En los Tribunales de Santa Fe, seis nuevos testigos en el juicio oral por las estafas de una firma local revelaron ayer un singular esquema de recaudación que incluía cobros a domicilio. Los testimonios detallaron la entrega de contratos a los damnificados a pocas horas del colapso de la empresa en enero de 2017.
Continúa el debate oral por las presuntas estafas de Maros Turismo
El debate oral y público por las presuntas estafas atribuidas a la agencia Maros Turismo prosiguió este lunes en la Sala 6 de los tribunales santafesinos, sumando nuevas revelaciones. Ante el tribunal, integrado por los magistrados Celeste Minniti, Pablo Spekuljak y Pablo Busaniche, más de media docena de damnificados brindó detalles sobre la mecánica empleada por la firma, originalmente establecida en calle 1° de Mayo al 6900, para la captación de fondos.
La acusación, sostenida por las fiscales Rosana Marcolín y Gabriela Arri, sostiene que las imputadas sostuvieron una «pantomima» de solvencia para inducir a error a los clientes, incluso después de haber presentado un concurso preventivo de acreedores el 29 de diciembre de 2016. Marcela Arévalo, Ana Felice, Lucila García e Ivana Álvarez Flores enfrentan pedidos de pena de hasta 9 años de prisión por los delitos de estafas reiteradas y falsificación de instrumento privado.
Los testimonios presentados en la jornada permitieron reconstruir una estructura de captación que abarcaba reuniones en casas particulares y un sistema de cobro que, de acuerdo con el bloque acusador, se intensificó notablemente en los días previos al 2 de enero de 2017, fecha en la que se desató el escándalo. Los testigos describieron la entrega de dinero en efectivo, transferencias bancarias y el cobro de viajes y paquetes turísticos en el ámbito privado de las víctimas.
La modalidad de cobros a domicilio
Uno de los datos más significativos sobre la mecánica operativa surgió del relato de una testigo que en febrero de 2016 contrató un viaje de 15 años para su hija. La mujer precisó que, tras acordar un pago al contado para obtener un descuento, la propia Marcela Arévalo se trasladó hasta su vivienda en la ciudad de Esperanza. Según su declaración: «Ella va a mi casa, baja con una bolsa, saca una máquina de contar dinero. Yo le pago $ 60.000, los cuenta y me da un recibo». La damnificada recordó que afuera esperaba un hombre —presuntamente Miguel Correa, expareja de Arévalo, ya condenado en otra instancia judicial— en un vehículo gris estacionado frente a su hogar. El viaje, que debía concretarse en 2017, nunca se realizó.
Esta modalidad de cobro externo fue confirmada por otro testigo, quien abonaba pasajes con destino a Miami. «Algunas cuotas fui y las pagué en la agencia y otras vinieron a cobrarlas a mi casa», explicó, señalando que quien retiraba el dinero era generalmente la pareja de la dueña. De igual manera, otra víctima, cliente que ya había viajado previamente con la firma a Cuba, ratificó ante el tribunal que para su segunda contratación, Arévalo se dirigía personalmente a su domicilio para recibir las cuotas de un viaje grupal para más de 20 personas.
Rastro bancario y contratos de último momento
Además de los cobros en efectivo, la agencia también recibía transferencias y pagos con tarjetas de crédito. Un testigo que contrató pasajes aéreos hacia Miami relató que, tras efectuar un primer pago en la sede de la agencia, recibió indicaciones de Arévalo para completar el saldo mediante una transferencia electrónica. «Nos pasa el CBU para hacer la transferencia, creo que era titular la madre», afirmó. Este dato resulta central en la acusación de la fiscalía, que sostiene que Ana Felice era la titular registral de las cuentas donde se licuaba el giro comercial de la firma mientras su hija dirigía la operatoria.
La desconfianza también caracterizó las horas finales de diciembre de 2016. Una madre que planificaba el viaje de su hija de 17 años junto a una familia amiga describió la tensión vivida para obtener algún documento que respaldara su inversión, ante la falta de precisiones sobre hoteles y vuelos. La mujer dijo que debieron «presionar» a los responsables para obtener una respuesta: «El 30 de diciembre ella (Arévalo) me da un contrato… el resto nadie tiene contratos». La misma testigo aportó detalles sobre el manejo cotidiano del dinero en el local, señalando que mientras la ex empleada Lucila García solía atender al público, el dinero era entregado a un hombre (Correa) que «iba a un cuartito, contaba la plata» y luego regresaba con el recibo.
Uno de los momentos más gráficos de la jornada fue protagonizado por un testigo que debía volar a México el 3 de enero de 2017. El damnificado recordó que, a pesar de haber realizado pagos en efectivo y con tarjetas de crédito semanas antes, el día previo al viaje recibió un llamado citándolo de urgencia a la agencia, donde le informaron que sus vacaciones se habían suspendido. El hombre describió la angustia de descubrir el fraude en el momento exacto de la partida: «Tenía la valija preparada en la puerta de mi casa para esperar que me pasen a buscar». A diferencia de otros casos, este pasajero logró que las entidades bancarias le reintegraran los cargos de las tarjetas, aunque nunca recuperó la parte abonada en billetes.
El debate oral y público continuará este martes, con nuevas audiencias previstas para las próximas semanas.
