica, se cifra la persistencia de su figura. Francisco, el Papa que hablaba «en dialecto», que inventaba palabras como «primerear» o «misericordiar», y que construyó su liderazgo desde la cercanía, sigue siendo, un año después, una voz que no se apaga del todo. «Es una herencia que con el tiempo se va a valorar cada vez más», concluye monseñor Fenoy.
