Los precios mayoristas rebotaron al 2,1% en agosto según informó el Indec, cortando dos meses de desaceleración y superando al Índice de Precios al Consumidor (IPC), impulsados principalmente por el salto en los combustibles, los productos agropecuarios y los bienes importados. El indicador se conoció en la misma semana en que la Casa Rosada ratificó en el Presupuesto 2027 que la baja de la inflación continuará siendo el pilar central del programa macroeconómico de la gestión nacional.
El rebote de los mayoristas
Los precios mayoristas rebotaron al 2,1% en agosto y volvieron a correr por encima de la inflación minorista, con una aceleración impulsada principalmente por el petróleo, los productos agropecuarios y los bienes importados.
El índice de precios internos al por mayor (IPIM) había registrado un incremento de apenas 0,8% en julio, después del 1,1% de junio, por lo que el dato difundido por el INDEC interrumpió dos meses consecutivos de desaceleración. En la apertura por origen, los productos nacionales subieron 2,1% y los importados, 2,9%.
A largo plazo, la dinámica muestra otra lectura. El IPIM acumuló un incremento de 19,1% entre enero y agosto, mientras que la variación interanual descendió de 31,1% en julio a 29,8%. De este modo, se verificó una aceleración en el margen, pero continuó reduciéndose el ritmo inflacionario respecto de un año atrás.
El impacto de los combustibles
La principal explicación del comportamiento mensual está concentrada en pocos rubros y, de manera determinante, en el sector energético. El petróleo crudo y el gas aumentaron 8% en agosto y aportaron 0,71 punto porcentual a la variación total del IPIM.
Un mes antes, esos mismos rubros habían recorrido el camino inverso: sus precios se redujeron 9,2% y le quitaron 0,91 punto al índice. Entre ambas mediciones se produjo un giro de 1,62 puntos porcentuales en su incidencia, una reversión que explica buena parte de por qué el 0,8% de julio escaló al 2,1% en agosto.
En paralelo, los productos agropecuarios sumaron 0,25 puntos; alimentos y bebidas, 0,17; los productos refinados del petróleo, 0,14; y vehículos automotores, carrocerías y repuestos, 0,10. Entre esos cinco sectores explicaron 1,37 puntos de los 2,14 que efectivamente avanzó el nivel general antes del redondeo, lo que representa aproximadamente dos tercios de la suba mensual. Solamente el petróleo crudo y el gas, junto con sus derivados refinados, aportaron 0,85 punto, equivalente a casi el 40% del incremento.
El comportamiento también se observa al separar los distintos eslabones de la cadena de valor. Los productos primarios aumentaron 4,6%, muy por encima del 1,3% registrado por las manufacturas y la energía eléctrica. El índice básico del productor, que excluye importaciones e impuestos, avanzó 2,3%, al mismo ritmo que el índice mayorista básico.
Divergencia con la inflación minorista
La administración nacional viene postulando a la desaceleración inflacionaria como el resultado directo del equilibrio fiscal y el control monetario. En agosto, el ministro de Economía sostuvo que el orden de las cuentas públicas, monetarias y externas permitió bajar sustancialmente la inflación y planteó que aún quedaba camino por recorrer.
La semana pasada, cuando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de agosto marcó 1,7%, la cartera económica destacó que constituyó la menor variación desde junio de 2025. Sin embargo, el dato quedó por encima de las proyecciones oficiales iniciales para ese período.
Mientras el IPC descendió de 2,1% en julio a 1,7% en agosto, los precios mayoristas realizaron el recorrido inverso: saltaron de 0,8% a 2,1%. Desde el punto de vista técnico, no existe un traslado automático e inmediato de una medición a la otra, dado que el IPIM mide bienes en la etapa mayorista, en tanto que el IPC incorpora servicios y otros costos propios de la comercialización minorista.
Esta divergencia se da a conocer tras la presentación del Presupuesto, que contempla los supuestos macroeconómicos que la gestión pretende sostener durante el tramo final del mandato. El proyecto prevé un crecimiento del PBI de 4% para 2027, superávit fiscal y una pauta de inflación anual de 18%, después del 29% estimado para el cierre de 2026, consolidando el equilibrio de las cuentas públicas como la regla central del esquema económico.
