La resultante de la primera Clínica de Triatlón desarrollada en Paraná superó las expectativas y supone una semilla que rápidamente asoma sus primeros brotes.
Los participantes coincidieron en sensaciones experimentadas y conciencia sobre cómo dar el siguiente paso, tomando la instancia formativa como punto de partida para impulsar esta prueba combinada. Así, en los intervalos de los módulos de la capacitación comentaron la necesidad de conectar voluntades y, espontáneamente, concluyeron que debían ser los artífices de su evolución.
De ese modo, antes de concluir la reunión ya resolvieron constituirse como grupo de entrenamiento y planean crear una escuela de triatlón que instruya a nuevos interesados y sea la plataforma del salto cualitativo de quienes ya lo practican.
La iniciativa coincide con el proyecto del Paraná Rowing Club (PRC) de sumar disciplinas deportivas a su estructura y de una organización no gubernamental que impulsa la concientización de derechos a través de actividades deportivas.
GESTADO EN LA AMISTAD
El disparador de esta sinergia fue el reencuentro de triatletas protagonistas de competencias desde hace unas tres décadas, quienes decidieron compartir su momento con practicantes e interesados.
En diálogo con el paranaense Marcelo Bupo, referente del triatlón entrerriano, el rosarino Carlos Quintana se ofreció a viajar a la capital entrerriana para para desarrollar una clínica gratuita, exponiendo sus conocimientos y experiencia. El licenciado en Educación Física y especialista en Prácticas Deportivas y Alto Rendimiento sumó a su hijo Matías –protagonista de carreras de Élite–, en tanto que otro local, Carlos Granero, potenció la idea desde su trayectoria en las pruebas combinadas y su rol de docente de triatlón.
El resto lo aportaron la dirigencia del PRC, que puso a disposición sus instalaciones, y deportistas de Paraná y zona con ansias de superación.
Así, el nombre de la clínica (Uniendo Puentes – Cruzando el Túnel) simbolizó la concurrencia desde la orilla occidental del Paraná y el cronograma se dispuso para satisfacer la demanda de aspectos relacionados con la planificación, organización y entrenamiento mediante sesiones teóricas y prácticas.
El trabajo avanzó desde el aula al río y las calles, para concluir en la pileta. Los participantes evidenciaron claros progresos, a la par de reforzar la comprensión de comandar su propio destino.
LA CHISPA INICIAL
Al compartir sus sensaciones, uno de los impulsores, Carlos Granero, consideró que la realización de la clínica fue “muy gratificante”. “Fue un éxito muy grande, porque tuvimos dos jornadas de tres horas cada una, y llegamos a más de 10 horas trabajando las partes teórica y práctica”, dijo a Mirador Entre Ríos.
Al describir los momentos, el destacado en triatlón (y también en duatlón y acuatlón), enumeró: “Arrancamos tratando todo lo referente a la fisioterapia y cuestiones de entrenamiento. El segundo día lo dividimos en natación en aguas abiertas –donde nos enfocamos en la orientación y en otras herramientas de utilidad–, y transiciones, practicando los comportamientos en pelotones en ciclismo y el pedestrismo en la costanera; en el siguiente turno entrenamos la técnica de natación en piscina”.
Todo transcurrió en ámbitos seguros y fue notoria la evolución en todos los participantes, reforzando el plan. “La idea es continuar con otra clínica y después, Dios quiera, podamos armar una escuela de triatlón en el club, no solo para que evolucionen quienes ya realizan este deporte, sino también para los que se están sumando e incluso incentivar a la inclusión de los chicos. Hay pruebas importantes en la provincia y contamos con un río espectacular y único, y lugares propicios para desarrollar el ciclismo y el pedestrismo”, consideró Granero.
EN HERMANDAD
Al finalizar la tarea, el triatleta y entrenador Carlos Quintana expuso el valor que impulsó la iniciativa: “Vine porque quiero devolverle al triatlón todo lo que me dio, resumido en la amistad y en grupos de trabajo hermanados con un foco en común. Buscamos que cada uno mejore en su forma de expresarse en el deporte, gestionando y gobernando su desempeño motriz. La fórmula está en cada uno de ellos”.
Entusiasmado por la respuesta de los intervinientes, continuó: “Ya armamos un grupo y se habló de entrenar, de armar una escuela de triatlón, de poner en marcha un proyecto de detección, formación y desarrollo de deportistas. Está todo activado con las personas que nos posibilitarán eso”.
Recordando las épocas del Circuito Entrerriano en las que era protagonista, aun resignando tiempos clave de recuperación, dio su definición de este deporte: “El triatlón es pasión, juego y disfrute. “Yo trabajaba en dos lugares, cumplía con las tareas del hogar y, cuando debía descansar, entrenaba. No salía primero del agua, pero en bicicleta no me tumbaban ni siquiera quienes tenían mejores condiciones de desarrollo”, remató con una sonrisa.

