Radiografía del empleo: se profundiza la desigualdad en los hogares de Argentina

La desigualdad social y económica se amplió en el último año en la Argentina, según reveló el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en su informe sobre distribución del ingreso correspondiente al segundo trimestre. El relevamiento oficial expone que en los hogares de menores recursos se duplicó la carga demográfica, alcanzando a tres personas no ocupadas por cada trabajador, una brecha superior a ocho veces en comparación con el decil más alto de la pirámide.

La otra cara de la desigualdad: hogares más numerosos y menos ocupados en la base de la pirámide

En la base de la pirámide de ingresos de la Argentina no sólo se gana menos, sino que también hay muchas más personas que deben repartirse lo generado por quienes tienen una ocupación. Ese es uno de los datos centrales que revela el informe de distribución del ingreso del INDEC correspondiente al segundo trimestre de 2026, el cual permite observar la desigualdad desde un ángulo diferente al habitual.

Cuando los hogares son ordenados según su ingreso per cápita familiar, el informe detalla que, entre el 10% de menores recursos, existen 307 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas, mientras que en el mismo período de 2025 la relación era de 273. En el decil de mayores ingresos, en contrapartida, la relación cae a sólo 38 cada 100, marcando una distancia de más de ocho veces entre ambos extremos.

Esta categoría de «no ocupado» abarca a niños, jubilados, estudiantes, personas dedicadas a tareas de cuidado y otros inactivos, además de quienes no tienen trabajo y lo buscan activamente. Lo que el indicador permite dimensionar, en definitiva, es cuántas personas conviven en relación con quienes generan un ingreso laboral dentro de hogares ubicados en distintos escalones de la distribución.

Menos ocupados en hogares más numerosos

La divergencia comienza por el tamaño de los hogares. En el primer decil de ingreso per cápita viven en promedio 4,2 personas por hogar, frente a las apenas 1,8 del décimo. El propio INDEC advierte que los hogares de menores ingresos suelen tener una mayor cantidad de integrantes, motivo por el cual el 10% inferior concentra una proporción mucho mayor de la población relevada por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

En efecto, ese primer 10% de hogares contiene 4,33 millones de personas, lo que representa el 14,4% de toda la población relevada. A medida que aumenta el ingreso per cápita, la cantidad de integrantes disminuye de manera sostenida.

Además de la cuestión demográfica, la relación entre quienes trabajan y quienes no lo hacen se deterioró respecto del año pasado en el escalón inferior —pasando de 273 a 307 no ocupados por cada 100 ocupados—, mientras que en el otro extremo la relación se achicó, pasando de 48 a 38 no ocupados por cada centenar de personas con empleo.

La dependencia de ingresos no laborales

Otros datos del informe permiten afinar la lectura sobre el mercado de trabajo y los recursos de los hogares. En el primer decil hay 149 personas que no perciben ingresos propios por cada 100 que sí reciben alguno, mientras que en el último decil esa relación baja a apenas 17.

Entre 2025 y 2026, la cantidad de personas sin ingresos por cada 100 perceptores prácticamente no cambió en el primer decil —pasando de 150 a 149—, a la par que aumentó fuertemente la cantidad de no ocupados. Esta combinación sugiere que una parte de esos hogares mantiene perceptores de ingresos aunque esas entradas no provengan necesariamente de una ocupación, sino de beneficios sociales, pensiones, subsidios y otras transferencias estatales.

En el decil de menor ingreso per cápita, el 55,4% de los recursos proviene del trabajo y el 44,6% de fuentes no laborales. En el decil superior, en cambio, el trabajo explica el 80,2% del ingreso y las fuentes no laborales apenas el 19,8%, evidenciando la fuerte dependencia de los sectores vulnerables respecto de recursos ajenos al mercado laboral.

Una brecha que el coeficiente de Gini no muestra por sí solo

Esta dinámica se registra en un contexto donde el principal indicador de desigualdad no exhibió un salto abrupto. El coeficiente de Gini se ubicó en 0,428, apenas por encima del 0,424 registrado en el segundo trimestre de 2025, mientras que la brecha entre la mediana del 10% de mayores ingresos y la del 10% inferior permaneció en 13 veces: $ 1,8 millón contra $ 134.000 de ingreso per cápita familiar.

Sin embargo, focalizar exclusivamente en esos indicadores deja fuera aspectos estructurales clave. La desigualdad también se expresa en el tamaño familiar, en la cantidad de personas que dependen de cada núcleo de ocupados y en las dificultades para que más de un integrante acceda a un puesto de trabajo.

En el promedio de los 31 aglomerados urbanos, el INDEC contabilizó 122 personas no ocupadas cada 100 ocupadas. El primer decil más que duplica ese promedio, mientras que el último representa menos de un tercio.

Esta distancia se produce sobre un mercado laboral que durante el segundo trimestre mostró claras señales de deterioro: la informalidad llegó al entorno del 45%, el desempleo alcanzó el 7,9% y aumentó la participación de ocupaciones de menor calidad. En este escenario, el informe de distribución de ingresos muestra que, entre los asalariados, quienes tenían descuento jubilatorio cobraron en promedio $ 1.433.794, frente a los $ 706.204 percibidos por quienes carecían de dicha cobertura.

La dimensión familiar de la pobreza

El cruce de estas variables resulta especialmente relevante al analizar los índices sociales: durante el primer semestre, el 32,3% de la población quedó por debajo de la línea de pobreza, pero la incidencia entre los menores de 14 años trepó al 44,5%.

Si bien no se trata de los mismos universos estadísticos ni corresponde establecer una causalidad directa lineal, el informe de distribución permite dimensionar parte de esa complejidad. Los hogares con menor ingreso per cápita son más grandes y cuentan proporcionalmente con muchas menos personas ocupadas, lo que obliga a que el ingreso generado por el trabajo deba distribuirse entre una mayor cantidad de integrantes y explica el peso preponderante que adquieren las transferencias y jubilaciones en la base de la pirámide.


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