La economía argentina sufrió en julio una caída mensual del 2,9% según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) difundido por el INDEC, el peor registro desde el inicio de la gestión de Javier Milei, impulsada principalmente por el desplome de la industria manufacturera y el comercio minorista y mayorista. El retroceso, que también marca una baja interanual del 1,4%, obliga a remontarse al período de la pandemia para encontrar una contracción de semejante magnitud, a pesar de que sectores primarios como la minería y la pesca amortiguaron parcialmente el impacto.
Un freno abrupto en la actividad económica
La economía argentina experimentó en julio una marcada desaceleración respecto del impulso que venía evidenciando a lo largo de 2026, lo que derivó en la mayor caída mensual registrada durante la gestión de Javier Milei. De acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) difundido por el INDEC, el índice desestacionalizado retrocedió un 2,9% frente a junio. Este descenso constituye el repliegue más pronunciado de la serie bajo la administración actual y obliga a retrotraerse a la pandemia para encontrar una contracción de mayor magnitud —motivada entonces por decisiones sanitarias—, o bien a abril de 2018 (-3,1%), durante la gestión de Mauricio mishaps.
En la comparación interanual, el indicador también mostró una merma de 1,4% en relación con julio del año pasado. No obstante, el saldo positivo se sostiene en el acumulado de los primeros siete meses de 2026, período que todavía conserva una mejora de 1,7%.
Una trayectoria mensual marcada por la volatilidad
Al analizar la secuencia del año, el comportamiento de la actividad económica exhibe fluctuaciones heterogéneas. El ejercicio comenzó sin variaciones en enero, experimentó una baja de 2,2% en febrero, un repunte de 2,7% en marzo, y nuevas caídas de 1,4% en abril y 0,6% en mayo. Tras una recuperación marginal de 0,3% en junio, el nivel general volvió a contraerse con fuerza en julio.
Bajo este esquema, cuatro de los siete meses transcurridos cerraron con números negativos en la comparación inmediata, mientras que el crecimiento acumulado perdió dinamismo de manera paulatina: tras alcanzar un pico de 2,4% en marzo, descendió a 2,3% en abril y se redujo al 1,7% actual.
Por el contrario, el componente tendencia-ciclo mantuvo una variación positiva de 0,2%, una señal técnica que aconseja prudencia antes de decretar el ingreso a una nueva fase recesiva. Sin embargo, el resultado de julio acentúa el enfriamiento que ya había evidenciado el Producto Bruto Interno (PBI) durante el segundo trimestre.
El índice desestacionalizado se ubicó en 149,6 puntos en julio, el registro más bajo de todo 2026, distanciándose de los 156,7 puntos alcanzados en marzo. Desde aquel máximo, la actividad acumuló un retroceso aproximado del 4,5%, situando el nivel desestacionalizado en valores similares a los de marzo de 2025, cuando el registro había sido de 149,5 puntos.
El impacto del mercado interno y la caída sectorial
Detrás de la contracción general se encuentra un retroceso generalizado en las ramas vinculadas a la demanda doméstica. De los quince sectores relevados por el INDEC, ocho operaron por debajo de los niveles del año anterior.
El comercio mayorista, minorista y de reparaciones sufrió una merma interanual de 5,1%, al tiempo que la industria manufacturera cayó un 4,6%. Entre ambos sectores explicaron una incidencia negativa conjunta de aproximadamente 1,3 puntos porcentuales sobre el EMAE, un impacto casi equivalente a la caída de 1,4% registrada por el indicador general.
El ajuste también abarcó a la construcción (-3,3%), la intermediación financiera (-3%), el transporte y comunicaciones (-1,5%), la administración pública (-1,5%) y otras actividades de servicios comunitarios y personales (-1,3%).
Este diagnóstico encuentra correlato en las percepciones de los propios agentes económicos. La industria manufacturera, condicionada por elevados niveles de capacidad ociosa, arrojó en su indicador específico una baja de 4,9% en julio. A su vez, la Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC reveló que el 53,6% de los industriales identifica a la demanda interna insuficiente como la principal traba para incrementar la producción. Un escenario análogo se registró en el comercio minorista, donde el 59,6% de los supermercadistas y mayoristas señaló a la demanda como el principal factor limitante para expandir sus operaciones.
Los rubros que contuvieron el retroceso
En la vereda opuesta, el sostenimiento parcial de la actividad provino de las actividades primarias. Siete sectores exhibieron variaciones interanuales positivas, destacándose los aportes de la pesca, la minería y la agricultura, que en conjunto sumaron cerca de un punto porcentual al índice general.
El sector pesquero registró un salto interanual de 424,5%, un guarismo que debe leerse a la luz de la baja base de comparación, dado que en julio de 2025 la actividad se había desplomado un 75,3%.
Con un perfil más estructural, la explotación de minas y canteras avanzó un 8,4% interanual. No obstante, el sector también evidenció una desaceleración en su ritmo de expansión, tras haber crecido 17,1% en abril, 16,2% en mayo y 15,8% en junio. Por su parte, el bloque de agricultura, ganadería, caza y silvicultura experimentó un incremento marginal de 0,7%, muy por debajo de los incrementos de dos dígitos anotados en el arranque del año.
