Ternavasio: «De los personajes que han encarnado liderazgos fuertes, el de Rosas sigue siendo el más misterioso»

Más de dos siglos después de su irrupción en la política argentina, la figura de Juan Manuel de Rosas continúa siendo objeto de análisis en la región no solo por su liderazgo político y el control férreo del régimen centralista, sino por su rol fundacional como empresario, estancificador y pionero de los saladeros en Buenos Aires. A través de un pragmatismo económico clave en la expansión ganadera hacia el sur provincial y el manejo discrecional de los recursos de la Aduana, el Restaurador consolidó una red de negocios con la élite mercantil que anticipó los conflictos por la libre navegación de los ríos y el modelo productivo del Litoral. Su caída en la Batalla de Caseros marcó el fin de un sistema unanimista y el reordenamiento definitivo del comercio exterior y la economía confederada.

El enigma de Rosas y su persistencia en la historia política argentina

La figura de Juan Manuel de Rosas continúa generando debate a más de dos siglos de su irrupción en la escena pública. Su legado inspiró desde poemas hasta corrientes historiográficas enteras, mientras persisten las discusiones sobre la naturaleza de su administración, calificada por algunos como nacionalista y por otros como socia de Gran Bretaña, además del debate sobre si fue un dictador o un líder autoritario en un contexto de anarquía. En este marco, la historiadora Marcela Ternavasio publicó el libro Juan Manuel de Rosas. Retrato de un líder polarizador en los orígenes de la república, que se convirtió en uno de los textos más vendidos del año.

Durante su presentación en la última Feria del Libro de la ciudad de Santa Fe, la autora señaló que la persistencia del personaje radica en su carácter enigmático. A diferencia de movimientos como el peronismo o el yrigoyenismo, que estructuraron partidos políticos a partir de liderazgos marcados, Rosas no dejó una fuerza electoral propia ni un partido federal consolidado, ya que la cuestión federal se resolvió con su caída y la posterior constitución del país. Su administración, calificada por los opositores como el régimen más centralista, vació de contenido al viejo federalismo.

Ascenso económico y redes de poder en la provincia de Buenos Aires

Lejos de ser un outsider en el plano económico, Rosas integraba la elite en ascenso que vinculaba el comercio internacional, el interno y la expansión ganadera hacia el sur de la provincia de Buenos Aires. En la década de 1810, junto a sus socios Dorrego y Terrero, se posicionó entre los primeros saladeristas de la región, acumulando tierras y fortuna. Su profundo conocimiento del mundo rural y de las negociaciones en la frontera con los pueblos originarios lo convirtieron en un referente consultado por la dirigencia política.

Su llegada a la política fue vertiginosa. A diferencia de otros dirigentes, no participó orgánicamente en los veinte años previos a su gobernación, pero supo construir una red de influencia basada tanto en su éxito empresarial como en su manejo de los sectores rurales.

Control del relato, iconografía y el rol de las mujeres

El ejercicio del poder de Rosas se caracterizó por una fuerte obsesión por controlar el relato público. Implementó la censura previa, cercenó la libertad de expresión y de imprenta, y utilizó de manera moderna la propaganda política. Este despliegue incluyó una cuidada iconografía: el uso masivo del color rojo, la divisa punzó, su nombre propio y la proliferación de retratos, incluidos dípticos junto a su esposa Encarnación.

En el marco de una sociedad patriarcal, el papel asignado a las mujeres fue estratégico para ganar popularidad y tejer redes de adhesión entre las familias de los soldados y simpatizantes de la causa. Tras la muerte de Encarnación, su hija Manuelita asumió el rol de anfitriona y custodia de su legado.

El uso de facultades extraordinarias y la dinámica institucional

Acusado de concentrar el poder público y de gobernar mediante facultades extraordinarias que desdibujaban la división de poderes, Rosas legitimó su autoridad a través de mecanismos plebiscitarios. Utilizó el voto universal masculino para la elección de la Sala de Representantes y recurrió a consultas populares para ratificar la suma del poder público.

Durante su segundo mandato, administró los recursos de la Aduana de manera discrecional, distribuyéndolos entre las provincias según su grado de adhesión, un mecanismo de negociación fiscal que marcaría precedentes en el ejercicio del poder en el país.

El ocaso y la caída en Caseros

La oposición a Rosas se originó desde el inicio de su gestión con la restricción de la prensa y el exilio de disidentes. Sin embargo, el conflicto definitivo escaló cuando sectores liberales y dirigentes del federalismo interprovincial, como López y Facundo Quiroga, exigieron la organización constitucional del país.

La caída del régimen en la Batalla de Caseros fue el resultado de una alianza internacional conformada por los ejércitos de Brasil, Uruguay, Entre Ríos y Corrientes. La demanda del Litoral por la libre navegación de los ríos, sumada a la descomposición de la cadena de mandos y al abandono de generales como Oribe y Pacheco, selló el final de un gobierno que se sostuvo durante dos décadas en medio de profundas tensiones políticas y económicas.


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