Tras el débil desempeño de la actividad económica registrado en agosto por el INDEC, las consultoras privadas proyectan una nueva contracción del Producto Interno Bruto (PBI) entre julio y septiembre, lo que reabre el debate sobre la posibilidad de que la Argentina ingrese en una recesión técnica. En medio de un escenario de consumo deprimido y pronósticos de crecimiento recortados por organismos internacionales, el propio presidente Javier Milei reconoció que los indicadores locales evolucionan por debajo de lo esperado inicialmente por el Gobierno.
El debate por la recuperación y la sombra de la recesión técnica
La posibilidad de que la Argentina encadene dos trimestres consecutivos de caída de la actividad reabrió el debate sobre el rumbo de la economía, en un escenario donde el Gobierno defiende los resultados de su programa mientras que los datos oficiales y las proyecciones privadas muestran una recuperación cada vez más debilitada.
«Los indicadores no estarían evolucionando tan positivamente como esperábamos en un primer momento», reconoció el presidente Javier Milei en una entrevista radial. El mandatario atribuyó esta dinámica en parte a un contexto internacional de mayor inflación, tasas elevadas y menor actividad, aunque respaldó la estrategia oficial al señalar: «La foto es horrible, pero la película es la mejor de la historia».
Este reconocimiento se produjo seis meses después de que el ministro de Economía, Luis Caputo, anticipara en abril el inicio de un «proceso de desinflación con mayor crecimiento» y estimara que los siguientes «18 o 20 meses» serían probablemente los mejores de las últimas décadas. Por entonces, el FMI proyectaba una expansión del 4% para 2026. Sin embargo, los pronósticos fueron recortados y la discusión actual se centra en determinar si el freno en la actividad alcanza para configurar una recesión económica.
Qué implica una recesión técnica
La definición convencional exige dos trimestres seguidos de caída del Producto Interno Bruto (PBI) desestacionalizado, un indicador que descuenta las variaciones habituales del calendario. Este criterio no demanda una baja interanual ni impide cerrar el año con cifras de crecimiento positivo.
Según el INDEC, el PBI bajó 0,6% en el segundo trimestre respecto del primero, a pesar de registrar un incremento del 2% en la comparación interanual. Ante este panorama, el próximo informe correspondiente al período de julio a septiembre determinará el resultado definitivo de la secuencia.
Las señales previas, no obstante, se mantienen desfavorables. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,8% en julio, la peor caída registrada desde 2020 o 2018 si se excluyen los efectos de la pandemia. En agosto, el organismo informó una recuperación de apenas 0,1% desestacionalizado, aunque el índice retrocedió 1,7% interanual y dejó el acumulado en 1,2%.
De acuerdo con los cálculos del sector privado, septiembre requeriría una suba cercana al 8,5% mensual para evitar otra contracción trimestral. La consultora Equilibra estimó que dicho mes habría mostrado una mejora mensual del 0,5%, un porcentaje insuficiente para impedir una baja trimestral del 2,6%, configurando así «dos trimestres consecutivos de contracción», a la espera de las publicaciones definitivas del INDEC y las posibles revisiones del PBI.
Del optimismo oficial a la revisión de los indicadores
El cambio en las expectativas también tuvo su correlato en el discurso presidencial. A fines de septiembre, Milei había afirmado que «no hay recesión» sino una «desaceleración del ritmo de expansión», y cuestionó que las series desestacionalizadas reflejaran de manera adecuada los cambios estructurales de la economía.
En respuesta, el Gobierno priorizó el indicador de tendencia-ciclo, diseñado para suavizar las oscilaciones de corto plazo. No obstante, esa misma serie mostró una variación mensual prácticamente nula en agosto y completó cinco meses consecutivos sin registrar avances apreciables.
Por su parte, Caputo ofreció una perspectiva diferente al comparar la situación actual con la de diciembre de 2023, momento en que la administración asumió el poder, y aseguró que el país se encuentra por encima de aquellos niveles. Aun así, esta comparación no altera la dirección actual de la actividad, un hecho que quedó evidenciado en la decisión de los organismos internacionales de revisar sus proyecciones. La semana pasada, el FMI redujo del 3,5% al 2,1% su pronóstico para 2026.
El mercado también refleja cautela. El panel de entidades que participa del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el Banco Central recortó, antes de conocerse el EMAE de agosto, su cálculo anual del 2,1% al 1,5% y proyectó una baja del PBI del 1% en el tercer trimestre, seguida de una recuperación del 1,8% en el cuarto. Diversas consultoras privadas publicaron estimaciones en la misma sintonía.
Asimetrías sectoriales y el peso de la demanda
El desglose del PBI muestra que en el segundo trimestre las exportaciones crecieron un 2,5%, mientras que el consumo privado cayó un 2,4%, el consumo público un 2,3% y la inversión un 0,8%, de modo que el avance del sector externo no logró compensar las bajas internas.
Esta disparidad se replicó en el EMAE de agosto: mientras la minería creció un 11,1% interanual, la industria manufacturera retrocedió un 3,2% y el comercio cayó un 3,5%. Diez de las quince actividades relevadas por el INDEC registraron mermas. Según las estimaciones de Equilibra, en los primeros nueve meses los sectores primarios acumularon una expansión del 10,9%, en tanto que los no primarios cayeron un 0,6%.
El diagnóstico empresario aporta otra clave interpretativa. En las Encuestas de Tendencia de Negocios publicadas por el INDEC, el 54% de las industrias identificó la insuficiencia de demanda interna como el principal obstáculo para incrementar la producción. En el segmento de supermercados y autoservicios mayoristas, el 66,3% señaló la debilidad de la demanda como su principal limitación comercial.
El organismo informó además que en agosto las ventas reales de los supermercados bajaron un 3,7% interanual y las de los mayoristas un 3,6%, mientras que en los centros de compras crecieron un 3,7%, reflejando comportamientos heterogéneos según el canal comercial.
A esto se suma la situación financiera de los hogares. Según datos del BCRA, en agosto el 12,81% de los préstamos bancarios familiares se encontraba en mora, una problemática que motivó diversos debates en el Congreso y en legislaturas provinciales, aunque sin reunir los consensos necesarios para su aprobación.
Perspectivas para el tramo final del año
Las expectativas hacia adelante continúan divididas. En el sector industrial, el 19,3% de las empresas prevé reducir su nivel de producción y el 13,2% espera aumentarlo. En el ámbito de supermercados y mayoristas, el 22,1% confía en mejorar su situación comercial frente a un 5,8% que proyecta un empeoramiento.
Por otro lado, la confianza de los consumidores exhibe señales mixtas. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella registró en octubre una suba moderada del 0,8%, impulsada por una mayor disposición a comprar bienes durables. Sin embargo, las expectativas futuras retrocedieron un 2,6%, con caídas del 2,59% en la situación personal y del 1,57% en la evaluación macroeconómica.
El próximo dato oficial de septiembre y la posterior publicación del PBI trimestral permitirán zanjar la discusión estadística. Los indicadores del cierre de 2026 terminarán de definir si la recuperación logra expandirse desde los sectores exportadores hacia el mercado interno o si, por el contrario, se consolidan los pronósticos más reservados.
