El analista económico José Toledo advirtió que la Argentina atraviesa un cambio de paradigma productivo y territorial que redefine el mapa económico federal, impulsado por el agro, la energía y la minería, mientras persisten las dificultades en la construcción y la industria manufacturera. A su vez, el especialista anticipó una moderada estabilización de la actividad hacia el último trimestre del año, aunque advirtió que el proceso se concretará sin un repunte significativo del consumo interno ni del salario real.
Radiografía de una economía bipolar: crecimiento a dos velocidades y un cambio de paradigma territorial
La economía argentina transita un escenario de marcados contrastes, donde la bonanza de algunos sectores convive con las dificultades persistentes de aquellos que históricamente concentraron el empleo y la actividad en los grandes centros urbanos. Para el contador público nacional José Toledo, analista económico radicado en Venado Tuerto, esta dinámica configura una «economía bipolar» que trasunta la coyuntura para consolidar un profundo cambio de paradigma productivo y territorial.
A su entender, tras décadas en las que el modelo industrial favoreció la concentración demográfica y económica en los principales conglomerados, el país transita hacia un esquema federal donde el impulso macroeconómico proviene de actividades alejadas de los centros urbanos tradicionales. En este nuevo mapa, el petróleo, el gas, la minería y el agro se posicionan como los motores que sostienen la actividad, en contraposición con rubros de alta intensidad laboral como la construcción y la industria manufacturera, con especial impacto en los segmentos metalmecánico y textil.
Una recuperación sin repunte del consumo interno
Frente a este panorama, Toledo proyecta que la actividad comenzará a mostrar un mayor equilibrio hacia el último trimestre del año. No obstante, advierte que esta estabilización no estará motorizada por una mejora en el consumo interno ni por una recomposición salarial.
Desde su perspectiva, el esquema actual prioriza excesivamente la estabilidad cambiaria en detrimento de la liquidez del mercado. Una mayor circulación de fondos y tasas de interés que incentiven el financiamiento, argumenta, resultarían fundamentales para recomponer el consumo. En este sentido, cuestionó el rol del sistema financiero y el incremento de la morosidad, señalando que las entidades bancarias aplicaron fuertes restricciones a empresas y personas con buenos antecedentes crediticios tras una expansión inicial del crédito.
Impacto social y deterioro del salario real
El contraste entre la estabilización de ciertas variables macroeconómicas y la pérdida de poder adquisitivo constituye uno de los ejes críticos del diagnóstico. Según el especialista, el salario real acumuló una caída del 8% durante la actual gestión, a pesar de registrar un marginal repunte del 0,2% en julio.
Este deterioro se traduce en un incremento de los indicadores de pobreza, indigencia y desempleo, afectando primordialmente a los sectores que tradicionalmente demandaban una mayor cantidad de trabajadores, como la construcción y ramas industriales específicas.
Inflación, actividad y el desafío del frente externo
Si bien Toledo valoró la desaceleración de la inflación durante la gestión actual, advirtió sobre los riesgos de acelerar el proceso hacia un dígito. Su escenario deseable contempla una inflación cercana al 20% para el próximo año, con el objetivo de alcanzar niveles de entre 10% hacia 2028 y 2029. «Si el gobierno pretende bajar la inflación a un dígito el año que viene, va a ser a costa de una recesión brutal», alertó.
En el plano de la actividad, descartó un rebote acelerado y ubicó su proyección de crecimiento más cerca del 2% que de las estimaciones oficiales contenidas en el Presupuesto. A este panorama se suma la presión del frente externo, condicionada por el incremento del riesgo país. Toledo atribuyó este fenómeno en partes iguales a factores internacionales —como el comportamiento de las tasas de interés globales— y a decisiones de la política económica local, cuestionando los argumentos oficiales vinculados a la incertidumbre política.
Discusión cambiaria y el rol estratégico de Vaca Muerta
En cuanto al valor de la divisa norteamericana, el analista sostuvo que un tipo de cambio cercano a $ 1.750 representa un valor de equilibrio de acuerdo con la serie de los últimos 15 años, descartando la necesidad de llevarlo a niveles de $ 2.100 o $ 2.200. Para Toledo, una depreciación excesiva perjudicaría a amplios sectores sociales sin resolver los desequilibrios estructurales.
De cara al próximo año, el especialista visualiza un escenario de mayor disponibilidad de divisas impulsado por la expansión energética desde Vaca Muerta y la balanza comercial. Incluso planteó que la abundancia de dólares podría generar un desafío inverso, dificultando el sostenimiento del precio ante la presión a la baja sobre el tipo de cambio. Ante este panorama, concluyó que «es mal negocio comprar dólar», mientras el desafío pendiente seguirá siendo la transferencia de esta incipiente estabilidad macroeconómica hacia el empleo, los ingresos y el consumo de la sociedad.
