Ex trabajador denuncia sedación y retención de tarjetas a abuelos en geriátrico de Santa Fe

Un extrabajador de uno de los geriátricos investigados en barrio Nuevo Horizonte denunció ante la Justicia presunto abandono, alimentación insuficiente, medicación excesiva y restricciones para los adultos mayores. Su declaración será incorporada a la causa que investiga el Ministerio Público de la Acusación por las graves irregularidades en dichos establecimientos.

Un extrabajador revela graves irregularidades en geriátricos de Santa Fe

El extrabajador J.A., quien se desempeñó en dos de los hogares administrados por la principal investigada de una causa judicial, brindó un pormenorizado testimonio que expone una presunta realidad de abandono, precarización y temor al interior de los establecimientos. Sus declaraciones se producen tras el incendio que afectó a uno de los geriátricos ubicado en barrio Nuevo Horizonte y coinciden con relatos previos de otros exempleados, familiares y residentes. J.A. ha confirmado que se presentará de forma espontánea ante el Ministerio Público de la Acusación.

El testimonio de J.A.: «Yo lo vi con mis propios ojos»

J.A. trabajó desde fines de enero hasta casi noviembre del año pasado en los geriátricos de Salvador del Carril y Cabaña Leiva. Afirmó: «Yo trabajé desde fines de enero hasta casi noviembre del año pasado. Primero estuve en el geriátrico de Salvador del Carril y después, cuando abrió el de Cabaña Leiva, también trabajé ahí. Por eso puedo decir que todo lo que contó Luis Arriola es verdad. Yo lo vi con mis propios ojos». El extrabajador asegura haber sido testigo de prácticas como la sedación de adultos mayores, escasa alimentación, falta de controles médicos y restricciones de movilidad.

Retención de documentación y amenazas a residentes

Según el relato de J.A., al ingresar al hogar, a los residentes se les retenía la documentación personal y las tarjetas de débito donde percibían sus haberes. La posibilidad de abandonar el establecimiento era casi nula. «Después prácticamente no podían salir. Si alguno quería caminar por el barrio estaba prohibido», explicó. Un caso ejemplificado fue el de Luis Arriola, quien, al manifestar su deseo de salir, recibía «quetiapina para que estuviera dopado porque molestaba». El extrabajador refirió que una frase se repetía con frecuencia: «‘De acá va a salir con los pies para adelante, en un cajón’. Lo decía delante de todos».

Precariedad alimentaria: «Comida que salía del bolsillo de los cuidadores»

La alimentación constituía otra de las principales preocupaciones. J.A. sostuvo: «Había días en que no teníamos qué darles de comer. Terminábamos comprando alimentos con plata nuestra porque no podíamos mirar para otro lado. Llamábamos para avisar que faltaban cosas y nadie atendía el teléfono». La mercadería llegaba una vez por semana y consistía mayormente en fideos, polenta y algunas hamburguesas. El desayuno y la merienda se limitaban a mate cocido con dos rodajas de pan. «Si consumían más pan del previsto se enojaba. Nosotros tratábamos de darles un poco más porque nos daba mucha pena», añadió.

Jornadas laborales extenuantes y en negro

Respecto a las condiciones laborales del personal, J.A. detalló que el trabajo era «completamente en negro». Afirmó que percibía «12 mil pesos por una guardia de ocho horas» y que, en ocasiones, no cobraba porque no obtenía respuesta. Aseguró que llegó a hacerse cargo del funcionamiento diario del hogar y que cumplía «jornadas de 24 y hasta 48 horas seguidas». Además, si un compañero faltaba, debía «arreglarse solo con 16 o 18 abuelos», situación que aceptaba por necesidad personal y familiar.

Medicación excesiva y atención médica deficiente

Uno de los aspectos que más impactó a J.A. fue el uso constante de medicación para mantener inmovilizados a algunos residentes. «A muchos les daban quetiapina, clonazepam y alprazolam para que durmieran. Me acuerdo especialmente de Pancho. Si seguía despierto, la orden era darle más medicación y, si aun así no dormía, había que atarlo porque molestaba», relató. La atención médica también fue cuestionada, ya que el médico concurría «cada quince días y atendía a todos en muy pocos minutos». El extrabajador mencionó el caso de Rosalía, quien padecía problemas en las piernas y fue trasladada al hospital solo cuando su estado era crítico.

Maniobras con tarjetas y préstamos bancarios

J.A. sostuvo haber presenciado maniobras vinculadas a préstamos bancarios. Declaró que «a Pablo lo llevaron al Banco Santa Fe para firmar un crédito que supuestamente era para una operación. Esa operación nunca existió». Un hecho similar ocurrió con Luis Arriola, a quien «antes de sacarlo le daban medicación porque quería escaparse y lo llevaban medio dopado. No entiendo cómo esos préstamos pudieron aprobarse», señaló.

La percepción del «negocio» y el cese de la relación laboral

J.A. decidió abandonar su puesto de trabajo cuando la situación se tornó insostenible. «Ni siquiera me reconocían el colectivo y todavía me debían plata», afirmó. Cuando comunicó su decisión, le informaron que el hogar «no podía pagar más de 12 mil pesos por día». Sin embargo, el extrabajador estimó que se trataba de «un geriátrico privado donde cobraban alrededor de un millón y medio por cada residente». Tras su salida, J.A. denunció haber recibido descalificaciones personales relacionadas con una enfermedad por la que cobra una pensión y con su orientación sexual. La percepción del exempleado era que «para ella los abuelos no eran personas. Eran un negocio. Cada adulto mayor que ingresaba significaba más plata».

Compromiso con la investigación judicial

J.A. ha manifestado su intención de presentarse de manera espontánea a declarar ante el Ministerio Público de la Acusación. Su objetivo es formalizar su testimonio en la causa y colaborar para que se determinen las responsabilidades pertinentes, buscando evitar que otras personas mayores atraviesen situaciones similares en el futuro.


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