Los vecinos de Santa Fe ya sienten el impacto de la reducción de frecuencias en el transporte urbano. Las empresas que operan en la capital santafesina califican el escenario como «crítico», una situación que a nivel nacional la Federación Argentina de Transportadores por Automotor de Pasajeros (Fatap) advirtió como una «emergencia terminal». Esto se traduce directamente en menos colectivos circulando por las calles.
Concretamente, en la ciudad de Santa Fe, el grupo Autobuses –responsable de líneas clave como la nueva 22, el servicio a Recreo (Inter) y los recorridos 4, 5, 8, 10, 11, 13, 14, 16 y 18– ya implementó recortes.
Según informaron a El Litoral, aplican una reducción del 40% en horarios valle (fuera de los picos de demanda) y mantienen un 10% menos de unidades en horarios pico respecto a marzo. Esto reorganiza la distribución de coches, impactando en los tiempos de espera y la regularidad del servicio, lo que genera crecientes quejas entre los usuarios. Desde la empresa anticiparon que este panorama «seguramente se profundice» la próxima semana.

Por su parte, la empresa Ersa, a cargo de las líneas 1, 2, 3, 9 y 15, sostiene la cantidad de unidades, pero introdujo «ajustes operativos» como la «reducción de velocidad», aunque aclararon que la diferencia con la situación anterior es «mínima».
La voz de las empresas: recortes y riesgos
La Fatap, que agrupa a las empresas de transporte de pasajeros del interior del país, detalló que esta «gravedad de la situación afecta de manera directa la frecuencia y calidad del servicio que usted recibe diariamente». La federación habla de una reducción de frecuencias de hasta el 40% fuera de los horarios pico y la suspensión de servicios nocturnos, además de advertir sobre riesgos en el pago de salarios.
El origen de esta crisis, según las empresas, radica en un «sistema desfinanciado» por el aumento del combustible y la falta de actualización de ingresos. El gasoil, que representa un 18% del costo del boleto, tuvo un incremento del 25%, lo que implicaría un 4% de necesidad de aumento solo por ese rubro. A esto se suma la deuda del Estado nacional por los «Atributos Sociales», correspondientes a descuentos de la tarjeta Sube, que las firmas aseguran estar financiando con recursos propios.
Diferencias con Amba y la raíz del problema
Un punto central de la denuncia de las transportistas es la marcada desigualdad en la distribución de subsidios. Mientras el Amba «recibe fondos masivos para mantener un boleto entre $ 700 y $ 800», en el interior del país –y particularmente en Santa Fe– el costo real del pasaje «ya debería superar los $ 2.300 para cubrir los gastos», indicaron desde el sector. Esta diferencia abismal pone en evidencia el desequilibrio en las políticas de subsidio a nivel nacional.
La Municipalidad evalúa la situación y busca amortiguar el impacto
Desde la Municipalidad de Santa Fe, reconocieron el complejo escenario que atraviesa el sistema de transporte. El subsecretario de Movilidad y Transporte, Raúl Hurani, confirmó este miércoles a CyD Litoral que «el municipio evalúa constantemente el sistema», consciente del impacto en los costos de prestación que ha llevado a los empresarios a solicitar una actualización tarifaria.
Hurani explicó que el pedido de referencia de las empresas ubica el boleto en torno a los $ 2.300, en un contexto de aumento del combustible y la quita de subsidios nacionales. Sin embargo, el funcionario aseguró que se trabaja para «amortiguar el impacto en los usuarios». «Se trabaja en alternativas para evitar que el impacto se traslade directamente al bolsillo del vecino y asegurar la sostenibilidad del servicio», afirmó.
Respecto a la frecuencia, Hurani admitió que pueden registrarse algunas reducciones, aunque las calificó de «esporádicas» y «acotadas». «Cualquier reducción se estudia al detalle para que ocurra solo en horarios de baja demanda, buscando perjudicar lo menos posible al pasajero», sostuvo. Mientras continúan las negociaciones entre la Municipalidad y las empresas, el sistema de transporte urbano de la ciudad de Santa Fe se mantiene en un equilibrio frágil, con la advertencia del sector de que «corre riesgo de desaparecer» sin una solución de financiamiento.
