Un manga argentino que juega con los límites entre lo real y lo imaginario
En “Pequeñas muertes” el artista conocido como Manzxja adopta el estilo del cómic japonés para ofrecernos dos relatos de terror psicológico cargados de tensión. Credit: Gentileza.

Mediados de año suele ser una buena época en cuanto a lanzamientos, sobre todo provenientes de editoriales pequeñas y autogestivas, por la inminente llegada de, quizás, la convención de historietas más popular de Sudamérica: Crack Bang Boom.

El evento permite el desfile de un numeroso grupo de amantes de la temática, siempre ávidos de adquirir, hasta donde el bolsillo les permita, novedades que incluso pueden ser firmadas por los propios autores en el lugar.

Teniendo en cuenta este panorama, es que el sello Pi Ediciones ha lanzado “Pequeñas muertes”, una obra que además se destaca por ser el puntapié inicial de una nueva colección, dedicada al manga de autoría local, llamada “Punto rojo”. 

En “Pequeñas muertes” el artista conocido como Manzxja adopta el estilo del cómic japonés para ofrecernos dos relatos de terror psicológico cargados de tensión, que pretenden contar el proceso y el dolor de enfrentar una fobia.

La sinopsis del tomo reza lo siguiente: “Una joven intentará salir de su departamento, pero una inesperada plaga de insectos le bloquea su paso. A pesar de pedir ayuda, nadie puede encontrarla y su única escapatoria será enfrentar sus temores”.

“Pequeñas muertes” concluyó hace apenas unos días su etapa de preventa y puede adquirirse en comiquerías y librerías especializadas; así como mediante contacto directo con la editorial a través de su sitio web: https://pi-ediciones.com.ar/

La edición

“Pequeñas muertes” se presenta con una edición modesta, de tapa blanda, con un tamaño de 14,5 x 21 cm y un total de 61 páginas.

Como mencionamos párrafos más arriba, estamos frente a un trabajo que inaugura un nuevo apartado de la editorial: la colección “Punto rojo”, orientada al manga nacional.

 “Hace más de dos décadas comenzaba la invasión de la historieta japonesa a nuestras tierras, primero con ediciones españolas y luego con las primeras ediciones de licencias por editoriales argentinas. Desde entonces, la novedosa cultura otaku se apoderó y arrasó con el interés de los lectores locales y de todo el mundo.

Es innegable la influencia que este estilo narrativo tiene sobre los autores en gestación de nuestro país. Desde Pi Ediciones queremos crear un espacio donde esta nueva camada de creadores tenga un lugar de visibilidad.

«Pequeñas Muertes» significa la primera apertura a esta ventana que busca presentar las creaciones del talento joven local.

Esta colección estará inspirada en los formatos tradicionales de las ediciones niponas, intentando incluir los toques originales de factoría propia”, apuntan desde el sello.

Este primer lanzamiento se constituye, además, en la ópera prima de Manzxja, autor dueño de un sello de identidad e impronta más que llamativas, y a quien habíamos visto brillar previamente en la faz gráfica de la historia “Arriba” que formó parte de la antología “Habitantes” de Noir Ediciones. Allí demostraba sus buenas facultades en el manejo de luces y sombras, así como en el uso de planos, secuencias y perspectivas. Se trata de un “artista capaz de crear ambientes de gran tensión para que sus historias transcurran entre los límites de lo real y lo imaginario”. Aquí ofrece un trabajo integral, oficiando tanto de guionista como de dibujante.

 “Pequeñas muertes” alimenta, mediante su portada a color a cargo del propio Manzxja, la curiosidad de los lectores. En ella podemos apreciar la cara de espanto de la protagonista del tomo, quien observa y teme por eso que desconocemos. El miedo encuentra respuestas en aquello que no podemos ver, pero sí sospechar. 

La obra se divide en dos relatos – en líneas generales, atrapantes y llenos de vértigo – cargados de una imaginería perturbadora y sofocante.

El primero de ellos es, sin dudas, el que reviste mayor importancia, no solo por su extensión – cerca de cuarenta páginas – sino porque es el que da nombre al tomo. “Pequeñas muertes” abre el telón con una joven viendo, a través de sus cortinas, una gigantesca cantidad de insectos que parecen esperarla en el exterior. También la acechan desde la puerta de su diminuto departamento y desde cada orificio de ese lugar. La muchacha – de la que nunca sabemos el nombre – tapa cualquier tipo de abertura por donde podrían ingresar: mirillas, piletas, desagües. Pero consiguen hacerlo, y cada vez en mayores cantidades.

Manzxja trabaja a la perfección la sensibilidad y psicología del personaje. Construye un clima que escala sostenidamente en tensión y que se destaca, ante todo, por la sensación de encierro, soledad y asfixia que imprime el autor y que traspasa las páginas. Juega con el concepto de fobia, y lo importante es que lo hace explotando el temor hacia algo tan común como un insecto. Una historia genuina que le permite desplegar su talento gráfico tanto en viñetas pequeñas como en páginas completas. 

La segunda de las historias es “Mariposa”, que funciona como una suerte de extensión o epílogo de la historia original. Es un trabajo del mismo nivel visual que, si bien se presta a la libre interpretación, tiene como móvil principal exponer los sentimientos y la forma en que las fobias afectan significativamente la calidad de vida de una persona. Sobrevuela la mirada del otro, como uno nutre y construye sus miedos y la idea de obsesión.

“Pequeñas Muertes, creo que es mi mejor trabajo y posiblemente lo sea durante mucho tiempo. Nunca había hecho algo de este estilo antes, ni siquiera pensaba que podía dibujar de esa manera. El proceso fue muy interesante; aunque buscar las referencias para los insectos fue una verdadera tortura. Si no les perdí el miedo después de eso, no lo voy a perder con nada”, sostiene el dibujante.

Con una narrativa sutil y visualmente potente, “Pequeñas muertes” evita el sobresalto fácil y propone un terror que incomoda desde lo emocional; brindando una experiencia que perdura más allá de la última página. Manzxja no solo debuta como autor integral, sino que también aporta una voz singular dentro del panorama del manga nacional. Su obra, cargada de atmósferas inquietantes y un tratamiento íntimo del miedo, inaugura un espacio necesario para nuevas miradas dentro del género. La colección “Punto rojo” se perfila así como un semillero prometedor para creadores que, como él, apuestan a narrativas personales, intensas y profundamente visuales.

Más del autor en: https://.carrd.co


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