Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) expone un complejo panorama agrícola para la región, con la cosecha de soja demorada por las lluvias en la Zona Núcleo mientras los puertos del Gran Rosario, en Santa Fe, registran ingresos récord de granos. En esta dualidad, la harina de soja toca máximos internacionales, pero la fuerte comercialización del trigo nacional se ve ensombrecida por la incertidumbre climática en Estados Unidos.
La soja, entre el retraso de la trilla y el movimiento portuario
La campaña de soja argentina atraviesa un escenario dual. Mientras las lluvias persistentes en la región central frenan el avance de la trilla, que apenas alcanza el 25% del área en la Zona Núcleo —muy por debajo del promedio histórico para esta época del año—, la dinámica logística en los puertos del Gran Rosario muestra una actividad récord. Los analistas de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) señalaron ingresos que superaron los 18,8 millones de toneladas descargadas en lo que va del año, un 30% por encima del promedio. Este volumen tan elevado responde, en gran medida, al fuerte flujo de cereales y girasol, ya que la oleaginosa aún no ingresa masivamente al circuito comercial. La humedad en los perfiles de suelo, si bien beneficiosa a futuro, complica la operatoria actual en los campos santafesinos.
Precios de la soja, en el piso de la campaña
En este complejo panorama climático y logístico, el precio disponible de la soja en el mercado local evidencia una marcada debilidad. La cotización se mantiene en torno a los 430.000 pesos por tonelada, ubicándose, en términos reales, en su nivel más bajo desde julio del año pasado y un 22% por debajo del promedio. En dólares, la caída reciente también resulta significativa para el productor local, en contraste con la estabilidad observada en los mercados internacionales de la oleaginosa. Esta situación genera incertidumbre entre los productores que buscan definir su estrategia de comercialización.
Harina de soja: demanda global en ascenso, pero con nuevos jugadores
A contramano de la situación de la soja en el mercado local, la harina de soja exhibe una tendencia alcista a nivel internacional. En la plaza de Chicago, los valores alcanzaron máximos desde fines de 2024. Este impulso responde tanto a una sostenida demanda global como al posicionamiento de fondos especulativos, lo que se traduce en mejores precios de exportación para la industria aceitera argentina, con valores que superan los 370 dólares por tonelada. Sin embargo, el informe advierte sobre cambios estructurales en el mercado global. Países como Estados Unidos y Brasil están ganando un protagonismo creciente en la producción y exportación de harina. En particular, el crecimiento del procesamiento en Estados Unidos —impulsado por la demanda de biocombustibles— incrementa la oferta global y actúa como un factor que limita subas más pronunciadas en los precios a futuro.
Trigo: alta comercialización, pero la oferta global presiona los precios
En cuanto al cereal de invierno, la comercialización de la campaña 2025/26 muestra un nivel elevado, con 17 millones de toneladas ya comprometidas. Este volumen representa el más alto desde el ciclo 2021/22. No obstante, al compararlo con la producción total estimada, cercana a 29,5 millones de toneladas, el ritmo relativo de ventas pierde algo de su fuerza inicial. El mercado aún dispone de un importante saldo exportable, lo que comienza a generar presión sobre los precios en un contexto de alta competencia internacional, especialmente por parte de Rusia, un jugador clave que siempre influye en las cotizaciones globales.
Alerta por el trigo en Estados Unidos: sequía y la siembra más baja en un siglo
A nivel global, la atención se concentra en Estados Unidos, donde la campaña 2026/27 de trigo enfrenta serias dificultades climáticas. La sequía severa afecta a más de dos tercios del trigo de invierno, con un deterioro sostenido en las condiciones de los cultivos. Según los últimos datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), solo el 34% del trigo se encuentra en condiciones buenas a excelentes, muy por debajo de lo registrado el año pasado. Este escenario, sumado a una reducción proyectada del área sembrada —la más baja en más de un siglo—, enciende señales de alerta sobre la producción futura y la oferta exportable global.
Un mercado agrícola en constante tensión y volatilidad
El mercado agrícola atraviesa un momento de alta volatilidad, donde conviven factores netamente locales —como el clima, la disponibilidad de perfiles de humedad y la logística de acopio en la región— con variables globales como la oferta internacional, la demanda de los grandes compradores y las condiciones productivas en los principales países exportadores. En este contexto, tanto productores como operadores deberán seguir de cerca la evolución de los mercados y del clima, en un escenario donde las oportunidades y los riesgos se presentan con igual intensidad para la toma de decisiones estratégicas.
