El 27 de febrero de 1972 Osvaldo Soriano escribe un notable  artículo para el diario La Opinión, sobre el caso Robledo Puch, quien hasta el día de hoy es considerado uno de los mayores asesinos seriales de la criminología de Argentina. El artículo se puede leer en el libro Artistas, locos y criminales y termina con la siguiente reflexión: “Sea como fuere, Robledo Puch desnuda la apetencia arribista de algunos jóvenes cuyos únicos valores son los símbolos del éxito: ‘Un joven de veinte años no puede vivir sin plata y sin coche’, ha dicho el acusado. Él tuvo lo que buscaba: dinero, auto y vértigo; para eso tuvo que matar una y otra vez, entrar en un torbellino que lo envolvió hasta devorarlo”.

Con las líneas citadas, Soriano describe casi de forma profética un malestar cultural que acentuó a lo largo de las décadas el modelo económico del neoliberalismo, con sus políticas de concentración de las riquezas y achicamiento del Estado. La literatura muchas veces cumple con la función de dar testimonio de su tiempo, dejando un mensaje claro, sin tapujos, agrietando las barreras que separan la realidad de la ficción. La novela  “Yo quiero ser sicario. Una escuela sitiada por los narcos” de Eduardo Marostica cumple con creces esta labor testigo. El mensaje es claro, Rosario que parece haber encontrado una fecha fundacional para celebrar su tricentenario de existencia, ha perdido su idiosincrasia obrera, para convertirse en la ciudad del sicariato. Rosario es la ciudad donde el tejido social de los barrios se erosionó a lo largo de los últimos veinte años, mientras comenzó a abrazar la belleza de su Río Paraná y la construcción de la imponente costanera.

Eduardo Marostica  presenta una historia que es familiar para los rosarinos, y sin apartarse de la ficción, cobra tintes de crónica policial; porque la ciudad se desangra en sus barrios, bajo las construcciones de estados paralelos con lógicas seudo paternalistas, donde el líder narco impone su ley de hierro. Con conocimiento de causa, avalados por su experiencia en el trabajo de campo, el autor desnuda el desgaste y ruptura del tejido social, a causa del crecimiento de las organizaciones narcocriminales, que sumergen al joven al imaginario que describe Soriano en Puch. “Profe, quiero ser sicario”, parece ser el medio para llegar a un lugar de época, donde la vida pierde su esencia, en pro del imperativo social contemporáneo regido por la prosperidad: “Tanto sos, si tanto tenés”, sin importar el medio que justifique el fin.

El mundo que desnuda el autor es el de jóvenes devorados, de miradas perdidas, en busca del arribo a un lugar que no les pertenece. Es el mundo de instituciones que se desangran y pierden sus roles históricos. Contratos sociales que se rompen. La radiografía de la ciudad que el autor pone sobre la mesa del lector, es de una textura escénica que se construye desde el paradigma de la complejidad. Una historia que vale como testimonio.

Quizás la literatura rosarina comienza a drenar un dolor social, por medio de sus obras, como ya lo demostró el año pasado Maira Rosso con los cuentos reunidos en el libro Invisible. Quizás la literatura reconstruye algo del pacto social resquebrajado. Porque ante la abundancia de lo siniestro, el uso del lenguaje es una labor humanitaria, y una función ética que Eduardo Marostica aceptó cumplir. La denuncia es clara. Solo un acercamiento del Estado a los estratos sociales y comunidades de base podrán inscribir nuevas lógicas, nuevos contratos sociales donde las palabras de Robledo Puch sean obsoletas. Mientras tanto, parecen más vigentes que nunca.

Sinopsis

Yo quiero ser sicario, una escuela sitiada por los narcos, es una historia basada en hechos reales. Tras el asesinato del líder de una banda narco, un barrio se transforma, se convulsiona. El crimen origina una disputa territorial entre la familia y los perpetradores de su asesinato, una guerra que se llevará puesta a la escuela donde trabaja el profesor Pablo Ronzina.

Lucía Arroyo es directora de la escuela del barrio Santa Bárbara, en el otro extremo de la ciudad de Rosario y sabe que uno de los jefes narcos que se ha escapado de la cárcel, opera desde la clandestinidad a la vuelta del establecimiento. Las noticias oficiales aseguran que la policía, que está instalada en su barrio, no puede dar con su paradero, lo que genera serias sospechas sobre la complicidad con los uniformados.

Luna y Santiago son dos adolescentes que intentan sobrevivir ante los embates del narcodelito que los tratan de cooptar. Ambos buscan apoyarse afectivamente en Pablo y  Lucía a quienes tienen como fuertes referentes que los protege de las garras de las mafias que se han ramificado en las aulas y en cada rincón del barrio.

Sobre el autor

Eduardo Marostica es psicólogo (UNR), especialista en docencia universitaria (UTN), capacitador en género y diversidad y docente universitario.

Premios: ganó el concurso de poesía “Luigi Pirandello” (1991) organizado por el periódico Giornale Latino de la ciudad de Las Rosas.

Entre sus obras publicadas se encuentra: “Cuánto Amor” (2012), historia de una familia rosarina dividida por las antinomias de la Argentina de los años 60  y 70, unida a partir de la tragedia de uno de sus integrantes en los tiempos de la última dictadura militar; “El viaje de Camila y otros relatos” (2020), declarada de interés municipal y provincial por el Concejo Municipal de Rosario, y la Cámara de Diputados de Santa Fe, por su abordaje de la problemática ESI en su contenido; “En el ojo de la Tormenta» (2022) donde aborda la problemática de la construcción de las masculinidades, declarada de interés por el Concejo Municipal de Rosario y la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe; “Los Príncipes Azules Destiñen, Supervivencia Masculina en tiempos de deconstrucción” (2023), donde profundiza los tópicos acerca de la masculinidad y el ser; “Yo quiero ser sicario. Una escuela sitiada por los narcos” (2025), una historia que muestra cómo, envueltos por las redes del narco delito y una ciudad signada por la violencia cotidiana, los personajes tratan de escaparse de ese horror apelando al amor, la confianza y al cuidado del otro.

Desde el año 2020 Eduardo Marostica dirige el programa “Cecilia Grierson” de Políticas de Género de FAGDUT. En 2022, impulsó y coordinó la escuela de género “Micaela García”, proyecto seleccionado por la convocatoria “Macachas y Remedios” del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación. Es docente titular en la UTN FRRo. También es terapeuta con orientación en género y diversidad. Capacitador en ESI y masculinidades.

Publica relatos literarios y artículos sobre género, masculinidades y crianza, en sus redes sociales y a través de diferentes medios locales, regionales y nacionales.

Datos del libro

Título:Yo quiero ser sicario, una escuela sitiada por los narcos

Autor: Eduardo Marostica

Editorial: Europa Ediciones (Madrid)

Páginas: 275


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