Después de la convulsionada semana en la que no solo hay que hablar de los graves hechos ocurridos en el estadio el lunes, con el partido que fue suspendido por incidentes ante Mitre, sino también de la salida de Andrés Yllana, el ex entrenador y la confirmación de la llegada del Pulga Rodríguez, es el momento de volver a entrar en acción para el plantel sabalero. Y la cita es este domingo 5 de julio, en Resistencia, ante Chaco For Ever, el buen equipo que dirige el santafesino Ricardo Pancaldo y que está cumpliendo una buena campaña en este torneo de Primera Nacional.
Martín Minella asumió la conducción técnica del equipo, por el momento en forma interina aunque en el fútbol nunca se sabe qué puede pasar en el futuro. Dependerá de los resultados, como también fue, en parte, lo ocurrido con Yllana más allá de aquella frase de Godano: “Esto es con Yllana hasta el final”. En realidad, la salida de Yllana tuvo otro detonante, que fue el entredicho en la práctica con un referente. La relación ya venía resquebrajada y eso que pasó el jueves a la mañana fue la gota que rebasó el vaso. Entre los pésimos resultados (seis partidos perdidos sobre nueve jugados bajo su conducción técnica) y la relación con varios jugadores del plantel que no gozaba de buena salud, se decidió su despido.
La prueba de fuego es este domingo a las 16. La máxima responsabilidad pasa por el plantel y no por el técnico. ¿Qué le ha podido dar Minella en dos entrenamientos?, poco y nada, más allá de decidir un equipo diferente al que venía jugando, en cuanto a nombres y esquema. Son los jugadores quienes han quedado expuestos y necesitados de dar una respuesta positiva. Y que luego se diga o se piense lo que se quiera decir o pensar, algo tan viejo como habitual en el fútbol argentino cuando un técnico se va y el equipo despierta.
PESADILLA
Colón no está dormido, viene sumergido en una profunda pesadilla de la que no despierta. El equipo juega mal, los rendimientos individuales vienen muy por debajo de lo que pueden dar, no hay frescura, mucho menos un plan de juego claro y se nota la inseguridad, incluso en jugadores con mucha experiencia y protagonistas de “batallas” más duras que estas. Se fue Pereyra, llegó Yllana y la cosa no mejoró. Hay una idea generalizada de que en este torneo lo único que sirve es correr y meter, cuando en realidad se trata también de jugar al fútbol. Aunque sea un poquito. O lo suficiente para sacarle alguna ventaja al rival.
Minella armó un equipo ofensivo, mete por primera vez como titulares a la dupla Castro-Gigliotti (el Puma venía siendo casi siempre suplente con Yllana), más Jourdan, Bernardi y Lago en el medio para que sean los encargados de abastecer a los dos “9”. Es la propuesta más ofensiva que se ha visto en este torneo, al menos a priori y en cuanto a los nombres. Asume también riesgos defensivos. Un solo volante de características netas de contención, que además no viene jugando como titular y ha ingresado muy poquito o casi nada: Zahir Yunis se va a tener que bancar la marca en el medio. Y después, Bettini y Conrado Ibarra (otro que ha jugado muy poco en los últimos tiempos), para custodiar los laterales, apuntalados por la dupla Thaller-Soto como centrales.
Este domingo es “el partido de los jugadores”. No hay dudas. Son ellos los que tienen que dar respuestas contundentes y recomponer esa imagen totalmente deteriorada y conflictiva que hoy tienen con el hincha sabalero, que no los dejaba salir el lunes de la cancha, arrojándole proyectiles. La violencia no se justifica de ninguna manera. Pero los jugadores tienen algo a favor: pueden “hablar” adentro de la cancha, como solía decir un viejo y ya desaparecido dirigente del fútbol santafesino.
