Demolición de La Casona en Santa Fe destapa la problemática de 300 inmuebles abandonados

El reciente derribo del búnker número 120 en la ciudad de Santa Fe reavivó el debate sobre la proliferación de espacios ociosos que se transforman en aguantaderos barriales. Al respecto, el concejal Lucas Simoniello advirtió que la capital provincial concentra cientos de inmuebles en estado crítico que permanecen en situación de abandono, generando un problema latente para la seguridad de los santafesinos.

El avance contra el microtráfico y las «caries urbanas»

La demolición de una casona que funcionaba como punto de venta de drogas en Santa Fe representó un paso significativo en la lucha contra el microtráfico. Sin embargo, este operativo dejó al descubierto una problemática urbana mucho más profunda: las «caries urbanas». Se trata de centenares de inmuebles abandonados que no solo afean el paisaje de nuestros barrios, sino que también representan un riesgo latente para la seguridad y la salud de los vecinos en toda la capital. El concejal Lucas Simoniello brindó detalles del operativo provincial y contextualizó la magnitud de esta situación que impacta directamente en el día a día de los santafesinos.

El mapa del abandono que preocupa en la ciudad

El derribo de la casona significó el cierre de un foco delictivo que era constantemente denunciado por los propios vecinos. En este sentido, el concejal Simoniello remarcó la importancia de la intervención coordinada entre las distintas esferas del Estado para desarticular este espacio. «Se demolió el búnker 120 de la provincia, un símbolo claro de lo que no queremos más: espacios abandonados, nidos de ratas y aguantaderos de delincuentes que terminan favoreciendo el microtráfico», enfatizó el edil.
Sin embargo, Simoniello advirtió que este caso es solo la punta del iceberg de un relevamiento mucho más extenso y alarmante. «Tenemos registrados más de 350 inmuebles con estas características en la ciudad, pero no debemos confundirnos: el problema no se soluciona solo con demoliciones», explicó el concejal. Añadió que estas «caries urbanas» representan oportunidades perdidas y un freno para el desarrollo de la Santa Fe que se aspira a construir. «Mucha gente recordaba esta casona, quizás la había incorporado al paisaje con sus vallas publicitarias, y no parecía tan perjudicial. Pero, en su interior, había acumulaciones de tierra e incluso niños en condiciones vulnerables», puntualizó.

El impacto directo en la vida de los vecinos

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), gestionado por la Agencia de Cooperación Internacional de la ciudad, puso de manifiesto una preocupante realidad sobre la cercanía de estos puntos de peligro: en Santa Fe, hay familias que residen más próximas a una «carie urbana» que a un espacio verde público.
Esta problemática no se limita a un único sector, sino que se distribuye de manera extendida por todo el territorio santafesino, afectando tanto a zonas residenciales como a importantes sectores comerciales. Los vecinos son quienes más sufren en su rutina diaria por el entorno hostil que generan estas propiedades en estado de abandono.
«Los vecinos lo padecen de forma permanente; a veces, por el miedo que generan, no pueden ni bajarse del colectivo para caminar por la cuadra», lamentó el concejal. Y dio ejemplos concretos: «En un caso reciente, el propietario fue a limpiar el lugar, pero dejó toda la basura dentro. Además, hay otro punto crítico en la esquina de Blas Parera y Azcuénaga que funciona como aguantadero, y ya estamos coordinando acciones con el Ministerio Público de la Acusación (MPA) y el Ministerio de Seguridad», afirmó Simoniello.

Hacia una nueva normativa municipal

Frente a este complejo panorama, desde el Concejo Municipal se impulsa la adecuación de la normativa local vigente. Las herramientas de control actuales resultan insuficientes y obsoletas para sancionar de forma efectiva a las edificaciones techadas o a los grandes inmuebles que se han convertido en «monumentos al abandono edilicio».
«Queremos avanzar en una ordenanza que equipare las exigencias que hoy se les pide a los terrenos baldíos con estos inmuebles abandonados», explicó Simoniello. Y puso un ejemplo ilustrativo: «El Hotel Ritz no tiene césped para que lo multemos por yuyos altos, pero sí acumula suciedad de palomas y otros residuos. Debemos ‘aggiornar’ la normativa para poder ser efectivos y sancionar», remarcó el concejal, quien además reveló que «hay propietarios que deben más de 30 millones de pesos en tasas».

Propiedad privada, responsabilidad social y reconversión urbana

Desde el Concejo Municipal aclararon que este proyecto no busca vulnerar los derechos de propiedad, sino exigir la responsabilidad social que les corresponde a los titulares de estos inmuebles. Asimismo, se exploran alternativas de uso comunitario para estos espacios mientras se resuelven los conflictos legales de origen. «Hay apenas diez personas en la ciudad que concentran más de dos inmuebles abandonados cada una», precisó Simoniello.
«Si los propietarios tienen excusas relacionadas con herederos, sucesiones o cuestiones societarias, proponemos que presten el espacio al club del barrio para que pueda solucionar sus problemas edilicios. A cambio, no pagarían la sobretasa municipal hasta que su situación se regularice y el Estado les devuelva el lugar», argumentó el concejal. «Lo que no puede pasar es que el espacio quede ocioso y se convierta en un peligro para todos», sentenció.
Finalmente, se destacó el gran potencial habitacional y económico que estos puntos estratégicos encierran para la ciudad. «Necesitamos que esos lugares se recuperen para que se transformen en viviendas que los inquilinos puedan alquilar o comprar mediante un crédito hipotecario. El objetivo es que pasemos de la degradación actual a un espacio de oportunidades, construyendo así la Santa Fe del futuro», concluyó Simoniello.


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