Patrimonio ferroviario en riesgo: el museo de trenes de Santa Fe reclama urgente asistencia para sobrevivir

Hay museos que cuentan una historia por lo que exhiben. Y hay otros que también revelan su pasado a través de las marcas que el tiempo dejó sobre sus paredes. La Casa Hüme, ubicada en San Luis al 2900, frente a Plaza España, pertenece a ambas categorías.

Allí funcionaba el Museo Ferroviario Regional de Santa Fe, un espacio impulsado desde noviembre de 1995 por ex trabajadores ferroviarios que buscaron mantener viva la memoria de los trenes que atravesaron la ciudad y la región. Sin embargo, hoy la propia estructura del edificio se convirtió en el principal problema.

Una placa plástica colocada recientemente junto a la entrada indica «Casa Hüme. Año 1885/1889». Al escanear el código QR, un enlace redirige al sitio web municipal que detalla el valor patrimonial del inmueble: fue construido por los hermanos Alejandro y Washington Hüme, descendientes escoceses dedicados a obras ferroviarias, quienes utilizaron el lugar como oficinas. En 1893, tras desocuparlo, fue alquilado por la Municipalidad.

La construcción se despliega alrededor de un patio central rodeado de galerías que conectan con sus dos niveles. Su fachada ecléctica presenta elementos decorativos clásicos y una puerta principal en ochava resaltada por un frontón sobre la cornisa superior.

Puertas cerradas y deterioro estructural

Pese al valor histórico que destaca la cartelería oficial, el museo está cerrado y ya no quedan rastros del cartel que indicaba los horarios de visitas. «En los dos años que hace que estamos acá, jamás abrieron las puertas», señala una trabajadora del puesto de diarios y revistas ubicado a pocos metros.

Mientras las veredas sobre calle San Luis fueron renovadas por la Municipalidad y el sector del edificio donde funciona el Registro Civil se encuentra restaurado, la esquina del museo se deteriora de manera visible. Humedad, filtraciones, revoques desprendidos, techos dañados y la presencia de palomas conforman un escenario crítico que se arrastra desde hace años, al punto de que el primer nivel permanece clausurado por peligro estructural.

El Litoral ya había advertido sobre esta situación crítica en 2022, cuando una comisión vecinal impulsaba un plan de recuperación y alertaba sobre el riesgo que corrían los documentos históricos debido a las goteras. Cuatro años después, el interrogante sobre el destino de aquel patrimonio sigue latente.

El valor del patrimonio ferroviario en riesgo

Levantada a fines del siglo XIX, la casona albergó a las oficinas de los constructores de los ferrocarriles regionales y luego a la propia Municipalidad, hasta transformarse en 1995 en el Museo Ferroviario.

Sostenido durante décadas por ferroviarios y colaboradores como Andrés Andreis y Mario Gastelo, el espacio reunió fotografías, planos, libros contables desde 1893, herramientas, objetos, maquetas y ferromodelismo. Incluso llegó a conformar un Centro de Documentación y Preservación de la Memoria Ferroviaria consultado por vecinos que buscaban reconstruir sus historias familiares.

Actualmente, nueve salas resguardan ese legado, pero la falta de un edificio en condiciones lo pone en peligro. Las filtraciones de agua amenazan los documentos y el lugar ya ha sufrido episodios delictivos y tentativas de robo.

Intentos frustrados y un laberinto legal

En 2022, un grupo de ciudadanos intentó conformar una comisión para rescatar el espacio, pero el proyecto no prosperó. Jorge Coghlan, uno de los impulsores de aquella iniciativa, lamenta que la situación no haya avanzado: «Hoy no tengo idea de quién está al frente, no sé nada de nada». Desde su perspectiva, el inmueble «está casi irrecuperable» y considera que «sólo la Provincia con el Municipio podrían recuperarla».

La complejidad institucional en torno a la propiedad del solar es histórica. Ya en 2009 y 2022, informes periodísticos de El Litoral señalaban que el inmueble pertenecía al Estado nacional —inicialmente bajo la órbita de la ex Onabe y luego de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE)—, lo que impedía una intervención directa por parte del municipio.

Por su parte, Olga Morano, otra vecina que participó de los intentos de rescate, recuerda las gestiones infructuosas realizadas ante la Inspección General de Personería Jurídica y la Defensoría del Pueblo. «Hicimos las asambleas en la calle porque nunca nos abrieron la puerta ni accedimos a la llave», relata, y añade que las demandas judiciales y los reclamos formales nunca obtuvieron respuestas claras sobre la titularidad del dominio.

Una «caries urbana» que espera respuestas

La historia del Museo Ferroviario es también la historia de una Santa Fe que creció al ritmo de los rieles, de estaciones y ramales que estructuraron el paisaje de la región.

Con los años, el paso del tiempo profundizó las consecuencias del abandono. Cada filtración y cada temporada de humedad continúan deteriorando el material histórico que permanece resguardado en una edificación hoy catalogada como una «caries urbana».

Frente a Plaza España, la antigua casa sigue en pie. Del otro lado de sus puertas cerradas descansa una parte fundamental de la memoria ferroviaria santafesina, a la espera de una definición que evite la pérdida definitiva de su legado.


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