«El derecho nos atraviesa desde que nacemos y hasta mucho después de haber fallecido»
Jurista

Matías Diodati

Jurista, de 32 años, ha logrado desarrollar ya una importante trayectoria. Es docente de la UNR y brinda su opinión sobre la justicia como institución. Una interesante historia de vida, en una entrevista con Mirador Provincial.

Gisela Mesa
redaccion@miradorprovincial.com

De vocación abogado, Matías Diodati, rosarino de barrio Tiro Suizo, dialogó con Mirador Provincial donde nos da su opinión de la justicia y nos cuenta su historia de vida.

Nació y creció en zona sur de Rosario, un barrio de gente trabajadora, "de cuando se jugaba a la pelota con los chicos de la cuadra, y el desafío esperado era el partido con los de la cortada de la vuelta, recuerda.

Sobre su día a día, expresa que "al trabajar con problemas que resolvemos para nuestros clientes, es importante siempre estar avanzando. El compromiso es fundamental ya que no son números sino personas, que necesitan justicia. Por eso el día se reparte entre audiencias, escritos, reuniones y, cuando se puede, parar para comer".

– ¿Por qué elegiste ser abogado?
– Desde chico quise ser abogado. Me molestaban mucho las injusticias, y siempre deseaba tener a un tercero imparcial que pudiera dirimir lo que me pasaba a mi o a un tercero. Por eso entiendo que es mi vocación. Cuando estaba en la Facultad, trabajé un tiempo en tribunales (del otro lado del mostrador) pero no me terminó convenciendo trabajar dentro de la justicia, por lo que me quedó claro que lo que quería era ejercer la profesión.

– ¿Qué opinás de la acuñada frase "los abogados son un mal necesario"?
– Coincido con la frase. Creo que el conflicto está en la naturaleza misma del ser humano. Y muchas veces, por distintas razones, estos conflictos no pueden resolverse de forma consensuada. Es ahí donde los abogados son una herramienta necesaria para llegar a esa solución, ya sea de persona a persona en igualdad de posiciones pero con posturas disímiles, o en el caso del pequeño frente al grande donde hay desigualdad de poder. La justicia como institución, salvo en los casos donde debe actuar de oficio, como en el ámbito penal, no interviene más allá de lo que le plantean las partes, a través de sus representantes, los abogados. He visto numerosos casos en los cuales una persona no asesorada por un abogado, comete errores que a futuro le terminan resultando sumamente perjudiciales. Para decirlo de una forma sencilla, frente a un problema de salud, podemos auto medicarnos o consultar a un médico. Esto muchas veces puede ser determinante; en el derecho tenemos el mismo escenario.

– ¿Cuál ha sido el momento más difícil que has vivido como abogado? ¿Has rechazado algún caso?
– Los casos más difíciles son aquellos donde hay involucrados niños o personas que no pueden defenderse por sí mismos. Obviamente, uno cuando está en el rol profesional se separa de las singularidades del caso y se pone en una postura objetiva. Creo que es la primera regla a la hora de defender bien un caso. He tenido que rechazar, sí, justamente cuando veía desde un primer momento que el fondo del asunto no llegaría a un resultado justo.

– ¿Creés que hay jueces que se consideran por encima del bien y del mal ante la ley?

– Los jueces, al igual que los abogados, y cualquier otra persona, antes que nada son seres humanos. No son la mayoría para nada, pero en los casos en los que un juez falla "por encima de la ley" o por fuera de ella, normalmente terminan a largo plazo rezagados en sus sentencias. Por supuesto, no es la intención hablar de posturas iusfilosóficas, porque sería irnos por las ramas a rincones ya muy lejanos, pero creo que los jueces son muy conscientes en general del apego a la ley, en sentido amplio.

– Y ahora un poco de autocrítica. ¿Qué crees que debería mejorar la abogacía en general y qué deben mejorar los abogados/as en particular?
– Acá podríamos escribir largo y tendido. Podría decirte que la abogacía debería mejorar en su sentido de pertenencia como cuerpo colegiado, como órgano extra poder de la justicia. La abogacía (los abogados y me incluyo), no tomamos las medidas necesarias como gremio, para articular las herramientas como auxiliares de la justicia. Ese desafío se ve cada vez más profundizado cuando vemos la cantidad creciente de abogados y abogadas que se suman al cuerpo colegiado. De esta manera, una vez que se sale de la universidad, las alternativas son tantas y tan variadas que resultan a veces imposibles de contemplar, por lo que se termina cayendo en actividades irregulares o que poco suman a la profesión. Como mejora, tenemos como apuesta la modernización, la inmediatez y las nuevas formas que nos trae la tecnología, tanto para vincularnos, para llevar adelante un caso, como para sortear las trabas burocráticas.

– ¿Qué lectura hacés de la justicia en nuestro país?
– La justicia tiene grandes desafíos por delante. Por un lado, creo que ha comenzado de a poco un proceso de apertura en donde quienes forman parte de la justicia, lo hacen conforme un proceso que valora sus aptitudes y formación y no tanto su apellido; aunque aún falta mucho por transitar. Por otro lado, el principal desafío entiendo que es la informatización, la modernización. La Pandemia ha ayudado en gran medida a avanzar a cambios (que debieron ocurrir hace unos diez o quince años en algunos casos) pero es digno de celebrarse. Fuera de ello, será cuestión de tiempo y de la inevitable experiencia, que la justicia recobre su lugar frente a la sociedad; la que creo que hoy ha perdido credibilidad y hasta legitimidad (con la falta de acción judicial y la mano propia).

– ¿Qué te emociona hoy del derecho?
– Te diría que las mismas cosas que al principio. Por supuesto, con el trajín del ejercicio de los años, pero el motor de la vocación en buscar una solución para una persona que sufre un injusto siempre está presente. El derecho nos atraviesa desde que nacemos y hasta mucho después de haber fallecido, por lo que en innumerable cantidad de ocasiones nos enfrentamos a estos desequilibrios o injusticias que requieren asistencia.



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