La historia política argentina reciente está marcada por una compleja dinámica entre presidentes y vicepresidentes. Desde la lealtad y el bajo perfil de Víctor Martínez con Raúl Alfonsín, se sucedieron los quiebres como los de Carlos Menem con Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner con Daniel Scioli. A estos se suman el resonante «portazo» de Carlos «Chacho» Álvarez a Fernando de la Rúa, el recordado «voto no positivo» de Julio Cobos a Cristina Fernández de Kirchner, y las profundas desavenencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
El quiebre presidencial: Milei y Villarruel, un conflicto en escalada inédita
El presidente Javier Milei anticipó que ya eligió a su compañero de fórmula para la reelección el próximo año. Mientras tanto, Miguel Pichetto aseguró que la actual vicepresidenta, Victoria Villarruel, se postulará para la primera magistratura. Ambas noticias se dieron a conocer con pocas horas de diferencia, en medio de un cruce de publicaciones en redes sociales que elevó a niveles inéditos el conflicto que ambos dirigentes mantienen desde la asunción al poder.
Luego de que el presidente retuiteara un posteo que atribuía a la vicepresidenta una participación activa en maniobras desestabilizadoras e incluso golpistas, ella respondió poniendo en tela de juicio el estado del primer mandatario. Esto provocó que el jefe de Gabinete le pidiera la renuncia, algo que legisladores y dirigentes de su espacio ya habían hecho, pero que nunca antes había ocurrido por parte de un ministro. Este episodio marca un crescendo que llevó las tensiones y rispideces iniciales primero a un quiebre político, y luego a una completa interrupción del diálogo y a una ruptura de la dinámica institucional.
La última escalada del conflicto
La última secuencia se inició cuando Javier Milei publicó en su cuenta oficial un mensaje de la diputada Lilia Lemoine, quien acusó a Victoria Villarruel de coordinar acciones contra el Gobierno junto a la ex integrante del bloque oficialista Marcela Pagano. Lilia Lemoine sostuvo que ambas legisladoras habrían intentado impulsar un juicio político contra el mandatario, que compartirían asesores y que se habrían acercado al peronismo.
Victoria Villarruel calificó el posteo de «locura galopante» y agregó que «parece contagioso el delirio». Tras reclamar pruebas de las acusaciones, planteó: «Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior».
Santilli interpretó esas palabras como una falta de lealtad institucional y, esta vez en declaraciones periodísticas, la acusó de «poner siempre palos en la rueda» y la desafió a «que dé un paso al costado, que arme su proceso y que compita». Sin mencionarlo, Victoria Villarruel cerró (por ahora) la secuencia: «Uno de los exponentes de la casta política a la que nos enfrentamos en el 2023 y le ganamos pretende causar daño a la institucionalidad y conspirar contra el orden republicano de nuestra Patria«. Definió a quienes se manifiestan de ese modo como «parásitos» y cerró con una intimación: «Sea democrático y respete el voto popular».
Antecedentes y cruces previos
Este episodio tiene como antecedentes una serie de cruces en los que, desde el oficialismo, se cuestionó en duros términos a la vicepresidenta.
«Trabajó para intentar voltearnos», llegó a acusarla el propio Javier Milei en 2025 en una entrevista con El País. Su vocero, Manuel Adorni, estableció que «no comparte los objetivos del Gobierno» y «no es parte del proyecto».
«Tiene que decidir de qué lado está», sugirió la senadora Patricia Bullrich, quien además le atribuyó participar de «un golpe institucional» al habilitar la sesión en la que se trataron los proyectos de la oposición sobre jubilaciones y discapacidad.
«La democracia fue denigrada cuando personas que integraron organizaciones terroristas, como en su caso, manejaron durante décadas el destino del país», fue la más dura de las varias réplicas que Victoria Villarruel le dirigió. Y también: «Todos los argentinos saben de qué lado estoy en lo que a kirchnerismo se refiere, porque los combatí siempre, mientras usted pululaba de partido en partido».
Historia de tensiones en las fórmulas presidenciales
Con sus propias características y nivel de intensidad, la situación actual se inscribe en una larga secuencia de complejas relaciones entre los integrantes de las fórmulas presidenciales, que ha atravesado todo el actual período democrático, aunque reconoce resonantes antecedentes históricos.
Si bien la Constitución asigna al vicepresidente funciones sumamente acotadas —presidir el Senado y reemplazar al presidente en caso de ausencia, enfermedad o vacancia—, la práctica política suele convertirlo en un actor con expectativas propias de poder. Cuando esas expectativas chocan con la conducción presidencial, las diferencias suelen trasladarse rápidamente al escenario público, una dinámica que ha ocurrido de manera sistemática en casi todos los mandatos.
El caso Alfonsín-Martínez: La excepción a la regla
La excepción suele ubicarse en el gobierno de Raúl Alfonsín. Su vicepresidente, Víctor Martínez, mantuvo un perfil institucional y nunca protagonizó disputas públicas con el jefe de Estado. Esto no significa que no tuvieran diferencias, que estaban dadas sobre todo porque Raúl Alfonsín encarnaba la «renovación y cambio» del radicalismo, mientras que Víctor Martínez era el representante de la vertiente más tradicional.
Sin embargo, se logró una convivencia institucional marcada por la lealtad y el bajo perfil del vicepresidente. Víctor Martínez nunca intentó construir un liderazgo alternativo dentro del radicalismo ni disputar espacios de poder en el Poder Ejecutivo. A diferencia de otros vicepresidentes, evitó opinar sobre decisiones de gobierno cuando existían diferencias y concentró su actividad en la presidencia del Senado y en funciones protocolares.
El conflicto Menem-Duhalde
El primer gran conflicto de la etapa democrática se produjo durante la presidencia de Carlos Menem. Eduardo Duhalde, elegido vicepresidente en 1989, rápidamente comenzó a construir un liderazgo propio dentro del peronismo bonaerense. La tensión derivó en su salida anticipada de la vicepresidencia para competir por la gobernación de Buenos Aires, pero el enfrentamiento político continuó durante años y alcanzó su punto máximo cuando ambos disputaron la conducción del PJ hacia el final del menemismo.
La ruptura de la Alianza con De la Rúa-Álvarez
Uno de los quiebres más resonantes y trascendentes ocurrió durante la gestión de Fernando de la Rúa. En octubre de 2000, Carlos «Chacho» Álvarez renunció a la Vicepresidencia tras denunciar irregularidades en la aprobación de la reforma laboral y cuestionar la falta de respuesta del Presidente frente al escándalo por las presuntas coimas en el Senado.
Su dimisión significó la ruptura definitiva de la Alianza y dejó al Gobierno sin uno de sus principales sostenes políticos apenas un año después de asumir. A la postre, se interpretó que aquella decisión aceleró el deterioro institucional que desembocaría en la crisis de diciembre de 2001.
Las diferencias entre Néstor Kirchner y Daniel Scioli
Cuando Néstor Kirchner eligió como compañero de fórmula a Daniel Scioli en 2003, buscó ampliar la base electoral del peronismo. Sin embargo, las diferencias aparecieron desde los primeros meses de gestión. Néstor Kirchner desplazó funcionarios cercanos al entonces vicepresidente y Daniel Scioli fue perdiendo influencia dentro del Gobierno. Aun así, el conflicto nunca derivó en una ruptura abierta y ambos completaron el mandato, aunque con una convivencia política distante.
El quiebre entre Cristina Fernández de Kirchner y Julio Cobos
Mucho más estrepitoso fue el final del vínculo entre Cristina Fernández de Kirchner y Julio Cobos. La alianza entre el kirchnerismo y un sector del radicalismo se quebró definitivamente el 17 de julio de 2008, cuando Julio Cobos desempató en contra del gobierno la votación sobre la Resolución 125, acerca de las retenciones agropecuarias.
Desde entonces, en un paralelo con la situación de Victoria Villarruel (aunque sin la exasperación que subraya este último caso), Julio Cobos quedó políticamente aislado del Gobierno, pero permaneció en el cargo hasta finalizar el mandato constitucional. Si bien la memoria histórica acuñó el término «voto no positivo», la frase textual de Julio Cobos fue la siguiente: «Que la historia me juzgue. Pido perdón si me equivoco. Mi voto no es positivo. Mi voto es en contra».
Quince años después, Julio Cobos analizó la situación en retrospectiva y sus efectos. «Fue un conflicto largo e innecesario. Toda la dirigencia política de entonces, incluso la propia presidenta Cristina Kirchner, sabía que era una medida incorrecta (…). Hemos aprendido poco y nada. Porque con mi votación sí terminamos con un conflicto, pero comenzó una grieta que se irradió en la sociedad y que no hemos podido superar en este tiempo», evaluó.
El inédito conflicto Fernández vs. Fernández
Tras un interín pacífico a cargo de Mauricio Macri y Gabriela Michetti, el conflicto más profundo antes del actual fue el protagonizado por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. Las diferencias comenzaron durante la pandemia, se profundizaron tras la derrota electoral de 2021 y alcanzaron su máxima expresión con la carta pública de la vicepresidenta, la renuncia masiva de ministros identificados con el kirchnerismo y las reiteradas críticas a la política económica del Gobierno. Durante buena parte del mandato convivieron dos centros de poder dentro del mismo Poder Ejecutivo, una situación inédita desde el retorno democrático.
Un enfrentamiento acelerado y sin precedentes
El enfrentamiento entre Javier Milei y Victoria Villarruel se desarrolló con una velocidad poco habitual. Aunque ambos compartieron la campaña presidencial de 2023, las diferencias comenzaron a hacerse visibles durante el primer año de gestión y terminaron de explotar tras las sesiones del Senado de 2025 y 2026.
El interrogante es si las tensiones fueron disparadas por las características personales de cada uno de los participantes, o si son propias del diseño político constitucional y, en el mejor de los casos, es la voluntad de los dirigentes lo que las suaviza. «La propia figura de la vicepresidencia genera un malestar intrínseco en la dupla gubernamental porque es la primera persona en la línea de sucesión y lleva a que el presidente siempre esté mirando por el retrovisor», sostiene el politólogo Patricio Adorno.
En la misma línea, diversos investigadores remarcan que el vicepresidente suele ser elegido para compensar debilidades del candidato presidencial —territoriales, partidarias o ideológicas— más que por una verdadera afinidad política. Cuando desaparece la necesidad electoral que dio origen a la fórmula, afloran las diferencias internas.
El enfrentamiento entre Javier Milei y Victoria Villarruel vuelve a poner en escena ese interrogante recurrente de la política nacional: si el vicepresidente debe ser un colaborador incondicional del Presidente o un dirigente con autonomía política propia. La historia institucional reciente del país se ha visto determinada, con distintos formatos y consecuencias, por esta última opción.
Frases destacadas de Victoria Villarruel: Del «jamoncito» a «Narnia»
- «Karina Milei es brava y yo también. Las dos queremos a Javier, pobre jamoncito». 21/3/24. En una entrevista, buscó desmentir las versiones de enfrentamiento con Karina Milei, aunque reconoció el fuerte carácter de ambas. Poco después, la relación comenzaría a deteriorarse.
- «Hay que poner la cara en el Senado aunque seamos minoría. Nos votaron para eso, no para que nos escapemos» (21/3/24).
- «Si hay equilibrio fiscal, entonces asistir a los argentinos más desprotegidos no debiera ser tan terrible» (julio de 2025, al defender el tratamiento en el Senado de proyectos sobre jubilaciones y discapacidad frente a las críticas del Presidente).
- «Que ahorre en viajes y en la SIDE y listo. Que se comporte como un adulto» (julio de 2025, como parte de la misma secuencia).
- «Que tengas una cascada de éxitos». Mayo de 2026, en un primer comentario irónico publicado en redes contra Manuel Adorni y en alusión a las acusaciones en contra del entonces jefe de Gabinete. Tras dejar explícito que no creía en sus explicaciones, más adelante le deseó a un seguidor: «Que encuentres un pendrive mágico».
- «No hay nadie más peleado con los valores de Manuel Belgrano que Manuel Adorni«, el 20 de junio pasado, durante el acto por el Día de la Bandera en Rosario, al que asistió pese a no haber sido invitada por la Casa Rosada. «Hay que preguntarles por qué son maleducados», añadió luego, ante el hecho de que nadie del Gabinete la saludó.
- «Quieren vender el país. La integridad territorial no les importa», dijo en julio pasado, en un intercambio de mensajes de WhatsApp con Patricia Bullrich vinculados a la Ley de Tierras. En ese marco, también dejó en claro que «si pudiera votar, votaría en contra», y espetó: «No se desarrolla nada, están cerrando pymes todos los días y ustedes están en Narnia».
