Veteranas de Malvinas: una lucha contra el olvido
La semana pasada se cumplieron 38 años desde la Guerra de Malvinas. En contexto de aislamiento preventivo

La guerra de las mujeres

La semana pasada se cumplieron 38 años desde la Guerra de Malvinas. En contexto de aislamiento preventivo, MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con Alicia Reynoso, veterana de guerra y enfermera que aún hoy continúa ejerciendo su vocación de servicio, pero esta vez en la guerra contra un agente silencioso y microscópico.

Guillermina Ferraris
redacción-er@miradorprovincial.com

Algunas eran instrumentistas quirúrgicas, otras enfermeras, también había especialistas en terapia intensiva y personal a bordo de aviones que trasladaban heridos hasta el continente. Algunas de ellas eran voluntarias. Todas pertenecientes a la Fuerza Aérea, la Marina Mercante y la Armada Argentina. Efectivamente, hubo decenas de mujeres que desembarcaron el 2 de abril de 1982 en las Islas Malvinas, en el marco de una absurda guerra por el territorio, que se llevó a cabo durante la última dictadura cívico-eclesiástica-militar y que representó uno de los episodios más dolorosos de la historia argentina.

Fue una labor dura, difícil de sobrellevar. Al tratar a los soldados heridos o amputados, que muchas veces agonizaban física y psicológicamente, estas mujeres tuvieron que ejercer además, un rol de contención y acompañamiento psicológico. Aquellas jóvenes trabajadoras que vivieron en carne propia la crudeza de la guerra no sólo se encargaban de la atención sanitaria, sino que también generaban un vínculo emocional con los soldados, ya que eran el primer contacto que recibían después de haber estado en la zona del conflicto.

Hasta el día de la fecha, el aporte fundamental que hicieron las veteranas en la Guerra de Malvinas no está lo suficientemente reconocido ni valorado en el imaginario colectivo nacional. Es por eso que año tras año, los movimientos feministas acompañan la lucha por la visibilización de todas aquellas mujeres que arriesgaron su vida en representación y en defensa de su país. Recién en 2012, mediante una Resolución del Ministerio de Defensa, el Congreso de la Nación reconoció la presencia de algunas veteranas que tuvieron participación activa en el conflicto bélico.

Vocación

En medio del aislamiento preventivo y obligatorio, MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con una de las pocas Veteranas de Malvinas que fue reconocida a nivel nacional, dedicó su vida al servicio de enfermería y durante los últimos años, a la visibilidad de las veteranas. Alicia Reynoso tiene 66 años, nació en Gualeguaychú y durante la guerra fue enfermera en el hospital militar montado en Comodoro Rivadavia. Actualmente continúa su labor de servicio en el hospital de la Fuerza Aérea y trabaja para el Ministerio de Salud de la provincia. Incluso contó que durante la cuarentena dictada por el avance del Covid19, vacunó a muchas personas pertenecientes a la población de riesgo. En estos momentos, sabe que es necesario recordar lo acontecido aquel 2 de abril, pero reflexiona que lo importante es comprender que la enfermería es una vocación de servicio muy necesaria, que siempre estuvo: ayer y hoy.

–¿Qué edad tenías y cómo fue que te convocaron para ir a guerra? ¿Qué clima se vivía en la Argentina de aquella época?

–Las enfermeras teníamos entre 21 y 24 años, éramos todas mayores de edad y profesionales, pero bastante jóvenes a la vez. Habíamos sido formadas fuera de la institución y habíamos sido incorporadas cuando la institución, o sea la Fuerza Aérea, creyó conveniente realizar una prueba piloto, con respecto a la mujer ingresando a las Fuerzas Armadas. El clima que se vivía en esa época, en abril del año ´82, era un clima eufórico, triunfalista, de unidad, el sentimiento era de una lucha de todos por una Argentina mejor.

–¿Qué vínculos se construyeron durante la experiencia? ¿Cómo fue volver de la guerra? ¿continuaste con la labor de servicio a la Fuerza Aérea?

–Los vínculos fueron estrechos, de amistad, confianza, solidaridad, respeto y por sobre todas las cosas, orgullo de estar todos en ese lugar, escribiendo una parte muy importante de la historia. Cuando terminó el conflicto todas seguimos trabajando en los diferentes destinos, yo fui destinada a la Escuela de Aviación, a realizar un curso de nueve meses de oficiales. Mis compañeras todas fueron también a diferentes destinos dentro de los hospitales donde habíamos estado antes del conflicto. Continué trabajando en la Fuerza Aérea, hasta el año 86 en el que pedí la baja porque en aquella época no podíamos casarnos entre cuadros diferentes. Yo era oficial y mi ex esposo era suboficial, asique tuve que decidir y decidí pedir la baja porque aposté a la familia y al amor.

–Partiendo de la premisa feminista de que “lo personal es político” ¿Qué lugar crees que ocupó políticamente la mujer en la Guerra de Malvinas?

–Las mujeres ocupamos un lugar en esos tiempos, que es el que se nos permitía ocupar. Recuerden que en esa época no había oficina de género, no había feminismos, no había nada. Recién estábamos despertando y construyendo un feminismo que empezaba a dar sus primeros y tambaleantes pasos. Creo que lo hicimos de la mejor manera que pudimos.

–¿Qué ocurre con la cuestión del reconocimiento? ¿Por qué crees que no se las menciona lo suficiente cuando se habla de la Guerra de Malvinas?

-El rol fundamental de la mujer en la guerra fue olvidado por la Fuerza Aérea durante más de 30 años. Nosotros escuchábamos que se hablaba de los veteranos, se hablaba de la guerra y nunca se hablaba de nosotras, de las mujeres que habíamos estado en ese mismo lugar. El hospital fue un lugar a donde se vivieron muchas cosas, lindas y feas. También donde vimos la miseria humana. Las guerras, así como la que estamos viviendo en la actualidad contra el coronavirus, sacan lo mejor o lo peor de un ser humano.

–¿Cómo se combate el olvido?

–La verdad nunca pensé que tenía que combatir el olvido, pero cuando decidí empezar a contar mi historia, allá por el 2010, cuando levanté la bandera por la visibilidad de la mujer, lo hice convencida de que era lo que teníamos que hacer. Estábamos escuchando mucho la palabra género, igualdad, violencia y nosotras calificábamos para todos esos conceptos que se empezaban a sentir, así que empecé a hablar. Obviamente fui maltratada, violentada y ninguneada por contar una verdad que estaba muy bien guardada, pero lejos de retroceder o callarme nuevamente, usé todos esos palos y piedras que me tiraron y formé la escalera más grande para llegar a donde hemos llegado, que es el reconocimiento de la gente. Un reconocimiento que va mucho más allá del valor económico.

Reconocimiento

–¿Concretamente por qué lo mencionas?

–Hay personas que piensan que una sólo busca un resarcimiento económico y acá hay una cuestión mucho más importante de fondo: hay una deuda de honor con la mujer que participó en aquel suceso bélico. Conste que todos los gobiernos de turno se encargaron callarlo, de olvidarlo o de mirar para otro lado. Habría que preguntarles a ellos por qué el olvido. Nosotras estamos reconocidas por el Congreso de la Nación, como Veteranas de Guerra con medalla y diploma por la Ley 23.118 y aún hoy hay personas dentro de la Fuerza que todavía dudan de si nosotras estuvimos o no. Son personas necias que no quieren ver la verdad. A mí me llevó años de terapia poder hablar, ojalá algunos de ellos puedan hacer terapia, así empiezan a pensar lo importante que es construir un mundo mejor.

Libro y documental

–Contanos del libro que escribiste: Crónicas de un olvido.

–Fue por este mismo motivo que decidí escribir el libro y salir a dar charlas. Es corto, conciso y narra todas estas experiencias que vivimos dentro del Hospital. Con el libro hemos hecho diferentes actividades en colegios, facultades, la cárcel, fábricas, a donde nos llamen, ahí estamos. Se ha inventado el rumor de que nosotras cobrábamos por dar entrevistas. Pero nosotras no cobramos nada, simplemente, en esta última etapa, pedíamos por favor si nos podían ayudar con los pasajes o la estadía porque lo estábamos pagando de nuestro bolsillo y en algún momento la situación se tornó imposible. Así que pedimos un lugar criterioso y respetable para dormir y que nos ayuden con los viáticos del viaje.

Te adelanto que para este año tenemos previsto el estreno del primer documental que filmamos en Comodoro Rivadavia. Estuvimos durante 15 días filmando en los lugares donde estuvimos y hasta encontramos el refugio donde nos refugiábamos por las noches a veces. Está muy bueno aunque no hemos podido estrenarlo por razones obvias, pero ya lo vamos a estar estrenando cuando termine la cuarentena, así como también estrenaremos una muestra de fotografía en la Asociación de los Artistas Plásticos en Buenos Aires, sobre nuestro accionar, con fotos, testimonios y demás obras de arte que se han hecho al respecto.

La verdadera historia

–El año pasado fuiste la cara visible de un reclamo porque no las querían dejar desfilar en el desfile oficial…

–Sí, el 9 de julio del año pasado se nos quiso impedir que participemos en el desfile oficial. En un momento hasta se dijo que nos iban a sacar con la fuerza pública, pero nosotras estamos acostumbradas a hacerle frente las negaciones, a los miedos de algunos y en esta ocasión también dimos pelea. Terminamos desfilando de todos modos y la gente nos apoyaba muchísimo más todavía, porque se daban cuenta del egoísmo que tienen algunos que han contado una historia que no es la verdadera. Quedará en su conciencia asumir si lo han contado como fue realmente o no. Nosotras las enfermeras sabemos dónde estuvimos y dónde estuvo cada una, sabemos por qué tenemos la medalla y la lucimos con orgullo y sin miedo, algo que no todos pueden hacer.


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