El etanol en el tanque que ahorra en el costo de la nafta argentina

Ante la discusión en el Congreso de una nueva ley de biocombustibles que propone elevar el corte de naftas del 12% al 15%, la Asociación de Maíz y Sorgo de la Argentina (Maizar) advirtió sobre la urgencia de incrementar la industrialización local en origen para revertir el retraso frente a potencias como Estados Unidos y Brasil. Durante su exposición en la Cámara de Diputados, el presidente de la entidad, Federico Zerboni, señaló que el país procesa apenas el 30% de sus granos, una cifra que frena la creación de empleo y valor agregado en las economías regionales del Litoral y del interior productivo.

Claves sobre la industrialización del maíz y su impacto en el Litoral

La nafta súper (Grado 2) posee un mínimo de 95 octanos (RON 95) y resulta adecuada para la gran mayoría de los automóviles y motocicletas convencionales que circulan en el país, lo que evita la necesidad de cargar nafta premium de 98 octanos. Sin embargo, en ambos casos, la calidad del combustible se define mediante el uso de derivados del maíz.

Al respecto, el presidente de la Asociación de Maíz y Sorgo de la Argentina (Maizar), ingeniero Federico Zerboni, remarcó ante la comisión de Energía y Combustibles de la Cámara de Diputados de la Nación que la nafta proveniente del petróleo cuenta con solo 85 octanos, mientras que el etanol alcanza los 115 de octanaje. Por este motivo, señaló que las naftas premium se logran a través de la mezcla con etanol, una necesidad actual para mejorar la calidad y la sustentabilidad ambiental.

Las declaraciones se enmarcan en el debate por la nueva ley del sector aprobada por el Senado el 17 de septiembre, una norma que propone elevar del 12% al 15% el componente de etanol en los combustibles comercializados en las estaciones de servicio del país. El texto legal establece un cupo reservado del 6% para el volumen de etanol proveniente de la caña de azúcar y otro 6% para el elaborado a base de maíz, mientras que el 3% restante quedará abierto a la competencia entre distintas materias primas, como la biomasa forestal o insumos lignocelulósicos de segunda generación.

La urgencia de transformar en origen

Durante su exposición con la mirada puesta en el desarrollo de las provincias del Litoral y del interior profundo, el titular de Maizar advirtió sobre el peso logístico en la rentabilidad agropecuaria: «Si el maíz no se transforma en origen, el flete se come la renta». De este modo, abordó una problemática recurrente para los productores alejados de la cuenca portuaria del Gran Rosario, donde el costo del transporte anula los márgenes si el grano se comercializa sin procesar.

En este sentido, explicó que a una determinada distancia de los puertos el cultivo deja de ser rentable, por lo que existe una imperiosa necesidad de transformarlo en biocombustibles y en proteína animal, ya sea mediante la producción de cerdos o pollos. Dicho valor agregado permite duplicar la renta en muchos casos y viabiliza la producción.

Para graficar el contraste estructural entre la Argentina y sus principales competidores globales en el mercado maicero, Zerboni expuso los siguientes datos comparativos:

  • Estados Unidos: transforma el 85% de su producción en su propio territorio, exporta únicamente el 15% en granos y destina el 40% de su cosecha total a la producción de bioetanol.
  • Brasil: procesa localmente el 80% de su maíz, exporta el 20% y destina más del 20% de su cosecha a la industria del etanol.
  • Argentina: invierte la ecuación al transformar apenas el 30% de su producción total, industrializar para bioetanol entre el 2% y el 3%, y exportar el 70% como grano crudo.

«La idea de la cadena de maíz es duplicar la producción para exportar más, pero también transformarlo porque es lo que genera agregado y trabajo», enfatizó el dirigente, al subrayar que la industrialización en origen resulta determinante para generar arraigo territorial y frenar la migración rural hacia los grandes centros urbanos.

El modelo de economía circular y el caso Mato Grosso

El directivo señaló además que el bioetanol no debe analizarse únicamente bajo una óptica energética, sino por su impacto en la economía circular agropecuaria. La molienda de maíz genera burlanda, un subproducto húmedo de destilería que funciona como un insumo nutricional clave para la alimentación de ganado en las cercanías de las plantas de procesamiento, fomentando el desarrollo de clústeres lecheros y cárnicos. Asimismo, advirtió que en las zonas alejadas de la Pampa Húmeda la falta de alternativas impulsa el monocultivo y la «sojización».

Como ejemplo de desarrollo regional, Zerboni expuso el caso del estado de Mato Grosso en Brasil, situado a 2.000 kilómetros de los puertos marítimos. Detalló que hace dos décadas esa región registraba el producto bruto interno (PBI) per cápita más bajo del vecino país, pero mediante un ordenamiento territorial con reglas claras y seguridad jurídica articulado entre los sectores público y privado, logró posicionarse en la actualidad con el PBI per cápita más alto de Brasil.

Actualmente, Mato Grosso produce mayor volumen de soja, maíz y algodón que la Argentina en su conjunto, transformando localidades que contaban con 20.000 habitantes en urbes industriales de más de 200.000 pobladores con elevados niveles de bienestar económico.


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