Luis Caputo, ministro de Economía, reconoció el agotamiento del margen para nuevos recortes de gasto público («motosierra»). Ante este límite, el Gobierno de Javier Milei apuesta a un fuerte crecimiento económico para recomponer la recaudación y asegurar el superávit primario del 1,4% del PBI. De no materializarse esta recuperación, la meta fiscal demandaría un ajuste adicional del 5,1% del gasto, marcando un punto de inflexión para la gestión económica nacional y las perspectivas electorales.
Señales de recuperación económica y el desafío fiscal
La economía argentina comienza a exhibir signos de expansión, a pesar de los diversos shocks negativos que la han afectado. En este contexto, el presidente Javier Milei, en medio de cruces internos que desafían su estructura política y con investigaciones por corrupción en curso (como los casos Adorni, Caso Libra y Spagnuolo), apuesta a diluir estas tensiones y proyecta su futuro político. Durante la pasada semana, en un evento en el Malba, el mandatario afirmó: «Estamos entrando en un sendero donde la tasa de inflación sigue cayendo y la economía empieza a expandirse». Estas declaraciones precedieron su reconocimiento explícito de estar en carrera electoral, sugiriendo que los números económicos podrían generar recursos adicionales para gastos sin comprometer las metas fiscales.
El último informe del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC, correspondiente a marzo, registró una suba interanual del 5,5%, con un incremento del 3,5% respecto a febrero y un avance del 0,4% en la tendencia-ciclo. Sectores clave como Pesca (+30,9%), Agro (+17,9%), Minería (+16,3%) y Manufacturas (+4,6%) mostraron una actividad positiva.
El Gobierno de Javier Milei anticipa un segundo semestre de crecimiento para el año en curso. Las proyecciones de expansión del Producto Bruto Interno (PBI) oscilan entre el 2,8% según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el 3,5% de acuerdo con las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el 3,6% proyectado por el Banco Mundial. Sin embargo, más allá del aporte de sectores como Vaca Muerta, el agro y la minería, la recomposición de la recaudación fiscal se presenta como un desafío fundamental para sostener el superávit primario.
Desde el Ministerio de Economía, se espera que el anuncio de garantías de organismos financieros internacionales contribuya a disipar las expectativas financieras negativas de cara al año electoral. Una reducción en el ecosistema de tasas de interés podría impulsar la demanda de pesos –que ya ha comenzado a crecer–, favoreciendo la reactivación económica. No obstante, la configuración de un clima social alineado con este escenario financiero depende en gran medida del comportamiento de los salarios.
La ecuación política y la reelección
La relación entre los ingresos fiscales y el gasto público es una variable central en la aspiración del presidente Javier Milei a la reelección. Un cálculo del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) señala que, si los ingresos tributarios nacionales experimentaran una suba real interanual del 3%, no sería necesario un ajuste fiscal adicional y el gasto no indexado podría incrementarse un 6,5%. Asimismo, el IARAF añade que si la variación de los ingresos tributarios fuera nula, pero los ingresos no tributarios aumentaran un 8% (por ejemplo, a través de privatizaciones), se podría financiar la parte indexada y mantener constante el gasto primario no indexado.
En este marco, el ministro de Economía, Luis Caputo, delineó la frontera decisiva para la explícita pretensión presidencial: «Tenemos que recaudar más. Seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil porque estamos en un nivel de gasto a nivel de Tesoro de 15 puntos del PBI (aproximadamente 14,1% en abril). Es el nivel de gasto que había en los ’90 y 10 puntos menos que el pico de hace unos años.» Estas declaraciones se alinean con las expresiones del propio Milei, quien en una entrevista a Neura afirmó días atrás: «No solo voy a terminar este mandato sino que voy a aplicar a otro si creo que hice las cosas bien. Después, decidirá la gente».
La decisión ciudadana, influenciada por la oferta política y la combinación de sentimiento y situación económica («bolsillo»), también es un factor determinante. Si bien el peronismo presenta chances, su división actual le impediría competir con expectativas favorables, lo que otorga un margen temporal a la estrategia de Karina Milei de consolidar una oferta política sin frentes internos ni socios externos a La Libertad Avanza (LLA).
La Casa Rosada monitorea de cerca el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), que se ubicó en 1,99 puntos en el último registro. Este valor representa una baja del 1,6% respecto a abril de 2026 (cuando había sido de 2,02 puntos). El ICG acumula cinco o seis meses consecutivos de caída en 2026, y la contracción acumulada en lo que va del año alcanza aproximadamente el 19,2%. Este es el nivel más bajo registrado en toda la gestión actual. Esta situación subraya la importancia de los gestos políticos, como el abrazo del presidente a Patricia Bullrich y a Santiago Caputo en el balcón, en un contexto donde el mandatario no desacreditó a Karina Milei, Manuel Adorni ni a la familia Menem, pero avaló al «mago del Kremlin», quien criticó duramente al titular de la Cámara de Diputados por «mentir al presidente».
Sin margen para más ajuste: proyecciones fiscales
El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) proyecta un escenario económico complejo para Argentina en el año 2026, donde contrasta las metas presupuestarias oficiales con la realidad de los datos recaudados. El documento advierte que el objetivo gubernamental de aumentar los ingresos tributarios resulta inalcanzable sin un crecimiento económico sostenido. De no mediar dicho crecimiento, y para cumplir con la meta de un superávit primario del 1,4% del PBI acordada con el FMI, el Estado se vería obligado a aplicar un ajuste severo no vinculado a la inflación.
En este contexto, el margen de maniobra del Gobierno se ve limitado por la composición del gasto público. Aproximadamente el 55% del gasto primario total está constituido por partidas indexadas por ley, como jubilaciones, pensiones y asignaciones, las cuales se mantienen prácticamente constantes o experimentan leves alzas en términos reales, impidiendo recortes significativos.
Si se concretara una proyección de caída real interanual de los ingresos tributarios del 2,9% para 2026, los equipos técnicos liderados por Nadin Argañaraz estiman que el gasto primario no indexado debería experimentar una baja anual del 6,2% en términos reales. Considerando que este gasto ya se redujo un 8,6% durante el primer cuatrimestre, el esfuerzo restante implicaría una caída adicional del 5,1% en los últimos ocho meses del año. Esta opción presenta un costo social elevado, evidenciado por los cuestionamientos a los recortes en áreas como las universidades, la atención a personas con discapacidad o el PAMI.
