El escenario de «Experiencia Idea Rosario» concentró el análisis sobre los motores productivos de Argentina, bajo la premisa de que el país cuenta con abundantes recursos naturales, pero que estos carecen de valor por sí mismos sin una estrategia activa que impulse su transformación local. Referentes de tres sectores estratégicos delinearon la realidad de sus industrias, abordando las claves operativas y de inversión que marcarán el rumbo económico. Ignacio Celorrio, executive Vice President en Lithium Argentina; Fernando Cozzi, presidente de Cargill en Argentina y Managing Director del Negocio Agrícola en Sudamérica, y Ricardo Ferreiro, presidente de Exploración y Producción de Tecpetrol, expusieron los desafíos pendientes en materia de financiamiento, presión fiscal y previsibilidad regulatoria.
Vaca muerta y el salto exportador
Para Ricardo Ferreiro, Vaca Muerta representa un recurso conocido desde hace un siglo, cuya viabilidad dependió de la llegada de tecnología específica y de condiciones macroeconómicas adecuadas. Tras un impulso histórico registrado en 2017 a partir de la Resolución 46, el sector no convencional pasó de representar apenas el 5% de la producción nacional de gas y petróleo —en un contexto de 500.000 barriles diarios y entre 100 y 110 millones de metros cúbicos diarios de gas— a constituir casi el 70% de la producción actual.
Ferreiro detalló que la producción del país se encamina a un millón de barriles diarios, alcanzando registros de gas de entre 120 y 130 millones de metros cúbicos en verano y hasta 180 millones en invierno. La eficiencia operativa traccionó esta transformación: Tecpetrol redujo los tiempos de perforación de pozos de 34 días en 2017 a solo 14 o 15 días en la actualidad. Su yacimiento insignia, Fortín de Piedra, demandó una inversión de 1.800 millones de dólares en 18 meses para pasar de cero a 15 millones de metros cúbicos de producción, y hoy abastece el 16% del consumo total de gas del país.
Sin embargo, el transporte y la infraestructura configuran nuevos cuellos de botella. Entre los proyectos en marcha figuran un gasoducto de 3.000 millones de dólares y el desarrollo petrolero «Los Toldos II», que requerirá 2.400 millones de dólares iniciales en 24 meses para alcanzar 70.000 barriles diarios. El directivo del grupo Techint advirtió que el acceso al capital determinará la velocidad de esta expansión, dado el advenimiento de inversiones masivas. Actualmente, Vaca Muerta absorbe entre 9.000 y 10.000 millones de dólares anuales, pero para cumplir la meta proyectada hacia 2030-2031 —que contempla 1,5 millones de barriles diarios, plantas de gas licuado y obras complementarias— se necesitará elevar el desembolso anual a una franja de entre 22.000 y 25.000 millones de dólares.
El agro y la tensión por la carga impositiva
Fernando Cozzi expuso las dificultades que atraviesa un sector agroindustrial afectado históricamente por una elevada presión fiscal. Si bien reconoció el valor asignado por el gobierno al rol dinamizador del agro, remarcó que cualquier reforma impositiva debe sostenerse en el tiempo para incentivar la inversión genuina y evitar la discrecionalidad en las reglas de juego.
Al comparar el desempeño regional, el ejecutivo señaló que en 2010 Argentina registró una cosecha de soja de magnitud similar a la actual, mientras que Brasil se ubicaba en torno a las 65 millones de toneladas. Desde entonces, el vecino país triplicó su producción, al tiempo que la cosecha argentina permaneció estancada debido a la inestabilidad regulatoria. Cozzi indicó que, frente a planes de expansión y a pesar de antecedentes adversos como el intento de estatización que sufrió una planta modelo en Timbúes cuatro años después de su construcción, existen anuncios para dos grandes plantas de competidores. En paralelo, Cargill proyecta inversiones logísticas por más de 1.000 millones de dólares, condicionadas a una baja de retenciones que permita recuperar la rentabilidad de la cadena.
Minería, el superciclo perdido y el ciclo del litio
Ignacio Celorrio aportó una perspectiva histórica sobre la minería metalífera, una actividad estructurada a partir de los años 90 bajo la Ley de Inversiones Mineras, cuando la producción nacional se limitaba a canteras no metalíferas en la provincia de Buenos Aires. El directivo advirtió sobre la falta de impacto económico de los recursos no explotados y repasó los costos de la inestabilidad regulatoria. Tras proyectos iniciales como Alumbrera en Catamarca y Cerro Vanguardia en Santa Cruz, Argentina quebró las reglas a partir de 2004, coincidiendo con el inicio del superciclo de commodities que se extendió hasta 2014. Como resultado, el país capturó menos del 5% de la inversión potencial de ese período, un proceso profundizado en 2014 con la eliminación de beneficios de financiamiento (project finance) y la aplicación de retenciones.
En el segmento del oro, proyectos como Veladero ilustran este potencial afectado por la falta de exploración posterior, operando en un escenario de cotizaciones que pasaron de 450 dólares la onza a 4.000 dólares. Respecto al litio, Celorrio indicó que el precio por tonelada, históricamente en 5.000 dólares, se disparó por la electromovilidad a niveles de entre 60.000 y 80.000 dólares, para luego descender a 8.000 dólares en menos de un año. No obstante, mediante inversiones de Capex previas, Argentina elevó su capacidad productiva de 35.000 toneladas a unas 170.000 toneladas anuales, proyectando una producción real de 100.000 toneladas para el corriente año. Con precios estabilizados en una banda de entre 15.000 y 25.000 dólares, empresas como Lithium planifican expansiones por 45.000 toneladas adicionales sobre una base instalada de 40.000 toneladas, consolidando la competitividad del país frente a referentes globales como Australia, Canadá y África.
