Consumo récord: Argentina se ubica como el mayor consumidor de huevos del mundo

Con un consumo que se acerca a las 400 unidades anuales por habitante y ubica al país al frente del ranking mundial, la avicultura nacional celebra la Semana Mundial del Huevo con el foco puesto en la sanidad y la bioseguridad en las granjas. En este escenario, la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA) y especialistas del sector repasan los estándares productivos y derriban mitos históricos sobre las propiedades nutricionales de este alimento clave para la mesa de los argentinos.

Radiografía de la avicultura: Argentina al frente del consumo mundial y con números en alza

Con cerca de 400 unidades por habitante al año, Argentina se ubica al frente del consumo mundial de huevo. En el marco de la Semana Mundial del Huevo, celebrada del 5 al 9 de octubre, referentes del sector repasan las principales creencias en torno a este alimento y destacan el rol estratégico de la sanidad, la bioseguridad y el bienestar de las aves para sostener una cadena productiva segura y eficiente.

El producto es un pilar histórico en la mesa de los argentinos, aunque durante décadas estuvo atravesado por mitos vinculados al colesterol, el color de la cáscara, los riesgos de consumirlo crudo o la conveniencia de separar la clara de la yema. Hoy, la evidencia técnica permite revalorizar su composición nutricional, su versatilidad y su accesibilidad económica en los mercados.

A nivel internacional, el país marca el pulso con una demanda per cápita que ronda los 400 huevos al año por persona. Esta cifra supera con holgura a la de otros socios de la región, como Brasil —que registra unos 283 huevos por habitante— y Chile, con 251, ubicándose además muy por encima del promedio latinoamericano, fijado en unas 304 unidades. De este modo, el consumo interno supera en aproximadamente un 40% al brasileño y se posiciona casi un 60% arriba del chileno.

Perfil nutricional y desmitificación en la dieta

El protagonismo del huevo en la matriz alimentaria responde directamente a su densidad nutricional. Una porción estándar de dos unidades, equivalente a unos 100 gramos, aporta cerca de 13 gramos de proteínas de alta calidad, vitaminas B12 y D, ácido fólico y biotina. A su vez, aporta minerales esenciales como fósforo, hierro, zinc y selenio, sumado a un alto contenido de colina, un nutriente clave para el correcto funcionamiento cerebral y del sistema nervioso.

Pese a sus virtudes, la cadena agroindustrial aún enfrenta mitos arraigados que la ciencia de los alimentos se encarga de disipar:

  1. El huevo aumenta el colesterol en sangre. Durante años, su reputación se vio afectada por recomendaciones restrictivas. Sin embargo, la evaluación del riesgo cardiovascular actual contempla el patrón alimentario global y los hábitos de vida, y no se ancla en un único alimento. En personas sanas, el huevo se integra sin inconvenientes en una dieta equilibrada.

  2. Los huevos marrones son más nutritivos que los blancos. La coloración de la cáscara responde estrictamente a factores genéticos de la gallina ponedora, sin implicar diferencias en el valor nutricional del contenido.

  3. El huevo crudo permite aprovechar mejor sus nutrientes. La evidencia descarta esta creencia; la cocción optimiza la digestibilidad proteica y mitiga drásticamente la presencia de patógenos como la Salmonella, garantizando la inocuidad.

  4. Los huevos deben lavarse antes de guardarlos. La cáscara posee una cutícula protectora natural. Un lavado previo al almacenamiento daña esa barrera y facilita el ingreso de microorganismos a través de los poros, por lo que se aconseja manipularlos según estrictas pautas de conservación.

  5. Comer solamente la clara es siempre más saludable. Clara y yema cumplen roles complementarios. Mientras que la primera concentra el perfil proteico, la yema aporta lípidos de calidad, vitaminas, minerales y colina, haciendo del huevo entero la opción más completa desde el punto de vista nutricional.

Expansión industrial y arraigo en los principales polos productivos

El liderazgo argentino en la demanda interna tiene su correlato directo en el plano productivo. El rodeo nacional de gallinas ponedoras superó las 62 millones de aves durante el último ciclo, marcando una expansión cercana al 9%, con proyecciones para 2026 que ubican el stock entre 65 y 67 millones de animales.

En paralelo, la oferta batió marcas históricas: durante 2025 se produjeron alrededor de 19.000 millones de huevos, y las estimaciones para el presente año auguran la superación de la barrera de los 20.000 millones. En este entramado, Buenos Aires y Entre Ríos concentran aproximadamente el 70% de la producción nacional, consolidándose como los principales bastiones de la actividad avícola del país.

Este dinamismo exige mayores controles. «El crecimiento de la industria no es casualidad: es el resultado de años de inversión sostenida en genética, sanidad y tecnología por parte de los productores argentinos. Pero ese ritmo de expansión también nos exige más. Cada gallina que sumamos al sistema tiene que estar acompañada por los más altos estándares sanitarios, porque ahí es donde se juega la sustentabilidad de todo el sector», advirtió Javier Prida, presidente ejecutivo de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (Capia).

Trazabilidad, Senasa y el enfoque de «Una Salud»

La calidad e inocuidad del producto final no se definen en las góndolas, sino que se gestan en las granjas. Los programas de inmunización, las estrictas medidas de bioseguridad, el monitoreo epidemiológico constante y la asistencia de profesionales veterinarios conforman el núcleo de una estrategia orientada a blindar el estatus sanitario de los planteles.

En el plano institucional, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) fija los protocolos obligatorios para habilitar y fiscalizar los establecimientos avícolas, exigiendo planes sanitarios rigurosos y la presencia de directores técnicos veterinarios. Estas normativas minimizan contingencias y sostienen la competitividad comercial.

Bajo este escenario, cobra fuerza el paradigma de «Una Salud», un enfoque integral que vincula la sanidad animal, la salud humana y la preservación ambiental. «La salud animal, la salud humana y la salud del ambiente están profundamente conectadas. Cuando protegemos la salud de las aves, contribuimos también a una producción de alimentos segura y sostenible», resumió Eugenia Sanz, directora de la Unidad de Negocios de Avicultura de MSD Salud Animal.

Detrás de cada unidad que llega a las bocas de expendio confluyen eslabones complejos que van desde la genética y la nutrición hasta el manejo sanitario y la tecnología aplicada, factores que ratifican el protagonismo del sector en la economía agroalimentaria nacional.


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