Geriátrico del Horror: así se quedaban con el dinero de los abuelos

Una investigación judicial en Santa Fe reveló un esquema sistemático de apropiación de haberes previsionales de adultos mayores en un geriátrico clandestino. La maniobra, denunciada por familiares, dejaba a los residentes en situación de vulnerabilidad económica y social.

Denuncia por presunta estafa en geriátrico clandestino

El 23 de abril de 2026, tres meses antes del incendio que expuso el funcionamiento del geriátrico clandestino Nuevo Horizonte, la señora D.R., hija de uno de los residentes, radicó una denuncia penal. En su presentación, acusó a la responsable del establecimiento, hoy prófuga de la Justicia, de apropiarse de los haberes de su padre mediante un mecanismo que, según su testimonio, se aplicaba de manera sistemática. Esta denuncia significó una ampliación de una presentación anterior, luego de que la familia, en colaboración con personal del Banco Nación, analizara los movimientos de la cuenta bancaria del adulto mayor afectado.

El vaciamiento de las cuentas

De acuerdo con la certificación policial incorporada al expediente judicial, una vez que los haberes previsionales eran acreditados, comenzaban a registrarse operaciones que la familia asegura no haber realizado. La secuencia, tal como fue descrita, se repetía invariablemente: una extracción por Red Link y dos transferencias bancarias que, en cuestión de horas, dejaban la cuenta del jubilado con saldo en cero. Se constató que una de esas transferencias tenía como destinataria una cuenta a nombre de María Laura M. G., dato que quedó expresamente consignado en la denuncia y que actualmente forma parte de la investigación judicial. Ante esta situación, los familiares procedieron a bloquear la tarjeta de débito del residente y solicitaron una nueva para interrumpir la continuidad de los movimientos.

Presunta creación de home banking

Según el relato de la denunciante D.R., la responsable del geriátrico habría aprovechado el estado de vulnerabilidad de su padre y el control que ejercía sobre su documentación personal para crear una cuenta de home banking a nombre del anciano. De esta manera, sostiene la presentación, una vez acreditada la jubilación, el dinero era transferido hacia otras cuentas bancarias. La maniobra, de comprobarse, habría permitido la disposición de los haberes previsionales sin la necesidad de utilizar físicamente la tarjeta de débito del titular.

La investigación apunta a un patrón de conducta

En diálogo con El Litoral, D.R. sostuvo que el caso de su padre no constituiría un hecho aislado. «Muchos residentes no tenían familiares que administraran su dinero. Algunos cobraban montos muy pequeños y otros sumas importantes. Era la regente quien manejaba esas cuentas y, según creemos, las vaciaba», aseguró. La Justicia deberá determinar si existió un patrón de conducta delictiva y reconstruir, a partir de los movimientos bancarios y demás elementos de prueba, el destino final del dinero.

La causa judicial en curso no se limita únicamente a establecer las responsabilidades por las condiciones inhumanas en las que vivían los adultos mayores. También busca determinar si detrás del funcionamiento del geriátrico clandestino existía un esquema destinado a la apropiación de los ingresos previsionales de personas que, por su edad, deterioro cognitivo o situación de abandono, difícilmente pudieran controlar sus propias cuentas bancarias. El análisis de las transferencias, los registros bancarios y los dispositivos electrónicos secuestrados resultará determinante para establecer el alcance de la maniobra y si hubo más víctimas.

Las denuncias fueron previas al incendio

Un aspecto que añade complejidad a la investigación es el hecho de que, al momento del incendio que visibilizó las irregularidades, la Justicia ya poseía conocimiento de buena parte de lo que ocurría en el establecimiento. Las denuncias por presuntos malos tratos, abandono y posibles delitos patrimoniales habían sido presentadas meses antes. Sin embargo, el geriátrico continuó operativo hasta que el siniestro expuso públicamente una realidad que, para varias familias santafesinas, no era ninguna novedad.


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