Un informe del economista Germán Rollandi advierte que la fuerte caída de la inversión y el estancamiento de los salarios reflejan las dificultades de la economía argentina para consolidar una recuperación sostenible. El análisis señala que, a pesar de un leve crecimiento interanual del PBI, la actividad muestra una tendencia a la desaceleración acompañada por un incremento de la informalidad laboral en el interior productivo y la región pampeana.
Luces amarillas en la actividad: advierten por la desaceleración del PBI y un estancamiento estructural
La economía argentina volvió a mostrar señales de desaceleración durante el segundo trimestre. Según el análisis del economista Germán Rollandi, el Producto Bruto Interno (PBI) creció 2% interanual, pero detrás de ese número aparece una dinámica diferente al observar los componentes de la actividad. Uno de los datos que genera mayor preocupación es la fuerte caída de la inversión, que retrocedió 11% frente al mismo período del año anterior.
Para el especialista, los datos reflejan que la economía todavía no logró romper una dinámica de estancamiento que se arrastra desde hace años. En ese escenario, el informe puso el foco en variables clave como la inversión, el consumo, el gasto público, la masa salarial y el empleo.
El espejismo del crecimiento interanual
El dato de expansión del 2% interanual puede mostrar, a primera vista, una evolución positiva. Sin embargo, Rollandi planteó que es necesario analizar qué ocurrió respecto del trimestre inmediatamente anterior y cómo se comportaron los distintos motores de la actividad.
En términos desestacionalizados, el PBI comenzó a replegarse. En el segundo trimestre se registraron retrocesos frente al primero en el consumo, el gasto público, la inversión y las importaciones, un comportamiento que marca un cambio en la trayectoria que venía mostrando la actividad.
«Todavía no tenemos dos trimestres como para confirmar esa famosa recesión», señaló Rollandi, aunque advirtió que las perspectivas para los próximos datos no son optimistas y que la economía muestra una clara tendencia a la desaceleración.
El punto de partida tampoco es menor. Según su análisis, la Argentina arrastra alrededor de una década y media de estancamiento y, para una economía con esa trayectoria, una expansión cercana al 2% resulta insuficiente para hablar de una recuperación sostenida. «Necesitamos una tasa de crecimiento de mínimamente un 3%» para consolidar una dinámica diferente, sostuvo.
La inversión sigue sin mostrar un cambio estructural
Uno de los ejes centrales del diagnóstico es la evolución de la inversión. El economista remarcó el retroceso del 11% interanual en el segundo trimestre y consideró que esa caída constituye una señal de alerta sobre las dificultades que enfrenta el país para cimentar un proceso de crecimiento a largo plazo.
En este marco, analizó el impacto del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Su planteo es que los anuncios vinculados con el programa no se traducen de manera inmediata en un volumen suficiente para modificar la estructura macroeconómica. Si bien los proyectos comprometen montos importantes, existe una inversión mínima para acceder al beneficio, mientras que el grueso de los desembolsos queda sujeto a decisiones posteriores.
Rollandi estimó que entre este año y el próximo las inversiones efectivas se ubicarán entre los 7.000 y los 10.000 millones de dólares, un volumen que a su entender todavía resulta exiguo para propiciar un cambio estructural. Al respecto, recordó que la formación bruta de capital fijo permanece estancada desde la salida de la convertibilidad, evidenciando la incapacidad histórica de consolidar una tendencia de expansión prolongada.
El problema de los ingresos y la masa salarial
Otro de los flancos débiles se observa en la evolución de la masa salarial, tomada como referencia en el sector privado registrado. Los ingresos laborales exhiben una trayectoria zigzagueante marcada por sucesivas caídas y recuperaciones, pero carentes de una mejora genuina y sostenida.
Tras el retroceso registrado entre 2018 y 2019, y una posterior recuperación, los ingresos volvieron a caer a comienzos de 2024. Si bien hubo un repunte transitorio apalancado por las expectativas y el acceso al crédito, durante 2025 la masa salarial se estancó y en los últimos meses retomó la senda descendente.
Para el especialista, esta merma representa un obstáculo crítico, ya que la masa salarial tracciona la demanda interna necesaria para dinamizar la actividad económica. «Si estamos mal en el gobierno de Alberto, seguimos estando mal en este gobierno», resumió al comparar ambos períodos. A su juicio, los salarios no lograron modificar su piso histórico y proyectan una nueva tendencia a la baja.
Disparidad en el mercado laboral regional
El mercado laboral también exhibe comportamientos heterogéneos según la región analizada. De acuerdo con el relevamiento, Córdoba mostró una dinámica diferente a la de Santa Fe y Buenos Aires: en Córdoba capital la tasa de empleo cayó alrededor de un punto, mientras que en el Gran Rosario el retroceso se aproximó a los dos puntos.
En Río Cuarto, en cambio, la merma no se tradujo en destrucción de puestos sino en una fuerte contracción de la tasa de actividad, explicada por un sector de la población que optó por retirarse del mercado laboral ante las nulas expectativas de inserción. Para Rollandi, esto evidencia un doble fenómeno: destrucción de empleo y desaliento en la búsqueda activa.
En una lectura geográfica más amplia, señaló que la región pampeana registró el mayor incremento de la desocupación. En paralelo, marcó un contraste entre el Gran Buenos Aires —donde la tasa de desocupación se redujo un punto en el conurbano— y la Ciudad de Buenos Aires, donde el desempleo aumentó. Estos movimientos reflejan modificaciones en la distribución de la actividad productiva y complejidades severas en el interior del país.
Informalidad, cuentapropismo y sustentabilidad previsional
Un factor alarmante señalado por el economista es la expansión de la informalidad laboral, que ubicó en torno al 45%. Lejos de tratarse únicamente de la precarización tradicional dentro del empleo registrado, el fenómeno responde al crecimiento exponencial de personas que operan por fuera del sistema formal, volcándose al reparto mediante aplicaciones y a las changas.
Este avance del cuentapropismo trae aparejado un problema colateral: la evasión de aportes previsionales. La combinación de menor empleo formal, un sistema de seguridad social desfinanciado por la falta de contribuyentes, una baja sostenida en la tasa de natalidad y el envejecimiento poblacional plantea interrogantes complejos sobre la sustentabilidad del régimen previsional en el mediano plazo.
Incertidumbre electoral y horizontes macroeconómicos
Hacia el tramo final del análisis, Rollandi advirtió sobre el impacto que la proximidad del próximo año electoral comenzará a ejercer sobre las decisiones de los agentes económicos. La postergación de inversiones y consumo ante la volatilidad política amenaza con profundizar el enfriamiento de la actividad.
«Si ya estamos frenando a faltando 9, 10, más de 1 año todavía para las elecciones, ¿qué va a pasar cuando nos acerquemos un poco más?», cuestionó.
Bajo su óptica, la estrategia oficial de priorizar la estabilidad macroeconómica para llegar competitivos a las urnas choca con el costo de un nivel de actividad cada vez más debilitado. El interrogante que permanece abierto es cuánto tiempo más podrán tolerar los hogares una coyundura de ingresos deprimidos y una economía que pierde tracción de manera sostenida.
