Ingreso de dólares: crece la liquidación de divisas mientras la economía desacelera su actividad

Con un superávit comercial acumulado de US$ 18.249 millones y exportaciones que crecieron un 21,4% hasta agosto impulsadas por el campo, los hidrocarburos y la minería, la economía argentina exhibe una marcada dualidad que impacta de lleno en provincias productivas como Santa Fe. Mientras el frente externo se consolida como el principal soporte macroeconómico, el Producto Bruto Interno (PBI) registró una caída trimestral del 0,6% en el segundo trimestre, arrastrado por el desplome del consumo privado, la contracción de la inversión y la debilidad de sectores clave como la industria manufacturera y la maquinaria agrícola.

Una economía a dos velocidades: el motor exportador compensa el freno del consumo interno

La economía argentina mantiene una tasa de crecimiento positiva en la comparación interanual, pero el segundo trimestre dejó en evidencia una dependencia creciente de los dólares provenientes de los sectores primarios. Así lo reflejan los informes difundidos por el INDEC, que exponen una dinámica de recuperación heterogénea y marcadamente desigual entre los distintos sectores productivos.

El avance del nivel de actividad nacional confirmó que el Producto Bruto Interno creció 2% interanual entre abril y junio. Sin embargo, al medir la evolución desestacionalizada, la economía sufrió una contracción del 0,6% respecto del primer trimestre. Este retroceso estuvo arrastrado principalmente por el desplome del consumo interno, el freno en la inversión y la retracción del gasto público.

Por su parte, el intercambio comercial de agosto ratificó la fortaleza del frente externo al arrojar un superávit de US$ 2.187 millones. Las exportaciones de los sectores primarios marcaron récords históricos gracias al impulso del campo, los hidrocarburos y la minería. En la vereda opuesta, la importación de bienes de capital e insumos productivos continúa en franco declive, lo que enciende alertas sobre la sostenibilidad de la actividad productiva local a mediano plazo.

Freno del consumo y la inversión

Al analizar el PBI por componentes, se observa que las exportaciones de bienes y servicios reales crecieron 13,7% en comparación con el segundo trimestre del año pasado. En contraste, el consumo privado apenas avanzó 0,4%, el consumo público cayó 4,1% y la formación bruta de capital fijo se desplomó 11,1%.

La comparación contra el trimestre inmediato anterior acentúa esta tendencia: mientras las exportaciones subieron 2,5%, el consumo privado retrocedió 2,4%, el público cayó 2,3% y la inversión hizo lo propio un 0,8%. En estos números se concentra la explicación de la caída trimestral del 0,6% del PBI, evidenciando que la demanda doméstica dejó de acompañar al sector externo.

En sintonía con este diagnóstico, el INDEC había medido previamente que la producción manufacturera de julio cayó 5% desestacionalizada respecto de junio, mientras que la construcción retrocedió 4,6% mensual. En ese marco, la industria utilizó apenas el 58,2% de su capacidad instalada, un nivel prácticamente idéntico al de un año atrás.

La caída de la inversión compromete no sólo la actividad presente sino también la capacidad futura de producción. La formación bruta de capital fijo retrocedió 11,1% interanual en el segundo trimestre, con bajas del 15,2% en maquinaria y equipo, y del 22,1% en equipos de transporte. En el segmento de maquinaria, el retroceso fue casi simétrico entre bienes nacionales (-15,5%) e importados (-15%), lo que indica que la menor compra de equipamiento en el exterior no es compensada por la fabricación local.

Los datos de agosto del comercio exterior confirman este diagnóstico. En lo que va del año, las importaciones totales bajaron 2,6%, pero las compras de piezas y accesorios para bienes de capital cayeron 19,2% en valor, y los bienes de capital retrocedieron 5,9%. Sectores industriales como la metalmecánica operaron en julio con sólo el 38,3% de su capacidad instalada, mientras que la producción nacional de maquinaria agropecuaria se derrumbó 46,6%.

El origen de los dólares

En la dirección contraria, las exportaciones acumularon US$ 67.248 millones durante los primeros ocho meses del año, lo que representa un incremento del 21,4% frente a igual período. Las importaciones sumaron US$ 48.999 millones, dejando un superávit comercial de US$ 18.249 millones, muy por encima de los US$ 5.109 millones registrados un año atrás.

De este modo, el superávit de agosto alcanzó los US$ 2.187 millones, encadenando treinta y tres meses consecutivos de saldo positivo y consolidándose como uno de los principales soportes de la macroeconomía nacional. No obstante, el origen de las divisas ratifica la alta concentración de la actividad.

Los combustibles y la energía incrementaron sus exportaciones un 48,9% en ocho meses, al tiempo que las manufacturas de origen agropecuario crecieron 15,3% y las industriales 26,6%. El PBI refleja la misma asimetría sectorial: minas y canteras avanzaron 16,4% interanual y agricultura y ganadería un 6,9%, mientras que la industria manufacturera cayó 2,1% y la construcción apenas avanzó 0,2%.

En agosto surgió además una señal de cautela dentro del propio frente exportador. Las ventas externas crecieron 12,4% en dólares, pero este incremento se explicó por precios un 16% más altos, mientras que las cantidades exportadas disminuyeron un 3,1%. Si bien las exportaciones mejoraron 2,1% desestacionalizadas contra julio, su tendencia-ciclo descendió 1%, lo que evidencia que el ingreso adicional de divisas no provino de un mayor volumen físico colocado en el exterior.

Señales en el empleo y el escenario regional

La pérdida de velocidad de la economía real también repercute en el mercado de trabajo. En el mismo segundo trimestre en que el PBI retrocedió frente a los primeros tres meses del año, se registró un incremento de la desocupación y de la informalidad dentro de la población económicamente activa, con mayor impacto en regiones castigadas por el retroceso manufacturero, como Rosario, que marcó la tasa de desempleo más alta del país.

Este escenario convive con una inflación que se mantiene en registros sensiblemente inferiores a los de años previos —el IPC nacional fue del 1,7% en agosto—. Esta desaceleración contribuye a ordenar los precios relativos y aporta previsibilidad, aunque hasta el momento opera en paralelo con una recuperación económica fuertemente desigual. Como sustento para las expectativas oficiales, esta semana también se conoció que el índice de confianza del consumidor volvió a subir en septiembre tras dos bajas consecutivas.

Esta dualidad se manifiesta con claridad en provincias como Santa Fe, que participa de forma directa del dinamismo exportador mediante récords permanentes en su complejo agroindustrial, pero que simultáneamente alberga un entramado metalmecánico en el sur provincial y de maquinaria agrícola en el centro-norte expuesto al costado más vulnerable de la coyuntura doméstica.

El gran desafío para la gestión en lo que resta del año y el próximo período estará dado por comprobar si el crecimiento de las exportaciones logra derramar de manera efectiva sobre el conjunto del mercado interno.


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