La Copa Libertadores es así. Puede regalar una noche mágica, de festejo interminable, o puede pegar un mazazo que sacude la estructura de un equipo y de toda una institución. Le pasó a Rosario Central en la noche de San Pablo. Cuando parecía que el conjunto rosarino tenía tomado del cuello a Corinthians y el pasaje a cuartos de final estaba muy cerca, un error puntual en la definición y otro garrafal en la marca, lo dejaron afuera de su sueño más atesorado. El dolor es grande porque Central se vio realmente cerca de quedar entre los ocho mejores de la máxima competencia continental, ya que tanto en Rosario como en Brasil jugó un buen rato con superioridad numérica por expulsiones en el rival. Ahora los “canallas” deberán procesar el duelo y controlar los daños de una noche que puede traer peores consecuencias que la propia eliminación.
Central mereció ganar el partido de ida jugado en el “Gigante” de Arroyito, pero no pudo perforar la férrea resistencia del poderoso conjunto paulista. Ahí empieza a explicarse esta dura eliminación. Este jueves por la noche, en la revancha en el “Arena Corinthians”, los dirigidos por Jorge Almirón controlaron bien el partido y casi no sufrieron ante un equipo brasileño que era empujado por más de 50 mil personas. Y el viento empezó a soplar definitivamente a favor de los “canallas” cuando antes de los 15 minutos del segundo tiempo el rival se quedó con uno menos por la expulsión de Raniele.
De ahí al final, con Corinthians refugiado cerca de su arco y Central intentando generar una ocasión para sentenciar la serie, hubo dos jugadas clave. Primero, el delantero “auriazul” Enzo Copetti tuvo un mano a mano con el arquero brasileño, pero su remate se fue apenas por arriba del travesaño. Era la situación que Central buscó a lo largo de toda la eliminatoria y no la pudo facturar.
El otro mojón determinante del partido sucedió a 10 minutos del final del partido. Memphis Depay, la estrella neerlandesa que finalmente acordó su continuidad en Corinthians tras una escandalosa negociación, aprovechó un tiro libre desde el costado izquierdo que Emanuel Coronel regaló a partir de una falta tonta e innecesaria. El hombre de la selección de Países Bajos sorprendió al enviar un centro bajo y al primer palo, que los jugadores de Central no pudieron despejar y que Breno Bidon transformó en el gol de la clasificación para los brasileños.
Central, aturdido por el mazazo del gol, tuvo más de 15 minutos para ir a buscar el empate que llevara la serie a los penales, pero entre la falta de ideas para crear situaciones de riesgo y la agresiva defensa de Corinthians, los minutos se fueron consumiendo y la ansiedad jugó a favor del local. Para colmo, Ángel Di María y Jaminton Campaz, los encargados de crear y desequilibrar en el ataque “canalla”, tuvieron una muy mala noche. Los cambios de Almirón tampoco funcionaron y el amargo final fue inevitable.
“Es un golpe muy duro. Ni siquiera tengo palabras ahora para describir cómo fue el partido, pero creo que lo teníamos controlado. Pero esta competencia es así, fallamos en la definición, marcamos mal en esa jugada de pelota parada y lo pagamos muy caro”, alcanzó a analizar el técnico Jorge Almirón, que nunca logró entrar en el gusto de los hinchas de Central y da la sensación que de acá en más el DT deberá rendir examen partido a partido.
Pero la declaración que dejó a todos los “canallas” con más angustia aún, fue la que hizo “Fideo” Di María inmediatamente después de la eliminación. Fue un mensaje en caliente, que posiblemente cambie cuando pasen las horas y el capitán “auriazul” pueda procesar la derrota, pero no deja de ser preocupante: “Es un momento duro porque mi sueño era otro, mis ganas eran otras de poder continuar en esta competencia. Ahora toca pensar qué es lo que quiero seguir haciendo”, tiró Angelito.
Lo que sigue para Central es visitar a Talleres de Córdoba, el lunes que viene. El equipo rosarino viene de tres victorias consecutivas en el Torneo Clausura, que lo posicionaron muy bien en la Zona B y en la tabla anual. Pero ahora tendrá el desafío adicional de tratar de controlar los daños causados por el duro golpe recibido en San Pablo.
