Un local de venta de accesorios para telefonía sufrió un nuevo robo en la madrugada de este martes en el centro de Santa Fe, específicamente en calle Obispo Gelabert y Rivadavia. Este es el segundo asalto en los seis meses que lleva abierto el negocio, lo que agudiza la preocupación por la inseguridad en la «Recoleta» santafesina, según lamentaron sus empleados.
Nuevo asalto en local céntrico de venta de accesorios para telefonía
Un comercio dedicado a la venta de accesorios para telefonía, ubicado en calle Obispo Gelabert a escasos metros de la esquina noroeste de su intersección con Rivadavia, en pleno centro de la capital provincial, fue objeto de un robo durante la madrugada de este martes. Este hecho delictivo representa el segundo incidente de sus características para el local, que opera desde hace apenas seis meses en la zona.
Aproximadamente a las 7.30 horas, el propietario fue alertado del suceso. Agentes policiales constataron que los autores del ilícito violentaron una de las vidrieras del establecimiento. Utilizaron una baldosa, que fue hallada partida en el interior del inmueble, para romper el grueso cristal, descrito como «blindado».
El o los delincuentes, tras generar un boquete de unos 40 centímetros de diámetro, sustrajeron la totalidad de los elementos valiosos que se encontraban al alcance en el estante adyacente a la rotura. Lidia, quien atiende el negocio, manifestó a este medio que el perjuicio económico fue significativo, afectando no solo a los propietarios sino también a los empleados del lugar.
Reincidencia y preocupación en la «Recoleta» santafesina
El local había sido blanco de un robo similar apenas dos meses atrás. En aquella ocasión, los delincuentes atacaron la vidriera contigua, utilizando la misma metodología. A pesar de haberse radicado la denuncia pertinente, la investigación no arrojó resultados que derivaran en la identificación o aprehensión de los responsables.
La zona, conocida como la «Recoleta» santafesina, se percibe como insegura, según Lidia. La empleada explicó que, a partir de las 18 horas, la escasa iluminación y la falta de transeúntes llevan a cerrar la puerta del comercio con llave, obligando a los clientes a golpear para ingresar. Si bien esta medida se toma como precaución, Lidia reconoció que no es infalible, ya que «aunque el que aparezca es un desconocido hay que abrir igual y una nunca sabe».
Comerciantes vecinos de la cuadra también han reportado haber sido víctimas de ilícitos de características análogas en los últimos tiempos, lo que acrecienta la preocupación en el sector.
